La porfía de creer en los partidos



Por Pía Mundaca, directora ejecutiva de Espacio Público

Los partidos son un flanco fácil y han contribuido activamente en ello. Los hechos conocidos sobre el financiamiento irregular golpearon fuertemente su credibilidad y catalizaron una crisis política. Sin embargo, el escenario de los partidos en Chile venía debilitado incluso antes de ello. Si bien la literatura en Ciencia Política usó en reiteradas ocasiones el caso chileno para mostrar un sistema de partidos institucionalizado en el contexto latinoamericano, existen voces en la misma disciplina que llevan años mostrando sus debilidades y las amenazas de esto.

Los partidos políticos no han logrado vincularse con la ciudadanía y han terminado siendo cajas vacías, con poca presencia territorial y serios problemas para articular demandas ciudadanas. Un ejemplo de esto se evidencia en la existencia de diversos movimientos medioambientales, los cuales fueron exitosos en la elección de convencionales y lograron ser parte de la Convención compitiendo desde su independencia. No deja de ser alarmante que ningún partido político haya logrado convocar y representar dichas demandas en los últimos años. Del mismo modo, la escasa presencia territorial ha generado una discusión política nacional que en muchos casos no conversa con lo que pasa en los barrios de Chile, perplejidad que muchas veces lleva a los actores políticos a extremar posturas intentando congraciarse con su representados.

Los problemas anteriormente señalados contribuyeron a que en la elección de convencionales se optara por reglas excepcionales. Se buscaba reconocer la particularidad del momento en el país, sobre todo, porque la redacción de una Constitución no es algo que se hace regularmente. En este contexto, se entiende la alta participación de independientes, el apabullante apoyo que obtuvieron y la legitimidad que han aportado al proceso. Sin embargo, la existencia de un alto numero de independientes en la Convención no tiene por qué ser entendido como el fin de los partidos políticos y mucho menos el desmarque sobre la importancia de estos.

La semana pasada, la Comisión de Sistema Político aprobó en general el reconocimiento de distintas formas de organización política, poniendo a partidos y movimientos sociales en el mismo lugar. Si bien la norma aún no es votada en el Pleno, el convencional Bassa usó sus redes sociales para criticar a los líderes de partidos que levantaron alertas sobre la norma. Pegarle a estas entidades es fácil y pensar cómo mejorarlas es bastante más complejo y menos glamoroso. Que nuestro sistema de partidos salga fortalecido no es tarea únicamente de personas militantes, sino que de todas aquellas que creen que la sanidad de nuestra democracia requiere proyectos colectivos con programas ideológicos claros, que den gobernabilidad y permitan proyección en el tiempo.

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