Opinión

En boca cerrada…

Sebastián Piñera

En junio de este año, el Presidente de la República celebraba las promisorias cifras del Imacec, expresando que "después de cuatro años de crecimiento muy debilitado, muy anémico, la economía chilena está comenzando a dar signos de recuperación, de fuerza, de vitalidad". De igual forma, agregaba ese mismo día, que aquello significaría más y mejores empleos, como también mejores salarios. En efecto, el tema de revitalizar nuestra economía y generar nuevos puestos de trabajo no sólo había sido una promesa de la campaña, sino que se constituyó en la principal razón que permitió a la derecha volver de manera tan contundente al poder. Se venían los "Tiempos Mejores".

Sin embargo, si hay algo que hemos aprendido de la política, es que muchas veces, peor que un adversario, es tener que lidiar con un aliado frustrado o desencantado. En efecto, las arengas que tantas expectativas generan en campañas, en ocasiones se pagan a un altísimo precio cuando los ciudadanos deciden que es el momento de cumplir. No es extraño, entonces, que la aprobación de Piñera se derrumbara de 54% a 43%, mientras la desaprobación aumentara de 35% a 44%, según la encuesta Criteria. Y por eso que también fue un balde de agua fría la última cifra que conocimos del Imacec, donde la economía mostró el peor desempeño de todo el año. Pero como no es un indicador aislado, la situación se hace todavía más preocupante. Hace pocos días el Instituto Nacional de Estadísticas mostró que el desempleo aumentaba por quinto mes consecutivo, alcanzando un 7,3% a nivel nacional, lo que equivale al peor registro de los últimos siete años.

Fue Aristóteles el que sentenció que el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de su silencio, algo así como afirmar que nunca hay que perder la oportunidad de quedarse callado; cuestión que me imagino le pesa al Presidente que, cuando el desempleo en el gobierno de Bachelet alcanzó el 6,6% -cifra menor a la actual- se despachó la siguiente joyita: "La Nueva Mayoría debería desaparecer (…) cuando tenemos tasas de desempleo tan altas como la de hoy, los trabajadores viven permanentemente con miedo".

La paradoja es que ese miedo que movilizó a una parte de la derecha y sus votantes, y que tuvo su expresión más caricaturesca en el concepto de "Chilezuela", podría hoy volcarse contra sus propios ingeniosos promotores; los que incapaces de dar cumplimiento a lo prometido y a las expectativas generadas, comienzan a enfrentar la impaciencia de muchos ciudadanos que no sólo constatan que la situación no ha mejorado, sino que personalmente enfrentan la incertidumbre frente al encarecimiento de la vida, la dificultad para conseguir o mantener el trabajo, y la falta de mayores oportunidades.

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