Opinión

Equivocada actitud ante visita de Jair Bolsonaro


“En la reunión con el Presidente de Brasil, no vamos a participar”, informó el martes el recién asumido presidente del Senado, Jaime Quintana. El parlamentario aseguró que, si bien ese día le corresponde estar en su región, “también hay una decisión política”. En la misma línea, el vicepresidente de la corporación, Alfonso de Urresti, aseguró que no participará del almuerzo al que fue invitado por La Moneda, por considerar que “el Presidente Bolsonaro es un peligro para la democracia y para la región”, y agregó que se trata de “un ultraderechista que puede provocar mucho daño”. Al igual que Quintana y De Urresti, los miembros de la recién asumida mesa de la Cámara de Diputados, presidida por Iván Flores e integrada por Loreto Carvajal y Pepe Auth, también desistieron de aceptar una eventual invitación, que aseguraron, a esas alturas, aún no recibían. “No voy a ir al almuerzo con Bolsonaro, porque no comparto las apreciaciones que ha hecho en sus discursos, que son xenófobos”, sostuvo el diputado Flores.

Si bien es cierto que no se trata de una visita de Estado -que sí obligaría a los titulares de ambas cámaras a asistir-, sino de un viaje oficial del Mandatario brasileño, la decisión de los presidentes del Senado y de la Cámara termina igualmente afectando la dignidad republicana de los cargos que ostentan, al subordinarlos a consideraciones personales. Los parlamentarios gozan de pleno derecho a tener su propia opinión sobre el Presidente de Brasil, pero en su calidad de titulares de las cámaras que conforman el Poder Legislativo, tienen también una responsabilidad institucional, que va más allá de sus posturas políticas. Bolsonaro fue elegido Presidente de Brasil con el voto de más de 50 millones de ciudadanos, en unas elecciones libres y democráticas, y es el legítimo jefe de Estado de un país con el que Chile tiene una larga tradición de amistad. Se equivoca, por ello, el senador De Urresti al asegurar que su decisión no es un acto contra el pueblo brasileño, sino contra Bolsonaro, porque fue el pueblo brasileño el que mayoritariamente lo eligió.

La actitud de los parlamentarios no solo deja en evidencia un doble discurso, al supeditar a consideraciones ideológicas los intereses generales de la política exterior del país -lo mismo que algunos sectores critican en las actuales autoridades de gobierno-, sino también relativiza la lógica propia de un sistema democrático, al cuestionar a un jefe de Estado elegido libremente por los ciudadanos de su país, por no compartir sus opiniones. En ese sentido, igualmente preocupante es la propuesta de resolución presentada por un grupo de parlamentarios del PC y del Frente Amplio, que plantea cancelar el acto en honor al mandatario brasileño y declararlo persona non grata. La actitud asumida por los presidentes del Senado y de la Cámara establece, por ello, un preocupante precedente, al terminar contaminando decisiones que deben ser propiamente institucionales -como la de asistir a un encuentro con el Presidente de la República de un país cercano-, a la opinión política de las personas que temporalmente ostentan esos cargos, por más legítimas que sean.

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