Negativa de la mesa del Senado a tramitar el TPP-11

Las razones esgrimidas por la presidencia de la Cámara Alta para no poner en tabla el proyecto resultan muy poco convincentes, y más bien parecen intentos para no ahondar las diferencias al interior de los sectores de izquierda.



La nueva presidenta del Senado, la senadora Ximena Rincón (DC), ha resuelto no poner en tabla de la legislatura el proyecto que busca aprobar el Tratado de Asociación Transpacífica o TPP-11, a pesar de que ya se encuentra aprobado por la Cámara Baja y que el Ejecutivo ha reiterado la calificación de suma urgencia para dicha iniciativa.

Si bien la legisladora había manifestado anteriormente sus aprehensiones con respecto a este tratado, las razones que ahora ha esgrimido para no dar curso al proyecto resultan llamativas. En su opinión, “no es un tema de urgencia”, haciendo ver que el Senado tiene ya una nutrida agenda legislativa, dentro de la cual figuran varios “proyectos importantes”. Conforme el tenor de sus declaraciones ha dado a entender que en lo que resta de su mandato -que concluye en marzo próximo- es improbable que el proyecto se pueda poner en tabla. La presidenta del Senado también argumentó que el hecho de que el país se encuentre en pleno proceso constituyente aconsejaría postergar la discusión de este tratado, a la espera de que la Convención defina los marcos de la futura política exterior chilena.

Las razones que ha hecho ver la presidenta del Senado resultan poco convincentes, y más bien parecen maniobras destinadas a dilatar la deliberación para evitar que su sector político se vea en la necesidad de pronunciarse ahora que se avecinan elecciones. La pertinencia de este tratado ha sido motivo de hondas diferencias en la izquierda chilena, a pesar de que el acuerdo fue impulsado activamente en el segundo mandato de la expresidenta Bachelet, y en sus inicios despertó amplio consenso.

Más que seguir eludiendo la discusión en el Senado, lo que corresponde es que finalmente exista una deliberación formal, y el país pueda evaluar las razones de cada sector para el apoyo o el rechazo de la iniciativa. La exclusión arbitraria del TPP-11 de la tabla del Senado no solo implica desentenderse de la prerrogativa constitucional del Ejecutivo para establecer las urgencias legislativas -un asunto que ha tendido a naturalizarse, lo que es un síntoma más de lo que ya parece ser un parlamentarismo de facto-, sino que además inexplicablemente se está privando al país de acceder a las evidentes ventajas comerciales que supone el acuerdo.

De los 11 países firmantes, siete ya lo han aprobado en sus respectivos Congresos -entre ellos figuran potencias como Japón, Canadá o Australia, y recientemente lo ha hecho Perú-, en tanto que el Reino Unido también ha manifestado su interés por formar parte del acuerdo. La ciudadanía merece una explicación de por qué este tratado -que en cuanto a integración comercial es el tercero de mayor envergadura a nivel mundial- resulta tan ventajoso para varias de las economías desarrolladas, pero supuestamente no para Chile. Esta caprichosa negativa resulta aún más contradictoria considerando la vocación de apertura al exterior que el país ha tenido como sello en las últimas décadas.

Resulta asimismo preocupante que se utilice como excusa el proceso constituyente para bloquear la discusión, pues si bien es un hecho que el país ha optado por el camino de definir una nueva Constitución, resulta fuera de lugar pretender que el Congreso deba inhibirse de ejercer su rol hasta entonces, pues el país debe seguir en marcha. Desde esa óptica, es impropio que la propia mesa del Senado contribuya con su actuar a debilitar las potestades del Poder Legislativo.

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