Por Jorge BurgosKast en la hora de las definiciones

José Antonio Kast asumirá la Presidencia en un momento internacional áspero, donde la neutralidad cómoda dejó de existir. El orden liberal que estructuró las últimas décadas muestra signos evidentes de erosión, y las grandes potencias han vuelto a disputar influencia sin demasiados disimulos. En ese escenario, los países medianos como Chile enfrentan una disyuntiva: preservar autonomía estratégica o deslizarse hacia alineamientos automáticos.
El retorno de Donald Trump a un liderazgo hemisférico más explícito tensiona ese dilema. Su concepción de política exterior —centrada en la primacía unilateral de los intereses nacionales— redefine las reglas de convivencia incluso con aliados tradicionales. América Latina aparece, en esa lógica, como espacio natural de influencia. La pregunta es evidente: ¿qué margen real conservarán los países de la región para sostener políticas exteriores independientes?
La anunciada reunión “Shield of the Americas” en Miami será más que un gesto protocolar. Será una señal política. Allí no se discutirá solo seguridad o prosperidad hemisférica, sino pertenencia a un determinado marco estratégico. Para Chile, la cuestión no es si dialoga con Washington —lo ha hecho siempre— sino bajo qué condiciones y con qué tono.
La tentación de exhibir cercanía ideológica puede resultar comprensible en clave interna, pero la política exterior no es extensión de simpatías personales. La experiencia de Javier Milei, presentado como interlocutor privilegiado de Trump, ilustra tanto las ventajas simbólicas como los riesgos de una identificación excesiva. Chile ha cultivado históricamente otro estilo: profesionalismo diplomático, prudencia y defensa de intereses permanentes por sobre afinidades circunstanciales.
En paralelo, fortalecer el eje regional resulta indispensable. El diálogo con Luiz Inácio Lula da Silva no es una concesión ideológica, sino una necesidad estratégica. Brasil es un actor decisivo en Sudamérica, y la coordinación en seguridad, comercio y desarrollo puede otorgar mayor capacidad de negociación frente a las grandes potencias.
Kast inicia su mandato con un capital político relevante y con altas expectativas ciudadanas en seguridad y crecimiento. Pero el entorno externo no será neutro. Cada gesto será observado y leído bajo la lógica binaria que hoy domina la escena global. Gobernar, en este contexto, exige convicción sin estridencia y firmeza sin alineamientos incondicionales.
Chile no gana nada actuando como satélite de nadie. Su fortaleza radica en su institucionalidad, en su reputación de país previsible y en su capacidad de sostener una voz propia. La verdadera prueba del nuevo gobierno no será demostrar cercanía con una potencia, sino demostrar que puede relacionarse con todas sin hipotecar la autonomía nacional.
En tiempos de bloques y lealtades exigidas, la independencia no es retórica: es estrategia.
Por Jorge Burgos, abogado
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