Por Ignacio SánchezLa confianza como un valor

El crecimiento y desarrollo de los países se relaciona de manera directa a la presencia de confianza. Se ha demostrado que la confianza, es decir tener la esperanza firme en algo o alguien, es la base para construir relaciones sólidas y duraderas. Todas las mediciones describen que en nuestro país existen bajos niveles de confianza en la vida en común. Es la desconfianza, la duda y el temor a lo desconocido lo que nos caracteriza como sociedad. La confianza genera seguridad, certeza, familiaridad y sentido de bien común, claves para el desarrollo de una comunidad.
La Encuesta Bicentenario UC demuestra que la confianza institucional en los últimos años ha tenido una significativa disminución. Hay bajos niveles de confianza respecto de instituciones como el gobierno, el parlamento, los partidos políticos y también los tribunales de justicia. La polarización y fragmentación política que observamos en los últimos años aumenta el nivel de desconfianza. Los grupos de interés se aíslan y se informan en sus propias redes sociales, lo que genera confusión y desinformación.
La ausencia de contacto y conocimiento personal genera desconfianza por la falta de ver y conocer a un “otro” real. Muchas personas confían en la persona con quien se relacionan, sin embargo, desconfían de las instituciones a las que representan. Esto sugiere que debemos avanzar en generar encuentros, para evitar el desconocimiento y su efecto, que se traduce en la falta de confianza.
Existen experiencias interesantes en el extranjero en que se demuestra que la mayor frecuencia de actividades comunitarias, dentro de las que se destacan las sociales, artísticas, deportivas y otras realizadas en comunidad, se asocian a una mayor confianza. Además, la confianza se relaciona con el bienestar y la felicidad, con el concepto de que trabajando y viviendo en conjunto somos más, en todos los ámbitos. Esto es importante para un mejor desarrollo social y económico, junto con asegurar un crecimiento integral y de largo plazo.
A nivel de las comunidades locales es importante conocerse, encontrarse, es decir, dejar de ser extraños. En nuestro país, los centros comunitarios, los clubes y agrupaciones locales pueden hacer una diferencia. Asimismo, el crecimiento en la fe puede generar aportes insospechados, las parroquias representan un importante lugar de encuentro de la comunidad. Basta recordar las actividades de las comunidades de base, que se destacaron por su solidaridad en la pandemia. La fe reúne, convoca, produce encuentro y fortalece la confianza.
El desafío es estimular la participación ciudadana, la cohesión social, la inclusión, el encuentro de personas diferentes, el trabajo en equipo, como un primer paso para restablecer y potenciar la confianza. Para lograrlo, comencemos por lo más simple, conversemos y acerquémonos a quienes nos rodean y que hasta ahora han sido desconocidos. Así comenzaremos a construir confianzas en nuestro país.
Por Ignacio Sánchez D., Profesor titular, Pontificia U. Católica de Chile
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