Los primeros 100 días de Biden

FILE - In this April 28, 2021, file photo President Joe Biden addresses a joint session of Congress in the House Chamber at the U.S. Capitol in Washington, as Vice President Kamala Harris, left, and House Speaker Nancy Pelosi of Calif., look on. Biden has moved into a new phase of his presidency, having already begun to face a historic series of crises and largely dedicating his first 100 days to steady a nation reeling from the COVID-19 pandemic that has killed nearly 570,000 Americans and devastated its economy. (Melina Mara/The Washington Post via AP, Pool)

El Mandatario ha apostado por una serie de masivos paquetes fiscales para enfrentar la crisis. Una jugada arriesgada si los planes no dan los resultados esperados.




Franklin Delano Roosevelt instaló la tradición de los primeros 100 días de gobierno en Estados Unidos como la primera evaluación del gobierno entrante. Y lo hizo con razón. La crisis de la que se hizo cargo en 1933 al asumir el poder exigía medidas urgentes. El país atravesaba la peor crisis económica de su historia y las repercusiones sociales eran dramáticas. Por ello, no es anecdótico que muchos comparen los desafíos de la actual administración estadounidense con los que enfrentó FDR. Estados Unidos atraviesa hoy la peor pandemia en más de un siglo y su economía se contrajo el año pasado a su mayor nivel desde la Segunda Guerra Mundial (- 3,5%). Cayeron las exportaciones, se redujo el consumo y la tasa de desempleo superó el 13% a mediados de 2020. Todo ello sumado a una creciente tensión política, que alcanzó su punto más álgido con el asalto del Capitolio en enero pasado.

A la luz de ese panorama, los desafíos del actual Presidente de Estados Unidos no son menores. Llegó con la promesa de reimpulsar la economía y recuperar los millones de empleos perdidos, mejorar la estrategia para contener una pandemia que tiene a ese país en el tope de la lista de las naciones con mayor número de contagios, y recomponer las relaciones de Washington con sus aliados tradicionales en momentos en que China amplía su influencia a nivel mundial y Rusia ha redoblado su provocación en Europa. Sin duda, donde más claro ha quedado el cambio es en este último punto. No solo marcó un evidente giro en el tono de las relaciones con sus aliados, anunciando “el regreso de Estados Unidos” a la alianza atlántica, sino que reincorporó al país a instancias internacionales clave que Donald Trump había desechado, como el Acuerdo de París y la OMS.

A nivel interno, sin embargo, el panorama ha sido distinto. Si bien en el manejo de la pandemia las señales son positivas y la llegada al poder de Biden coincidió con una baja sostenida en el número de contagios diarios-de los 300 mil de mediados de enero a poco más de 50 mil-, lo que se suma a un masivo plan de vacunación que ya supera los 200 millones de inoculaciones, las divisiones políticas que marcaron los últimos años en el país están lejos de haberse superado. Uno de los desafíos que el propio Mandatario prometió al asumir era el de superar el clima de división que atravesaba Estados Unidos y apostar por un diálogo bipartito que había escaseado en la administración anterior. Sin embargo, en estos primeros 100 días la Casa Blanca optó por sacar adelante una serie de masivos paquetes económicos apoyados únicamente en la exigua mayoría que tiene en el Senado y sin la búsqueda de acuerdos con los republicanos.

Lo anterior deja al gobierno apoyado en un frágil equilibrio de cara a los desafíos que tiene por delante. En poco más de tres meses ya ha comprometido seis billones de dólares en distintos planes de estímulo económico, inversión en infraestructura y apoyo a las familias. Su apuesta es que ello ayude a devolverle competitividad a Estados Unidos y lo ponga en la senda de un crecimiento sostenido. Una jugada arriesgada si el millonario compromiso fiscal no da el resultado esperado.

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