Sentados en sus casas



Por Pía Mundaca, directora ejecutiva de Espacio Público

La participación electoral en Chile es relativamente baja, y esto es negativo. Una democracia se fortalece con la participación: implica tanto involucramiento ciudadano con el destino común, como representantes con respaldos populares robustos. Aumentar la participación requiere medidas en diversas dimensiones, los efectos se verán en diversos plazos.

En el más largo, están las que apuntan a la educación cívica de los ciudadanos. Alcanzar esta formación se trata del producto cultural de una serie de convenciones y tradiciones compartidas. La implantación del voto voluntario dañó severamente dicha cultura. Hace pocos días el Senado aprobó en general el proyecto que retorna la obligatoriedad del voto. Reconstruir dicha cultura requerirá, sin embargo, no solo de leyes.

En un mediano plazo, está la configuración de arreglos institucionales que permitan a las mayorías elegidas desplegar su programa de gobierno dentro del marco constitucional. Si quien gobierna tiene dicha facultad, ejercer el voto por quienes representan el programa que se prefiere, se estima individualmente como relevante. Hasta hoy las materias legales más importantes requieren quórums supra mayoritarios. Esto ha tenido efectos perniciosos al menos en dos sentidos. Por un lado, los sectores políticos contentos con el statu quo no han necesitado ser populares: una minoría con poder de veto en el Parlamento no está especialmente urgida por conquistar votos. Por otro lado, la ciudadanía percibe que, en este estado de cosas, su voto tiene un poder disminuido para promover cambios. La Convención Constituyente tiene la posibilidad de acordar el fin de este tipo de leyes. Finalmente, podemos mencionar aquellas medidas de más corto plazo que pueden facilitar en la practica el ejercicio del voto. En este sentido se inscribe el proyecto de ley despachado por el Senado que busca privilegiar la cercanía al domicilio del elector en la asignación del local de votación o las medidas adoptadas en elecciones anteriores que han hecho gratuito el transporte público.

Lo anterior es solo una breve lista de medidas que podrían aumentar la participación electoral. Sin embargo, aun la aplicación del catálogo más exhaustivo caerá en el vacío si es que el debate entre las candidaturas en una elección concreta no es capaz de alcanzar un nivel capaz de conectar con las vidas, los intereses y las convicciones de los ciudadanos. Este ha sido el caso, lamentablemente, de las candidaturas presidenciales, al menos durante las últimas semanas. En este sentido, ellas deben hacer un esfuerzo por salir de discusiones irrelevantes, caracterizadas por recriminaciones cruzadas por supuestas fallas o virtudes en las trayectorias vitales. Los electores, en cambio, esperan que ellas muestren cual es su proyecto para Chile, y, en primer término, qué soluciones proponen para salir de la aguda crisis que atravesamos en distintos planos. Si en cambio, solo observan peleas pequeñas y mezquinas, se quedarán, una vez más, sentados en sus casas. Y no hay medida que pueda remediar esto.

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