Opinión

No se caía a pedazos, pero...

No se caía a pedazos, pero... Mario Tellez / La Tercera MARIO TELLEZ

Las campañas presidenciales siempre exageran los problemas y simplifican las soluciones. La última no fue excepción. Sería ideal que el debate fuera mesurado en la calificación de problemas y serio en la ponderación de soluciones, pero parece que no hay otra forma de atraer la atención ciudadana. Es una falla del proceso democrático. No debiera serlo, pero esta liviandad nos sorprende elección tras elección.

El presidente Kast deberá ahora corregir la exageración de sus críticas y moderar las expectativas de solución rápida de problemas que son complejos.

Chile no se cae a pedazos. Tiene problemas serios. No se cae a pedazos un país con inflación al 3%, cuyo crecimiento es bajo pero se está acelerando, con una balanza de pagos en orden y donde las tasas de interés están bajando suavemente. No obstante, Chile tiene problemas serios. Resaltan dos.

Del lado social, la violencia y criminalidad son gravísimos. Chile no está acostumbrado a estos niveles ni a este tipo de criminalidad. La mala noticia para las medidas rimbombantes es que los datos sugieren que la solución no será fácil ni rápida ni depende necesariamente de más mano dura. La criminalidad organizada emponzoña el mundo occidental y a Chile en particular no solo con violencia en las calles, sino con redes de corrupción difíciles de extirpar.

En lo económico, el principal problema es el desempleo y su problema primo hermano, la pobreza. La generación de empleo no es un acto caritativo del empresario. Obedece a una necesidad que tiene una empresa de producir un bien o servicio determinado. Mientras haya más demanda por el bien que produce la empresa, más probable es crear el puesto de trabajo. Mientras más caro sea contratar, eso será menos probable.

Con un crecimiento exiguo de 2,1% durante la última década y con costos crecientes de contratación en el último cuatrienio (cotizaciones, salario mínimo, 40 horas), la creación de empleo ha sido inferior al crecimiento de la fuerza de trabajo. El resultado es que la tasa de desempleo nacional que era 5,86% en noviembre de 2013, doce años después llega a 8,42%. El incremento en el desempleo solo trae precariedad y pobreza.

Las soluciones a estos dos gravísimos problemas se enmarcan en un contexto claro: un país cuya economía, no se está cayendo a pedazos. O sea, hay que bajarle los decibeles al diagnóstico. Y habrá que ser sofisticado en la solucionática porque no existen varitas mágicas. Vencer al crimen organizado no es solo un problema de voluntad, se requiere inteligencia de todo tipo. Recrear condiciones para el crecimiento es vital, pero no se trata de producir un boom de corto plazo. Eso se puede hacer fácil.

Lo verdaderamente necesario es elevar el crecimiento potencial. La macro está bien en Chile, faltan reformas micro que produzcan efectos más allá de estos cuatro años. Eso solo se logra con acuerdos y consensos. Si se avanza así, 2026 podrá ser, a nivel local, un buen año.

Por Guillermo Larraín, profesor FEN Universidad de Chile

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