La devaluación de las promesas, ¿en quién confiar?

Los resultados de la encuesta CEP traen un mensaje interesante: ¿a quién le creen los chilenos?
Si antes eran los relatos ideológicos, hoy le creemos más a la gestión, a lo que es tangible y evidente. Los liderazgos mejor evaluados son los que demuestran acción y cumplimiento. No es casualidad que los “potenciales” candidatos a la Presidencia vengan del Congreso, ministerios o alcaldías, son espacios donde se puede demostrar hechos concretos, independiente del color político.
En el mundo de la información infinita, de gran incertidumbre y de la hiperconexión, la ciudadanía no está dispuesta a esperar, simplemente ya no confía de esa forma, quiere soluciones en tiempo real a sus problemas reales y, por lo tanto, quienes sean percibidos como “resolutivos” o “solucionadores”, ganan la carrera de la credibilidad.
¿De qué depende la confianza? La confianza es una mesa de cuatro patas, la coherencia entre lo que se dice y se hace; la percepción de competencia y conocimiento; la sensación de sinceridad; el cumplimiento de las promesas y en donde ninguna de ellas puede cojear. Le creemos a quienes tienen firme esta mesa y dejamos de hacerlo cuando se tambalea.
Esto responde porqué los partidos políticos y el Congreso son las instituciones con menor confianza, la ciudadanía percibe cierta incompetencia, mucha distancia entre lo dichos y los hechos o una serie de incumplimientos. La encuesta revela que el 65% no se identifica con ningún partido político, con justa razón. La confianza sube por escalera, pero baja por ascensor, cuesta mucho construirla y muy poco perderla.
Sin embargo, este escenario genera un efecto complejo: así como aumenta la credibilidad de los solucionadores, aumenta la tentación de prometer cosas que escapan al ámbito de solución de quienes quieren ser autoridades, más aún cuando aquello impacta directamente la popularidad.
De esta manera, el costo de prometer baja sustancialmente y la aprobación se abulta, pero el riesgo de quebrar la confianza crece considerablemente al tener que cumplir “para ayer”. Los relatos ideológicos que aguantaban años de paciencia hoy no soportan ni meses cuando no demuestran resultados.
Desde que Ricardo Lagos le entregó el gobierno a Michelle Bachelet, ningún otro Presidente ha podido traspasar la banda presidencial a su propio sector. Cambiamos de rumbo en función de promesas líquidas que se devalúan a diario por su creciente nivel de incumplimiento. La encuesta, revela que el 67% tiene poca o nada de confianza sobre si Kast cumplirá sus promesas y eso que lo elegimos recién en diciembre. ¿Había o no plan de seguridad? Ya no importa.
¿Será capaz este gobierno de construir la confianza necesaria durante estos cuatro años, para que la ciudadanía vuelva a optar por sus promesas?
Por Mauricio Ercole, académico de la UAI y socio fundador de alejandríalab
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
50% Plan Digital+$5.150 al mes SUSCRÍBETE



















