Un sol negro como motor del desarrollo

Eclipse en Coquimbo


Se fue julio. Mes agitado para los astrónomos debido al eclipse total de sol que sobrevoló el desierto de Atacama y por la conmemoración de los 50 años de la llegada de la humanidad a la Luna. Si bien ambos acontecimientos aún están muy frescos en nuestras memorias, no es prematuro aventurar que este mes podría marcar un antes y un después para la ciencia en Chile. Según datos oficiales, un millón de personas vivenciaron la extraordinaria experiencia en la zona de totalidad y otros 16 millones pudieron disfrutar de un eclipse parcial a lo largo del país. Sin duda, el eclipse del 2 de julio fue el hecho científico más masivo de nuestra historia. Tras esta convocatoria no solo estuvo la naturaleza, sino toda una disciplina que preparó a la ciudadanía para observar el eclipse, hacerlo de manera segura y entender los fenómenos perlas de Baily, sol negro, corona solar y anillo de diamante.

Como investigador, académico y ex presidente de Conicyt, he conocido el ecosistema de la ciencia en el país desde diferentes ámbitos. Por eso que me atrevo a invitar a todos los actores sociales y políticos a aprovechar este empuje del eclipse y ponernos a debatir sobre el Chile que queremos para el futuro. ¿Cuál será nuestra estrategia de desarrollo para los próximos años? La ciencia es la piedra angular de aquello, y el Ministerio de Ciencia que está próximo a entrar en marcha otorga la oportunidad de capitalizar la virtuosa relación que se fraguó entre ciudadanía, ciencia y medios de comunicación conscientes de su importancia, para conducir este ineludible debate.

La única salvedad es que este desafío no sea protagonizado solo por científicos. Se requiere una mirada integral, con el aporte de toda la sociedad. Desde el más connotado científico hasta los ciudadanos de a pie, como los más de ocho mil que se dieron cita con la ciencia y la historia en Incahuasi, cuya directora de la escuela unidocente me comenta: "de no haber nadie, a un mar de gente, y de pronto, en un abrir y cerrar de ojos, de nuevo nadie". Con justa razón, ella debe preguntarse: ¿qué legará el eclipse y la ciencia a nuestra comunidad minera más allá de los emotivos recuerdos del 2 de julio de 2019?

Al comienzo de este artículo vinculé el eclipse con la llegada del hombre a la Luna. ¿Qué tiene que ver eso con la invitación al debate que planteo? Sencillo, para que Neil Armstrong posara su pie en la Luna, Estados Unidos debió desarrollar muchos experimentos que luego derivaron en aplicaciones prácticas, que son útiles en las cosas más sencillas que usamos cotidianamente. Nuestro desafío es ese: cómo somos capaces de entender la ciencia como aporte al desarrollo y no como una industria de papers. Los niños de la escuela de Incahuasi nos lo demandan. Ojalá para el eclipse de 2020 tengamos una hoja de ruta hacia ese destino, para que la temporada de eclipses 2019-2020 marquen un antes y un después para Chile.

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