Por Gonzalo CorderoGoles y autogoles

Puede ser que todavía está muy presente el reciente Mundial, con el extraordinario triunfo de España, pero esta semana se me apareció en clave futbolística. Si gobierno y oposición fueran selecciones disputando pasar a la siguiente ronda se podría decir que el oficialismo va ganando 2 a 1, pese a que la oposición no ha marcado ningún gol.
El proyecto de Reconstrucción, guste más o menos, es un éxito político indudable. Su texto va al corazón de las ideas de centroderecha, basta con decir que rebaja impuestos por primera vez desde 1990 y que toda su arquitectura apunta a poner el foco en la inversión y el crecimiento económico. En su tramitación la oposición se dividió entre los que se autoexcluyeron y, como siempre, acusaron que la derecha gobierna para los ricos; los que intentaron dialogar, pero a la primera levantada de ceja del PC y el Frente Amplio retrocedieron; y los senadores PPD que llegaron incluso a sellar un acuerdo que finalmente sucumbió a la presión “progresista”.
En definitiva, la misma oposición que hace poco llamaba al diálogo y a los acuerdos alrededor de sus iniciativas, ahora descubrió que también existen los malos acuerdos y que es un “deber” votar en contra de lo que ellos consideran retrocesos. Están en su derecho, pero al final lograron más los senadores PPD, incidiendo en una parte importante del texto que incluso sobrevivió a la ruptura con el gobierno, que todo el resto de la oposición que prefirió la irrelevancia de su ortodoxia. Gobierno uno, oposición cero.
Inmediatamente después de aprobarse los vetos del Ejecutivo, se anunció el siguiente paquete legislativo, el que lleva la discusión a la otra gran promesa del Presidente Kast: la seguridad. Aquí la tramitación se ve aún más cuesta arriba para la oposición ¿el PS se plegará también en esto al PC y al Frente Amplio? Para el socialismo esto sería una especie de equivalente político de la figura penal del suicidio asistido (perdonen que no los denomine “democrático”, pero su alianza con el PC me lo impide, por una cuestión de honestidad intelectual). Gobierno dos, oposición cero.
Pero el partido, esta semana, quedó dos a uno y es imposible ignorar el elefante en la habitación: el autogol de la agria disputa que sucedió al desafortunado incidente acerca de un excelente colaborador como Juan Pablo Rodríguez. La rapidez con la que el senador Squella junto al ministro y al subsecretario del Interior dieron por superado cualquier desacuerdo sugieren lo obvio, que el verdadero problema del gobierno está sorprendentemente en su relación con el Partido Republicano.
De nada sirve hacer arqueología de los agravios, ni prodigarse cada cierto tiempo en adjetivos hacia sus aliados naturales; en política, como en casi todos los ámbitos, una clara señal de madurez es asumir que tener razón casi nunca define nada, tristemente importa poco y con las redes sociales menos que nunca. Es momento de superar los problemas de camarín, mirar al arco adversario y tratar de hacer los goles allá.
Por Gonzalo Cordero, abogado
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