Los árboles y el bosque

Mark Lilla



Un amigo me recomendó la lectura de un breve libro de Mark Lilla, cuyo título es "El regreso liberal". La tesis central del texto, como la de buena parte de los herederos de la Ilustración, es que el liberalismo en general, o los demócratas en Estados Unidos en particular, perdieron la batalla por las ideas y dejaron de conectar con los ciudadanos cuando sucumbieron a los relatos de nicho, en desmedro de un discurso más universalista, general y comprensivo.

Traigo este ensayo a colación, porque creo que algunos de los argumentos ahí expuestos podrían servir para retratar la crisis de la centroizquierda en Chile. En efecto, durante las últimas décadas el discurso político de la Concertación primero, y de la ex Nueva Mayoría después, fue paulatinamente virando hacia la focalización de nichos específicos, cuyos problemas y dificultades evidentemente había que abordar, pero sin por eso olvidar a esa inmensa parte de la población que no se siente parte de algún particular grupo.

Mirado desde la perspectiva complaciente, algunos incluso podrían afirmar que dichas coaliciones fueron víctimas de su propio éxito, ya que solo en la medida de que se abordaron de manera exitosa las urgentes problemáticas que enfrentaba el país, es que fue posible poner el zoom en aquellas contingencias que se identificaban con ciertos grupos de personas; sea por su origen, vulnerabilidad social, orientación sexual, edad o actividad. Pero en vez de mirar hacia delante y construir sobre lo obrado, la reacción de muchos fue renegar de lo avanzado. De pronto, y después de acostarnos pensando que habíamos sido parte de la coalición más exitosa en la historia de Chile, amanecimos avergonzados de lo que éramos, ahogándonos en un mar de malas e incomprensibles explicaciones, y prometiendo ahora sí concentrarnos en las desventuras de esos grupos que habíamos olvidado.

Lo que ocurrió, entonces, es que en dicho tránsito y afán revisionista, refundacional y particularista, pareció que desatendíamos a esa gran mayoría de personas que no marcha y rara vez presiona; que mira cómo las políticas públicas le pasan por el lado, sintiendo y experimentando que su situación de "aparente tranquilidad" no las hace merecedoras de la preocupación estatal. De hecho, y más que definiciones socioeconómicas, en términos políticos ahora, la tan mentada clase media no es otra cosa que un inmenso grupo de personas que no cae en ninguna categoría específica.

El desafío del progresismo es reconstruir este relato y promesa general, donde las preocupaciones y acciones por las partes, sean la consecuencia, y en consistencia, con un todo que aglutine y convoque a una mayoría que, ni vieja ni nueva, es la de siempre.

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