Opinión

Herencia fiscal

FOTO: DEDVI MISSENE Dedvi Missene

A estas alturas, prefieren adjudicarlo a su propia incompetencia o a un error de cálculo, y ocultar que responde a una decisión política. Tres años incumpliendo la meta fiscal autoimpuesta, para terminar en el último ejercicio con un desajuste récord: el compromiso de un déficit estructural de 1,1% se convirtió en un 3,6%, más de dos veces lo proyectado. Los actuales técnicos de Hacienda y, en especial de la Dirección de Presupuestos, han descendido al último círculo del infierno en materia de credibilidad.

Una generación política que durante años hizo ostentación de su desprecio por la responsabilidad fiscal, no podía dejar el poder con cifras muy distintas. Sin una recesión durante su período de gobierno, ni tampoco un desastre natural de envergadura, con el precio del cobre por sobre los promedios históricos, cerrar 2025 multiplicando por tres el déficit estructural comprometido solo puede ser resultado de una voluntad: falsear de manera sistemática la proyección de los ingresos fiscales, para poder gastar más de lo permitido. Hacer trampa, tomar la decisión de pasar por encima de la regla fiscal y de dañar su institucionalidad; es, sin duda, otra importante herencia de la actual administración.

En las últimas semanas, la ministra vocera Camila Vallejo no ha perdido oportunidad para hablarle al país de los grandes logros del Ejecutivo en materia económica, principalmente del control inflacionario y la ralentización del crecimiento de la deuda pública. Pero la verdad es muy distinta: la deuda no aumentó más rápido solo porque La Moneda optó por disponer de los ahorros, haciendo uso de los fondos soberanos. Sin ir más lejos, el FEES se redujo en el actual período cerca de un 40%. Y en lo que se refiere al control de la inflación, afortunadamente la política monetaria sigue en manos de un órgano técnico e independiente como el Banco Central. Porque, lo que han confirmado las cifras del manejo fiscal es que, si se logró volver al rango meta en torno al 3% no fue gracias al aporte del gasto público, sino a pesar de este.

En resumen, el daño en materia fiscal generado en estos años ha sido grande: daño a la credibilidad de la regla y del Ministerio de Hacienda, daño también a la sustentabilidad del gasto público comprometido a futuro. No es muy difícil imaginar que los sectores políticos todavía en el poder, a partir del 11 de marzo responsabilizarán al próximo gobierno de las restricciones presupuestarias a las que ellos mismos dieron origen. Porque esa es la lógica con que esto funciona: acostumbrar a la gente a beneficios sociales que no tienen financiamiento estructural, para culpar después a sus adversarios cuando la realidad de las finanzas públicas termina por imponerse.

Es la política en su versión impúdica. Hasta el punto en que termina siendo preferible convencer a los ciudadanos de que se es incompetente, a que se haga obvio que todo fue gestado de manera deliberada.

Por Max Colodro, filósofo y analista político

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