Opinión

La trama comunista

Jeannette Jara en Punta Arenas.

El PC no está boicoteando la candidatura de Jeannette Jara; simplemente ocurre que, en su interior, hay cada día más gente que ve inviable su opción presidencial. Y está actuando en consecuencia, es decir, tratando de mantener en pie la estantería, salvando lo principal que debe ser salvado: la identidad y el acervo histórico de la colectividad. ¿Eso quiere decir que hoy en el PC no existe disposición para la ductilidad táctica o incluso para renuncias de envergadura? Existiría, si de verdad creyera que hay una posibilidad de ganar. Esa esperanza es lo que en el último tiempo ha comenzado a difuminarse.

Una militante con décadas de trayectoria ahora se reconoce orgullosa como socialdemócrata. Reniega de su programa original tirando al tarro de la basura reivindicaciones tan importantes como la nacionalización de los recursos naturales. ¿Qué sentido tuvo haber arrasado en la primaria si las ideas que se están imponiendo son las que defendía Carolina Tohá? ¿Todo este travestismo y sacrificio ideológico por una candidatura que va a terminar perdiendo igual? Sencillamente, el precio es demasiado alto; el PC no está disponible para una autoinmolación oportunista de escasa viabilidad, que tendría sin duda consecuencias imborrables. Esas indignidades son propias de los partidos de la ex Concertación, no de ellos. Basta ver cómo terminaron la DC y el PPD.

Con todo, el fantasma de la derrota presidencial no es el único mar de fondo en esta trama. Hay aquí algo todavía más íntimo: el actual gobierno fracasó en todas sus reformas emblemáticas, partiendo por el sueño de terminar con la Constitución de la dictadura; siguiendo con el anhelo de enterrar a las AFP, a las Isapres, de una reforma tributaria de envergadura, y el imperativo de no aplicar estados de excepción en La Araucanía, etc. Si incluso llevaron a Codelco a una alianza estratégica con la empresa del exyerno de Pinochet. ¿Ahora además la candidata del partido debe posar de socialdemócrata?

De algún modo, el río subterráneo que define este impasse es la larga desafección de un segmento importante del PC, que en estos años no tuvo acceso a cargos millonarios en el aparato público. ¿Quiénes? Integrantes de los destacamentos obrero, poblacional y estudiantil, que han mirado con resignación y no poco desprecio a una generación dorada, que hizo de los privilegios políticos y económicos una forma de vida. Insólita ironía, hoy el PC debe lidiar con el germen corrosivo de “la lucha de clases” en su propia intimidad. Es que para algunos “viejos cuadros” no ha sido fácil asumir lo que en la actualidad representa “el club de las princesas”, como lo llaman en privado.

Así que, en rigor, nada de boicots o sabotajes del PC a su candidata presidencial. Más bien, claridad histórica respecto a lo que es imprescindible cuidar y preservar en tiempos difíciles; esos tiempos que los más lúcidos y con más experiencia, hoy tienen la convicción de que están ya a la vuelta de la esquina.

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