Por Luis LarraínEl equipo de Kast

Se acerca la fecha en que el presidente electo José Antonio Kast informaría acerca de integrantes de su gabinete ministerial, paso inicial para que se empiecen a configurar los equipos de gobierno. Un equipo cohesionado, capaz y comprometido es fundamental para satisfacer las grandes expectativas de la población por un gobierno de emergencia, que aborde la solución de los problemas más acuciantes que viven los chilenos: la criminalidad y la falta de empleos y actividad económica.
Se han deslizado nombres y crece la ansiedad en algunos. Las tradicionales prácticas de cuoteo político tienen a muchos sacando cuentas. Creo poder aportar algo desde la experiencia de muchos años y ministerios, y mi apuesta sería por un gabinete distinto.
El gabinete de Kast sería, a mi juicio, profundamente marcado por la impronta que él le ha conferido a su candidatura. No será en ese sentido un gabinete de figuras fulgurantes de diversas proveniencias, sino de personas muy capaces, dedicadas y comprometidas con el programa de gobierno. Más que cuoteo tendremos distintas sensibilidades, pero todas ellas de gran confianza personal de Kast, de modo que actúen como un equipo para lograr objetivos de gobierno, no de su partido ni de una Pyme política.
Me explico: la dinámica de varios gabinetes y equipos de gobierno de distintos signos ha sido que, especialmente en cargos regionales, actúan verdaderas Pymes políticas, donde el diputado o senador local propone a una persona de su confianza que es nombrado Seremi o jefe regional de un Servicio. Su fidelidad es al parlamentario más que al gobierno y sus autoridades o incluso al partido, pues considera que a él le debe el cargo. Lo retribuye entonces con apoyo en instancias partidarias y colabora con su lucimiento frente a sus electores, lo que felizmente termina en una reelección.
Un gobierno de emergencia debe romper este circuito de Pymes políticas, que le hace daño a los partidos y ha desprestigiado la actividad, porque ésta debiera atender los graves problemas que tienen los ciudadanos, que poco se relacionan con las prioridades de los políticos.
Cobra importancia entonces Desafío 90, el plan que dirige Bernardo Fontaine, con acciones a ejecutarse en los primeros 90 días de gobierno, vía proyectos de ley y reglamentos, dictámenes, guías ambientales y normas de uso de suelo. Ellas permitirán avances instantáneos en el combate al crimen y en la facilitación productiva que el país requiere.
Más adelante habrá tiempo para reducir gastos innecesarios y burocracia, y poner en práctica el robusto programa de Kast con un equipo comprometido. Lo que ha funcionado antes en Chile es un ministro del Interior que dirija el equipo político y uno de Hacienda el equipo económico, actuando ambos de consuno. Y a no confundir este primer gabinete con prematuras sucesiones presidenciales.
Por Luis Larraín, presidente del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo
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