Giro presidencial

El contraste entre este torrente de apariciones, versus el segundo plano que jugó en los primeros días, llama la atención y hace necesario pensar sobre sus causas y consecuencias. Quedaron atrás los días en que los ministros se desplegaban y el presidente en un segundo plano leía las cartas de Diego Portales.



Esta última semana debe ser una de las más activas de cualquier mandatario, más allá de las cercanías de la cuenta pública o las Fiestas Patrias. El Presidente Boric dio tres entrevistas, hizo varias pautas, provocó escozor en sus filas al insinuar un plan B en el caso de victoria del Rechazo en el plebiscito de salida, puso racionalidad en su compromiso de condonar el CAE, anunció un diluvio legislativo, criticó con rudeza y prestó apoyo, al mismo tiempo, a su ministra del Interior, entre otra larga lista de temas que abrió o anunció en sus conversaciones con medios.

El contraste entre este torrente de apariciones, versus el segundo plano que jugó en los primeros días, llama la atención, y hace necesario pensar sobre sus causas y consecuencias. Quedaron atrás los días en que los ministros se desplegaban y el Presidente en un segundo plano leía las cartas de Diego Portales. Quizá el calor de las epístolas del decimonónico ministro, ocupando adjetivos imposibles de repetir en esa columna para dar razones por las cuales había decidido dejar el estanco del tabaco por los asuntos públicos, motivaron al Presidente a aparecer más, ante la baja de popularidad y un comité político que no logra sacar la pelota del área de peligro.

Boric vuelve con este giro a parecerse a todos los que ocuparon su oficina en este siglo. Su gobierno y, por tanto, el éxito de su programa dependen de su propia popularidad y presencia. Tiene en común con Piñera que su aprobación tiene una correlación con el resultado del plebiscito que enfrenta. De la misma manera que buena parte del Apruebo de la consulta de octubre de 2021 y el resultado de las elecciones de convencionales estuvieron marcadas por el desprestigio del gobierno de entonces, el que vendrá en septiembre puede ser también un voto sobre su gestión.

Su equipo de ministros políticos, que en la práctica sigue aplicando la lógica de los anillos concéntricos para la relación con los partidos que apoyan el gobierno, no es suficiente para contener a una sociedad demandante y fragmentada. ¿Funciona este cambio de estrategia y permitirá revertir las caídas en las encuestas? En la teoría debiera, pues el Presidente siempre cuando habla marca puntos en la agenda y genera discusión en torno a temas que son de interés del gobierno. Además, en este caso, Boric es una figura atractiva y audaz, que no ha perdido ninguna de esas dos características. Pero los problemas estructurales que enfrenta la actual administración hacen que el esfuerzo presidencial no sea suficiente.

El más complejo es el de la seguridad ciudadana, donde pese al cambio de tono en las declaraciones de la ministra del Interior, sigue pareciendo un gobierno indeciso respecto de tomar medidas más duras. Es necesario entonces una señal clara, más allá de las buenas declaraciones en cuanto a que no hay vacilaciones espirituales respecto del cuidado del orden público, y que hará respetar el imperio del derecho, aunque implique costos con sus propios partidarios y contradicciones con frases anteriores. Esto es necesario para la Macrozona Sur, para el barrio Meiggs, la violencia en los liceos, la migración ilegal, las bandas narcos y tantos asuntos heredados de gobiernos anteriores que requieren atención urgente. Las acciones concretas en estos temas pueden ser el verdadero giro del gobierno, que será aplaudido por su valentía.

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