Por Camilo FeresEl Presidente, la oficina y el Presidente electo

El despliegue de José Antonio Kast como Presidente electo ha sido bastante pulcro. Salvo algunos episodios para el olvido, como la visita a Argentina, el equipo del republicano ha logrado una armonía comunicacional que en política suele costar muchos meses equilibrar: incidencia en agenda con control de cuña.
La personalidad y el entusiasmo de la figura principal suele jugar en contra de los diseños comunicacionales y dependiendo de si se trata de lo primero o de lo segundo, el dolor de cabeza para los equipos dura semanas, meses o incluso años.
Hay figuras, como Sebastián Piñera o Gabriel Boric, que consideran que pueden hablar de todo, en todo momento y en todo lugar, mientras que otras, como Michelle Bachelet, son más dúctiles en cuanto a ceñirse a un libreto, son capaces de sostenerlo por más tiempo y reducen significativamente los riesgos a espacios en los que se “sueltan” y terminan por regalar esa cuña enjundiosa que los medios sabrán hacer brillar.
José Antonio Kast parece estar en este segundo grupo. Tanto en su campaña como en su período de transición ha cuidado con celo los espacios, foros o entrevistas que concede y son contadas las veces que se ha salido del libreto (en muchas de ellas se ha abierto un flanco). Como Presidente electo la disciplina ha continuado y, protegido por la oficina del presidente electo (OPE), Kast ha logrado colocar un tema cada día, manejando las expectativas, pero evitando la sobreexposición y los espacios abiertos.
El diseño claramente funciona y su efecto concreto, además del control de agenda, es la instalación de un gobierno que, aunque no está en funciones aún, ya está trabajando. Que, aunque reconoce explícitamente que no tiene facultades para conducir la política exterior, opina, incide y proyecta como será la suya; que, aunque no tiene gabinete en ejercicio, ya tiene comunicaciones semiformales que instalan (y sondean) algunos nombres. Con esto, ya puede comenzar a producir efectos en el entorno sin todavía firmar ni medio decreto.
La contracara de esta alquimia es que se basa en la comparación. Al instalar una tensión con el gobierno actual (graficada en la cuenta regresiva que encabeza la página oficial de la OPE), instala también un diálogo entre sus dos figuras principales: Kast/Boric. De esta forma, todo lo que dice Kast encuentra un contrapunto en Boric y viceversa. Las expectativas que se siembran desde la OPE siguen ese mismo guion, por lo que desplazan la comparación en el tiempo y podrían servir de plataforma para que el actual mandatario mantenga una existencia en sordina aupada por quienes llegarán a desalojarlo.
Esta imagen de persiana de dos caras, en la que mientras se cierra una aparece la otra, se grafica también en otro fenómeno de estos días: aunque Kast no es aún Presidente, habla cada día más como si lo fuera mientras que Boric, que no ha dejado todavía el cargo, se conduce cada día más como candidato. Como en las serie de Netflix, en el último capítulo se pueden intuir, mutatis mutandis, las escenas de la siguiente temporada.
Por Camilo Feres, director de Asuntos Sociales y Políticos de Azerta
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