Cómo enfrentar una separación cuando todavía se ama




“Mi ex marido fue la persona más importante de mi vida porque fue el primero y único hombre con el que he estado. Cuando lo conocí, él me hizo creer que era la pareja con la que siempre había soñado. Recuerdo que me leía poesía y los dos éramos vegetarianos. Era realmente encantador. Pololeamos nueve meses y, al año, decidimos casarnos.

Pese al amor que sentía por él, mi relación fue difícil porque sufrí mucho a su lado. Cuando le conté que seríamos padres su reacción no fue la mejor: me dijo que quería disfrutar más tiempo a solas. Viví mi embarazo en soledad, porque casi no pasaba a mi lado.

Pasó el tiempo y nos separamos. Fue muy triste, no podía dejar de llorar y por un largo tiempo tuve la ilusión de que volveríamos, pero eso no ocurrió. Finalmente, decidí comenzar a vivir por mi hijo, mis padres y por mí. Al crecer, mi hijo se fue a vivir a Santiago y yo me dediqué a cuidar a mis papás. Cuando ellos murieron, me quedé sola en mi casa y tuve que comenzar una nueva vida.

Cada cierto tiempo viajo a ver a mi hijo a Santiago, y en esta nueva etapa he aprendido a quererme, a darme gustos y a viajar. Tuve la oportunidad de rehacer mi vida con hombres buenos, pero los rechacé a todos porque me quedé sin ganas de volver a sufrir”, cuenta Miriam Guerrero (70).

Buscar alivio en la separación

La experiencia de separación de Miriam es posiblemente la historia de muchas mujeres que han enfrentado el término de una relación, estando todavía enamoradas. “Es difícil por hartas y diversas razones”, explica Alejandra Bernal, psicóloga y terapeuta de pareja. “Primero, porque aunque se separaron de común acuerdo, hay un proyecto roto y eso genera mucha pena. Además, se dejan atrás algunas costumbres, espacios que ya no van a existir y nuevas rutinas donde estarán excluidos de participar”.

Según Paulina Pérez, psicóloga de Vidaintegra, separarse enamorada puede llegar a ser un dolor tan grande, que incluso hay estudios que demuestran que cuando ocurre, en el cerebro se activan las mismas zonas que en el dolor físico. “Al principio de la separación, la persona segrega cortisol que la hace estar en un estado de tensión psicológica y física; luego viene el duelo compuesto por el dolor emocional, la negación, rabia, episodios depresivos y otros. En esta fase pueden haber angustia, llantos sin control, necesidad de saber de la otra persona, obsesión con la expareja, baja autoestima, miedo a la soltería, sensación de fracaso y soledad; y en la última etapa, la persona se adapta a la nueva realidad sin esa pareja. Es un proceso difícil, pero se supera”.

Los expertos recomiendan que las familias y amigos sean los principales contenedores de las personas separadas. ”Frente a un estado tan complejo como lo es un quiebre amoroso es necesario apoyar desde una escucha activa, dar un espacio seguro donde el otro sienta la confianza para expresar sus emociones y pensamientos sabiendo que no será juzgado. Es importante no preguntar detalles, descalificar a la ex pareja ni menos utilizar frases como: ‘No te merecía’, ‘ya conocerás a otra persona’ o ‘hay que dar vuelta la página’. Estos mensajes no generan alivio, sino todo lo contrario”, aconseja Ivonne Maldonado, académica de la Escuela de Psicología de Universidad de Las Américas (sede Concepción).

Cómo superarlo

Una de las separaciones más complejas es cuando todavía hay amor. En estos casos, el duelo es más largo y el proceso de sanación se vuelve cuesta arriba. “A veces la pareja era un lugar para estar a salvo, incluso de una misma. Entonces una buena idea es empezar a explorar esta nueva condición, reconocer las cosas que a la persona separa le gustan hacer, ver cómo ha cambiado, reencontrarse con un mundo social dejado de lado por estar en pareja. Escribir es una buena forma de sanarse, llevar una especie de bitácora sobre este nuevo estado es una idea que habla de un viaje, de un proceso de descubrimiento y de nuevas historias”, dice Alejandra Bernal.

También es importante reconocer ese amor como algo que ocurrió y transformarlo en una historia mejor contada. “Desde mi punto de vista, la reconciliación es lo que nos lleva a soltar la historia y permitirnos otras. Un bonito rito es agradecer la pareja que fuimos, lo que construimos, lo que aprendí del otro, es decir, darle un lugar honorable a esa historia para sentir que valió la pena estar juntos. Esto lo hago mucho en las terapias”, explica Bernal

Al respecto, Ivonne Maldonado sostiene que la imposibilidad de pasar a otra etapa de la vida limita a las personas a experimentar con otras parejas emociones positivas y placenteras. Estar atrapada en una emocionalidad así, explica, limita la libertad, la autonomía, la capacidad de decidir conscientemente. Para superar una etapa como esta, la terapeuta aconseja algunas decisiones de vida que se deben tomar:

  • Intentar sacarse el filtro que no permite ver la realidad tal cual es. Comenzar a darse permiso para ser feliz y disfrutar de pequeñas cosas que generan alegría o placer. Si a la persona le gusta escribir, se puede registrar día a día aquello que le brindó placer, alegría o felicidad, que puede ser desde comerse un trozo de chocolate hasta disfrutar de la ducha en la mañana o el abrazo de los hijos. Cuando pase un mes se pueden leer.
  • Identificar todos los pendientes personales. Juntarse con amigas y agendar una visita al médico pendiente.
  • Imaginarse en un año más. Visualizar qué se quiere lograr, cómo y dónde se quiere estar. Escribirlo y dejarlo en un lugar seguro donde se puedas leer con tranquilidad y recordar esa meta.
  • Dejar de idealizar. Si aún se está enamorada, quizás es preciso que confrontar con la realidad, es posible sobredimensionar o sobrevalorar las características de una persona que legítimamente no es perfecta.
  • Si la angustia, la desesperanza o la tristeza son invasivas e imposibilitan continuar con las actividades diarias consultar aun especialista del área de la salud mental. Algunas veces es necesario pedir ayuda profesional para poder avanzar.

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