Opinión

El vacío

El acuerdo de esta semana entre el Partido de la Gente y el gobierno para avanzar en el Plan de Reconstrucción Nacional no solo demostró la capacidad negociadora de la colectividad, y especialmente de Franco Parisi, sino también el complicado lugar en que ha quedado (o decidido quedar) el resto de la oposición. Mientras el líder del PDG aparece fijando condiciones que luego puede presentar como mejoras a la iniciativa del Ejecutivo, la izquierda en cambio se muestra en una actitud obstruccionista, ofuscada, más preocupada de negarle todo a su adversario, que de defender principios supuestamente caros para ella. Tal vez la izquierda se sienta más cómoda con la bandera que ha convertido en su leitmotiv el último tiempo: con la ultra no se negocia, no importa a qué se renuncie en el camino.

El problema reside en que su bandera ha sido poco eficaz, no solo porque el actual gobierno no parece calzar en ella, sino sobre todo porque difícilmente se puede construir un proyecto político desde la mera denuncia. Y la izquierda por el momento solo logra moverse en ese registro. Eso quedó particularmente claro esta semana: debatiéndose entre amenazas vagas de acudir al Tribunal Constitucional para trabar por canales no deliberativos el proyecto del gobierno, y una apuesta comunicacional que busca acusarlo de solo beneficiar a los ricos. Es una triste deriva del conglomerado que se esperaría ayudara a la gobernabilidad del país, pero que termina sumido en consignas fáciles y en recursos impostados. Porque conviene recordar que el TC fue tildado por la propia oposición de ser una “tercera cámara” que clausuraba el debate democrático, y ahora acuden preocupados ante ella. Poco importa la pregunta por la consistencia, a ella se renunció hace tiempo, y en medio de la parálisis, estas dos estrategias son una suerte de inercia que les permite mostrar que tienen aparentemente algo que ofrecer. Pero es una fachada; lo que hay en realidad es vacío.

Todo esto esconde una paradoja. Algunos alertan al gobierno de los riesgos efectivos de estar negociando con Parisi y el PDG, que juegan a la impredecibilidad, y que han demostrado moverse por una lógica transaccional que puede ser muy dañina. No les falta razón. Sin embargo, es la oposición la más tensionada por ese acuerdo, pues quien supuestamente encarna la peor versión de nuestra política –aquello a lo que nadie quiere parecerse– termina mostrándose como el colaborador que dialoga en las instancias adecuadas para ello. Y que, de paso, se preocupa por la ciudadanía: la devolución del impuesto en medicamentos y pañales podrá acusarse de “cosista” por algunos, pero se trata de bienes que afectan diaria y significativamente el bolsillo de las grandes mayorías. Y así lo formuló el propio Parisi: “el gobierno escuchó al PDG porque nosotros pensamos en la clase media”. La izquierda pelea con el gobierno, sumida en la autorreferencia, mientras Parisi negocia para proteger a quienes se sienten olvidados. Ese es el cuadro final al que empujan las cosas y el resto de la oposición no parece (o no quiere) advertirlo.

Por Josefina Araos, investigadora del IES.

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