Opinión

La causa del Presidente

El Presidente apareció el miércoles para celebrar la aprobación de la megarreforma. Pero su cadena nacional dejó la impresión de que la principal reforma económica del gobierno fue presentada menos como el comienzo de una etapa que como el hito que permitía pasar a la siguiente.

Kast habló de inversión, crecimiento, empleo y de mejorar la vida de los chilenos, para luego cambiar de escenario y anunciar una reforma constitucional, más de treinta proyectos contra el crimen organizado y una meta: aprobarlos antes de Navidad. La seguridad dejó de ser una prioridad entre otras y se convirtió en la causa presidencial.

La secuencia fue nítida. Kast apareció para cerrar la etapa económica, pero eligió la seguridad para inaugurar su protagonismo presidencial. Se apropió del éxito legislativo de la megarreforma, aunque no necesariamente de su significado político. Este continúa asociado al ministro de Hacienda.

Quiroz la diseñó y negoció su aprobación. Según la última encuesta Criteria, un 39% de quienes lo conocen lo identifica como el ministro más poderoso del gabinete, pero es también el de menor valoración y el menos cercano a los problemas de las personas. El punto no es cuánto afecta la reforma su evaluación, sino cuánto su imagen condiciona el juicio ciudadano sobre las intenciones de la reforma.

Un 33% cree que la megarreforma permitirá crear empleos, mientras un 50% piensa que beneficiará a las grandes empresas y a las personas de mayores ingresos. Un 38% anticipa efectos negativos para el país y un menguante 33%, positivos. No es necesariamente un juicio informado sobre sus artículos sino una impresión general acerca de para quién fue concebida.

La cadena nacional intentó responder a esa sospecha vinculando el crecimiento con el empleo, las pymes y el bienestar de las familias. Pero el contraste con la seguridad fue evidente. En economía, los beneficios prometidos permanecieron generales y futuros. En seguridad, Kast definió adversarios, medidas, plazos y una promesa directa y ambiciosa: recuperar la libertad que la delincuencia les ha quitado a las personas. El discurso mostró que Kast apuesta por convertir la agenda de seguridad en una causa presidencial, en su propia causa. No basta con enumerar instrumentos o medidas. Es necesario identificar una experiencia cotidiana, ofrecer un propósito y asumir su conducción. En la megarreforma, en cambio, la racionalidad económica y la representación de sus intenciones descansan principalmente en Quiroz.

La megarreforma puede expresar una apuesta por el crecimiento y el empleo. Pero esas palabras solo adquirirán sentido si Kast consigue conectarlas de manera persistente con las preocupaciones de quienes hoy sospechan que sus beneficios volverán a concentrarse en otros.

Esta victoria pertenece al Presidente; su identidad política, todavía al ministro de Hacienda. Mientras la etapa económica termina asociada a Quiroz, la etapa de la seguridad comienza con Kast en el centro.

Por Cristián Valdivieso, director de Criteria

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