Opinión

Gobernar después de la emergencia

Lo han dicho varios analistas, pero vale la pena repetirlo: el recurso de la emergencia le sirvió a José Antonio Kast para ganar la elección y luego para instalarse en La Moneda. De ello no se sigue, sin embargo, que el gobierno pueda seguir usando ese concepto ad infinitum. Veamos algunas razones.

Lo primero es que, si bien la sensación de inseguridad y el estancamiento económico son dos de los principales problemas que afectan hoy a los chilenos, hay muchas otras urgencias que demandan la atención del Ejecutivo. Según la última encuesta CEP, la salud es la segunda prioridad de una ciudadanía que gasta mucho en medicamentos, pero no necesariamente sobre la base de diagnósticos adecuados. Todo el mundo habla de las listas de espera, pero poco o nada se nos ha informado sobre cómo las nuevas autoridades se proponen disminuirlas.

Ahí siguen la mayoría de los pabellones funcionando a media máquina; ahí también, muchas comunas del país sin las herramientas básicas de prevención. Lo del cáncer femenino es inquietante: se decretan alertas, pero los mamógrafos brillan por su ausencia. Nadie medianamente serio podría exigirle a este gobierno que encontrara la solución de la noche a la mañana, pero sí sería recomendable conocer un plan integral que permitiera volver a confiar en el sistema público de salud.

Por otro lado, la tramitación del Plan de Reconstrucción Económica ha perdido de vista otros aspectos tanto o más urgentes. Los ciudadanos de a pie nos hemos enterado por las redes sociales de las confrontaciones del ministro Poduje, lo que, hasta cierto punto, es positivo, en tanto visibiliza una crisis —la de vivienda— que afecta a distintos segmentos de la población. Con todo, todavía queda mucho por saber sobre qué ocurrirá con los damnificados de los incendios, el número de viviendas que se construirán en los próximos años y el tipo de ayuda económica que recibirán los jóvenes de clase media para acceder a su primera vivienda.

De la calidad de la educación hemos hablado poco o nada. Es comprensible que el gobierno haya concentrado sus esfuerzos en ponerle coto a la violencia escolar. Uno esperaría ahora que el foco se pusiera en la primera infancia; en lograr que los índices de comprensión lectora mejoraran significativamente; en que los alumnos de las escuelas rurales tuvieran las mismas oportunidades que los de las grandes ciudades; y, en fin, en que la educación técnico-profesional estuviera a la misma altura que la universitaria.

Estas son algunas de las cuestiones que más aquejan a los chilenos. El país necesita estabilidad y certezas. La emergencia, por el contrario, es un estado extraordinario que, aunque electoralmente rendidor, tiene vida corta. A estas alturas, cuando ya han pasado más de 100 días, no se le puede echar la culpa al gobierno anterior. Ahora lo que se requiere es conducción política para enfrentar todos estos temas al unísono. Al menos en Interior y la Segpres hay equipos preparados para ello.

Por Juan Luis Ossa, historiador e investigador del CEP

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