Opinión

Lucky: Atrápala si puedes

Lucky, con Anya Taylor-Joy, funciona porque, igual que su personaje, es fiel a sí misma. Y entrega lo que promete. En los tres capítulos ya disponibles en Apple TV (de los siete que conforman la miniserie), nunca se pierde la tensión, el ritmo.

Lucky: Atrápala si puedes

Hay personajes que queremos que siempre sigan corriendo. No importa lo peligrosos o destructivos que sean, anhelamos que logren esconderse, esquivar las balas y continuar su carrera infinita después de saltar de un auto en movimiento. Son esos héroes y heroínas que parecen estar por sobre la moral o la justicia divina, si es que hay tal. Que, con su inquebrantable condición de fugitivos, dan combustible a nuestras series favoritas.

En la nueva miniserie de Apple TV, todos gritan desesperados: ¡Lucky!¡Lucky! Sin embargo, nadie tiene la suerte de atraparla. La protagonista, interpretada por Anya Taylor-Joy, es la más rápida del oeste, como una suerte de correcaminos con chaqueta de cuero y pantalones ajustados, cuya melena perfecta y rostro impoluto no reflejan sus desventuras. Detalles. Lo único relevante, por lo que rogamos secretamente, es que logre esconderse bien.

¿Pero quién es Lucky? En la miniserie homónima, basada en la novela de Marissa Stapley y creada por Jonathan Tropper y Cassie Pappas, es Luciana “Lucky” Armstrong, una estafadora profesional en fuga, tras un golpe multimillonario fallido que la dejó, además, con el corazón roto. Perseguida por el FBI, por una peligrosa organización criminal encabezada por Priscilla (Annette Bening, siempre brillante) y bajo el alero de su licencioso padre (Timothy Olyphant), la joven deberá, básicamente, correr por su vida, hasta que un golpe de suerte cambie su destino. En una dimensión paralela, Lucky podría ser también una extensión de la Furiosa de Mad Max o la francotiradora de El abismo secreto. Incluso, se emparenta con las heroínas “bessonianas” de Nikita y Lucy, bellas, audaces y letales, con pasados dolorosos, siempre en fuga y al borde del abismo. Más que un estereotipo, se ha transformado en un fructuoso subgénero que, sin indagar en su intención social o reivindicadora, consigue alcanzar su deseo primario: entretención, dinamismo y, sobre todo, empatía.

El enganche es inmediato. Sobre todo, por su premisa inicial, clásica y efectiva: el último gran golpe. Ese que romperá el círculo vicioso, el salvoconducto definitivo hacia una vida normal. La tan esperada redención del criminal, pero con los bolsillos bien llenos. Por supuesto, basta declarar esa intención, para que todo se complique y el destino no dé tregua. Y aunque intuyamos que las cosas para Lucky, de alguna u otra manera, encontrarán su cauce, hay tensión y sobresaltos en altas dosis. Los que siempre son bienvenidos.

Y, por supuesto, está Anya Taylor-Joy y su innegable magnetismo. Los más inspirados, hablarán de esos ojos enormes que podrían destruir imperios (aprovechando la fiebre por Helena de Troya). Desde los tiempos de Peaky Blinders y su inolvidable rol en Gambito de Dama, hasta la dulce jovencita de Emma o la implacable Margot de El Menú, la presencia de la actriz siempre se roba la pantalla. Y suele ser signo de buena suerte. Al menos, cuando de taquilla se trata.

Ojos de Anya aparte, Lucky funciona porque, igual que su personaje, es fiel a sí misma. Y entrega lo que promete. En los tres capítulos ya disponibles en Apple TV (de los siete que conforman la miniserie), nunca se pierde la tensión, el ritmo, las ganas de seguir el destino de Lucky, sea su desdicha o su esperado golpe de suerte.

Al final, eso es lo que buscamos: no justicia, sino un personaje al que seguirle el paso. Y mientras Lucky siga corriendo, seguiremos persiguiendo esas historias que, aunque a veces nos cansen o dejen de sorprendernos, no podemos dejar ir.

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