La marca invisible del paro de Gendarmes en los privados de libertad

cárcel DD.HH
Aton || Referencia


Cuando en Chile hay paro de profesores, la primera preocupación ciudadana son los escolares. Cuando hay paro de Gendarmería, nadie se pregunta por los internos. Las consecuencias, que para la mayoría son invisibles, para ellos son gravísimas. En el corto plazo, el paro de funcionarios tuvo un impacto directo en el funcionamiento del sistema de justicia y en las unidades penitenciarias de todo el país. Por un lado, afectó directamente la organización de la rutina al interior de las cárceles. Durante estos días, algunas unidades aumentaron la cantidad de horas de encierro, lo que muchas veces afecta el acceso al agua, a la alimentación y a visitas de familiares. En otro plano, el paro implicó paralizar el traslado de internos hacia y desde tribunales, lo que configuró un preocupante escenario en comisarías y centros de justicia, en los que durmieron cientos de imputados completamente a la deriva.

En el largo plazo y de cara al acuerdo alcanzado, es fundamental poner atención en el reflejo de las precarias condiciones laborales de funcionarios en los privados de libertad, cuya función no solamente es el resguardo la seguridad y la rutina, sino también debiese ser la reinserción. Descuidar el rol clave que juega el gendarme, implica descuidar también el rol resocializador que debe tener el sistema penal. Los funcionarios penitenciarios pueden y deben favorecer el desarrollo de una cultura que promueva la rehabilitación y futura reinserción de los penados. Tal como argumenta Liebling y Price (1999:86) "los funcionarios penitenciarios son actores del sistema de justicia criminal, agentes de la no violencia y del cambio; y ejecutores e intérpretes de la política penitenciaria". Lo anterior, ha sido escasamente considerado en la política penitenciaria de nuestro país, entendiendo al personal penitenciario como simples "guardianes" de la población encarcelada. Esto es sin duda un reflejo de cómo el Estado y los chilenos vemos a los infractores de ley, el significado que le damos al castigo y la lógica meramente punitiva con que funciona el sistema.

Es de esperar que la solución del presente conflicto de lugar a una mejora en la calidad de vida dentro de los penales (tanto para gendarmes como para internos) y al desarrollo de reformas relevantes en la dotación y en la formación de los funcionarios penitenciarios. Si dejamos de lado las condiciones laborales de los gendarmes, estamos inevitablemente promoviendo la propagación de un sistema carcelario promotor de la deshumanización, de la violencia y de la reincidencia delictual.

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