Por Carlos OminamiPolítica de Estado vs. obsesiones ideológicas

Para un país pequeño y muy abierto al mundo su forma de inserción internacional tiene una importancia trascendental. Por mandato constitucional, la conducción de la política exterior recae en el jefe de Estado. El Presidente Kast tiene en consecuencia una responsabilidad ineludible.
Una buena política exterior no puede operar en forma simétrica con la política doméstica. El costo de los errores en política exterior es mucho mayor y sus consecuencias más difíciles de revertir. Si en el plano interno, las diferencias entre gobierno y oposición son parte de la naturaleza de la política en el plano externo fuertes diferencias erosionan gravemente la credibilidad de un país. En política interna los márgenes para el disenso son más amplios, directos y reversibles. En lo internacional estos son mucho más estrechos, indirectos y difíciles de modificar. Para un país como Chile, la respetabilidad internacional es crucial. Cuesta años construir confianza internacional, pero esta se puede perder muy rápidamente.
El escenario internacional se ha hecho especialmente turbulento con la intensificación de la rivalidad entre China y EE.UU., la crisis de las democracias liberales, el debilitamiento del multilateralismo, los atropellos sistemáticos al derecho internacional y la proliferación de conflictos armados. Para navegar en él, es fundamental la unidad en torno a los intereses nacionales más permanentes. Si frente a una tormenta se desata al interior de un barco una fuerte disputa sobre el rumbo, lo más probable es que este se hunda.
A esto apunta la idea de hacer de la política exterior una política de Estado que trascienda las preferencias ideológicas de los gobiernos de turno y se sustraiga a la lucha política contingente. A propósito de la presentación de las “Bases para una política exterior de Estado” elaborado por el Foro Permanente de Política Exterior, el debate con los excancilleres Alfredo Moreno e Ignacio Walker y la exsubsecretaria Gloria de la Fuente dejó en evidencia un alto grado de acuerdo en torno a los principios básicos de una política exterior de Estado: respeto al derecho internacional, nuevo multilateralismo, no alineamiento, integración y concertación regional, buena vecindad.
En el pasado, exceptuando el período de la dictadura militar, Chile tuvo un acuerdo básico en torno a política internacional. Era una respuesta adecuada a un orden internacional que ya no existe. Urge construir un nuevo consenso que debiera ser más tanto sólido para enfrentar un escenario internacional más líquido e incierto. Señales como el apoyo a Orbán en Hungría, la asistencia a la mini Cumbre de Miami o el retiro del apoyo a la candidatura de la ex Presidenta Bachelet no son auspiciosas, pero estamos todavía a tiempo para no deslizar a Chile por esa pendiente. El Presidente Kast tiene que optar: o busca acuerdos o se alinea con las posiciones de la ultraderecha internacional. Si se decide por lo primero hará una contribución importante, en caso contrario, si se pliega a las obsesiones ideológicas de sus cercanos, el juicio sobre su paso por La Moneda será muy severo.
Por Carlos Ominami, presidente del Foro Permanente de Política Exterior
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE











