Por Pablo OrtúzarSeis verdades incómodas sobre la selección escolar

El fracaso a nivel primario, secundario y universitario de las reformas educacionales ideadas por intelectuales como Fernando Atria, promovidas por el Frente Amplio e impulsadas por el segundo gobierno de Michelle Bachelet es cada día más evidente. Tal como se les advirtió una y otra vez hace más de una década, nivelaron para abajo la educación estatal chilena, destruyeron los espacios de formación de élites republicanas y volvieron más ineficaz e injusto un sistema que ya presentaba enormes deficiencias. Y lograron todo esto, además, gastando un dineral.
Es una ironía que ahora que el gobierno de José Antonio Kast busca revertir algunas de estas medidas, sus promotores acusen que se trataría de reformas “ideológicas”. Por lo mismo, creo útil repasar algunas verdades incómodas respecto del debate sobre la selección dentro del sistema escolar.
1. El efecto pares positivo, principal argumento utilizado por los “expertos” de la época para justificar las reformas de Bachelet y el Frente Amplio, brilla por su ausencia. En esos años se dijo que mezclar estudiantes con capacidades altamente dispares nivelaría el rendimiento del conjunto hacia arriba, pues el capital cultural heredado del hogar podía irradiarse entre compañeros de sala. Nada de eso se ha visto. Hoy ya ninguno de los “expertos” utiliza ese argumento. En cambio, afirman que la cantidad de estudiantes de alto rendimiento dentro del sistema permanecería constante, sólo que esos estudiantes hoy estarían dispersos en vez de concentrados en algunos establecimientos.
2. Esta mirada, según la cual toda la capacidad de un estudiante era reflejo del capital cultural de su hogar, por lo que ni la gestión de los establecimientos ni la calidad de los profesores resultaban factores relevantes, les hizo un enorme daño a la educación y a la imagen pública de los docentes. Los liceos Bicentenario impulsados por Sebastián Piñera durante sus dos mandatos, y maltratados por Bachelet y Boric, muestran que una comunidad educativa con directivos y docentes empoderados y motivados por un proyecto común es capaz de hacer diferencias cruciales en la formación de los estudiantes.
3. Los principales promotores de las reformas de Bachelet y el FA venían de colegios privados caros y selectivos, y enviaron a sus hijos a establecimientos similares. Hay un tremendo doble estándar en todo esto, y se ven los vicios de hacer reformas en las que no se “arriesga el pellejo” (ver Skin in the Game de Taleb). En rigor, hicieron experimentos educativos con los hijos de los pobres y la clase media sin confiar ellos mismos en lo que estaban haciendo.
4. Seleccionar es justo. Es falso que la libertad de elegir sea efectiva sólo cuando todas las opciones son iguales. La selección permite que existan proyectos educativos diferentes y también permite a las familias y a los estudiantes organizarse, esforzarse y orientar su conducta para calzar con los proyectos de su preferencia. No es odioso distinguir entre capacidades diferentes. Si lo fuera, los sistemas de las artes, los deportes y la ciencia estarían basados en discriminaciones odiosas.
5. Seleccionar es más eficiente. Desde el punto de vista del profesor, la homogeneidad en las capacidades y habilidades de los estudiantes permite avanzar a un ritmo parejo, sin tener que dejar a nadie atrás. Sí es odioso crear ambientes educativos frustrantes para aquellos por sobre o por debajo del promedio.
6. Seleccionar permite la existencia de élites públicas en vez de casos aislados de movilidad individual. Nuestra historia lo muestra (ver entrevista a Sol Serrano en revista Punto y Coma 11). Algo fundamental en la consolidación de una élite, esas minorías organizadas con capacidad de organizar, es que sus miembros se conozcan entre sí. Los liceos de excelencia lo permitían y promovían, el actual sistema no lo hace. Esto vuelve a Chile un país más injusto, con una clase dominante más oligárquica y cerrada en sí misma. Las élites republicanas de los liceos estatales fueron reemplazadas por lotes progresistas salidos de colegios privados (todos, convenientemente, enemigos furibundos de la selección).
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