Opinión

Un incierto 2026 en la economía

La economía crecería en principio en 2026 entre 2 y 3%. La impulsarán la inversión y condiciones externas moderadamente favorables. El problema es que existen riesgos vinculados a cambios bruscos en la política fiscal.

Ha habido altibajos desde la contracción de fines de 2019 por la crisis social, seguida de una caída del PIB de -12,6% en el segundo trimestre de 2020 por la pandemia, y luego una rápida recuperación en el segundo semestre y muy buenas cifras en 2021. El crecimiento de 11,3% fue empujado por el consumo de los hogares, cuyos ingresos aumentaron transitoriamente por los retiros desde AFP y los bonos. El sobreajuste monetario y fiscal posterior provocó caídas del PIB en los cuatro trimestres de 2022, con una expansión posterior del orden de 2,5% anual, con oscilaciones.

La demanda externa ha vuelto a contribuir al crecimiento, completando en el tercer trimestre de 2025 ocho trimestres seguidos de aporte al PIB por el lado del gasto, luego de frecuentes períodos contractivos desde 2018. Pero cabe recordar que en la estructura productiva predominan los servicios, con un 68% del Producto Interior Bruto. La industria suma solo un 10%, la minería un 8% y la agricultura un 4%, a comparar con el 16% constituido por los servicios financieros y empresariales, el 15% de los servicios personales (educación y salud) y el 14% del comercio. Esto tiene una consecuencia: es la demanda interna la que dinamiza buena parte de los servicios y, por tanto, el PIB agregado y el empleo. El mejor precio del cobre no aumenta su producción, aunque ayuda a mejorar la cuenta corriente, la inflación -a través del tipo de cambio- y las cuentas fiscales (aunque se echa de menos una regalía mayor frente a los altos precios actuales).

La demanda interna disminuyó con la contracción monetaria y fiscal en 5 trimestres seguidos entre el inicio de 2022 y el de 2023. Ahora se han completado 5 trimestres de expansión luego de su reversión parcial. Pero sigue siendo inferior a la registrada en el cuarto trimestre de 2021. Esto explica buena parte del lento crecimiento y el retraso acumulado en la creación de empleo.

El año 2025 cerró con un crecimiento algo inferior al de 2024. La persistencia de problemas en la minería y la política monetaria restrictiva son los factores que siguen lastrándolo. La tasa de interés de política monetaria ha bajado pero sigue en niveles contractivos, según los propios criterios del Banco Central, aunque la inflación está establemente controlada. El consumo de los hogares (62% del PIB, su principal componente por el lado de la demanda) viene bajando su ritmo de expansión, aunque el aumento de las pensiones y el salario mínimo ayudarán a sostenerlo. Pero el consumo de gobierno (17% del PIB) recibirá un embate a partir de marzo, según lo anunciado. Se busca crear espacio fiscal para bajar el impuesto a las utilidades y a los bienes raíces y crear un “shock de confianza”, que existe sobre todo en la imaginación de los economistas liberales. La economía ya presenta un buen panorama de inversión en minería y energía, lo que depende de decisiones de largo plazo de las empresas. Pero si se producen bajas de gasto público en infraestructura y vivienda, la dinámica de la inversión se resentirá, como también lo hará el consumo con despidos masivos de funcionarios y restricciones en las remuneraciones. Este es el principal peligro para la economía en 2026.

Por Gonzalo Martner, Facultad de Administración y Economía USACH

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