Criar a un adolescente: la maternidad primeriza de la que poco se habla




“Después de todos estos años de maternidad, me vuelvo a sentir una total y absoluta primeriza” escribía hace poco la periodista y madre de cinco hijos entre 4 y  16 años, Marcela Kaftanski, en una columna donde confesaba el desconcierto que le producía la reciente adolescencia de sus hijas mayores. Esas niñas apegadas y cariñosas que ahora se encierran en su pieza, no le hacen caso, se enojan hasta porque respira y parecen no escucharla. No parece, lo dice la ciencia: según una investigación de Stanford el cerebro de los jóvenes a partir de los 13 años se desconecta de la voz materna para tomar atención a otras desconocidas, algo totalmente normal dentro de su proceso de maduración, pero que puede significar un duelo para madres y padres.  El hecho de que no escuchen, de todas formas, es solo una puerta de entrada a otros temas más desafiantes: el uso de redes sociales, el amor, el comienzo de la sexualidad o las primeras incursiones en el alcohol o las drogas. La periodista y productora Rita Cox, quien hace unos años hizo otra columna al respecto, hoy, con una adolescente de 16 años, advierte que no es nada de fácil, pero que entre el desconcierto, el miedo y la pérdida de la paciencia también está la oportunidad de conocer a esa persona que se está formando, esa identidad distinta a la de ella, de la cual también tiene mucho que aprender. “Cada etapa que mi hija comienza, un pedazo de quien era queda atrás, de alguna forma muere. Y eso significa también para mí una resurrección, porque tengo que ser la misma madre y también una nueva”. Paradójicamente, Rita, al igual que Marcela, también siente esta etapa como si volviera a ser una madre primeriza. “La primera etapa de la maternidad hasta los 2 años chupa mucho, uno no duerme nada, yo lloraba de sueño, pero creo que la adolescencia es igual de exigente, por la cantidad de energía y atención que requiere y porque de nuevo se duerme poco, pero ahora por miedo a que les pase algo”.  En Chile, según las proyecciones de población realizadas por el INE, existen actualmente más de 2.7 millones de jóvenes entre 15 y 24 años, lo cual representa el 13,9% de la población total del país; es decir, millones de padres y madres como Rita y Marcela que hoy es están preguntando cómo cuidar de sus hijas e hijos sin que se sientan sobreprotegidos, cómo ponerles límites sin transgredir sus decisiones propias, cómo respetar su individualidad sin dejarlos a la deriva y cómo establecer comunicación si la brecha generacional parece ser tan grande. La psicóloga Helga Delgado, especialista en niños, niñas y adolescentes, nos da algunas luces sobre cómo enfrentar esta difícil etapa en la relación madres-padres/ hijos e hijas.

¿Qué es la adolescencia en términos psicológicos?

Es una etapa de la vida donde la persona se prepara para ser adulto, tanto a nivel físico como psicológico y social. A nivel interno este deseo de autonomía e independencia se vive como un proceso marcado por la caída de identificaciones de la infancia que se asociaban originalmente a los padres, a ese discurso que de alguna manera otorgaba un lugar. El adolescente desdeña eso en vías a construirse como individuo, con un lugar y una identidad propia, produciéndose esta separación y diferenciación con lo procedente y por lo tanto, generando cambios y desencuentros con el funcionamiento familiar que operaba hasta ese momento. En este sentido es como si el adolescente pasase de una posición pasiva (al haber adoptado los modelos familiares) a una activa en la búsqueda de nuevos y diversos modelos identificatorios, distintos a los familiares. Esto, en ocasiones, puede asustar un poco a los padres.

¿Qué cambia en la relación con ellos?

Todo este proceso de tránsito desde el mundo infantil hacia encontrar un lugar con una identidad propia genera cambios en el vínculo padres-madres hijos/as/es, producto de esa caída de identificaciones infantiles. Es por esto que podemos observar cambios como el distanciamiento o el aislamiento, la oposición o rebeldía, la negación o represión... modos de defensa o diferenciación, que velan la construcción del propio Yo. Si bien es bueno entender la adolescencia como un proceso, podríamos pensar que el adolescente empieza a buscar las respuestas a sus preguntas ya no al interior de su familia, sino que afuera. Esto genera un impacto en los padres, y también una respuesta, por lo que ellos, a su vez, tienen que vivir un proceso propio, que en este caso, implica abandonar parte de las expectativas propias que se tenían puestas en los hijos. Esto es también un duelo que hay que vivir.

¿Cuáles son los temas, actitudes o palabras, que más irritan a los adolescentes de parte de sus padres o madres?

Si hay algo que irrita es cuando la familia mantiene atribuiciones o significaciones antiguas, infantiles, las cuales ya hemos dicho que el adolescente quiere abandonar, ya no se siente representado en ese lugar, está más cerca de querer apropiarse un lugar en el mundo adulto. Algun ejemplo representativo que puede verse en la consulta, es cuando el adolescente se siente descalificado o juzgado porque sus elecciones no son valorizadas, entonces puede vivirse como un rechazo; " ya va vas con esos amiguotes tuyos”, o “baja esa música escandalosa” o también podríamos hablar de las bromas o “tallas” hacia elecciones, intereses o esa nueva identidad que va evolucionando en el tiempo. Otros ejemplos típicos son los piercing, la ropa, corte de pelo, ese estilo que empieza a seguir el adolescente, y que seguramente, va a irritar a los padres. Es un momento donde muchos aspectos de la vida socioemocional y “valórica” por así decir, del adolescente se están poniendo en cuestionamiento, y no cualquier cuestionamiento, sino uno muy existencial; sobre quiénes son y qué desean... Y bueno, los padres de afuera viven otro proceso, hay desencuentro, pero también pueden haber otras cosas si vamos haciendo proceso también; escuchando de otra manera, respetando aunque duela, reflexionando sobre lo que tienen que decir.

¿Cuáles son los principales errores de crianza en esta etapa?

Es importante considerar aquí, a modo comprensivo, que existen diversos estilos de crianza los cuales generan modos de interacción y funcionamiento familiar distintos, que pueden dar lugar a conductas de mayor o menor temor, inseguridad, contención, control, comunicación o flexibilidad. Algo importante que va a incidir en el vivenciar de este proceso es qué tanto son capaces de asumir y elaborar estos cambios; qué tanto tolero la distancia, o la falta de control, qué tanto son aceptadas o valorizadas las temáticas al interior de la familia, qué tanto acepto de ese hacer experiencia de, o si se puede o no asumir la diferencia con respecto a las expectativas que se tenían. Todo esto puede llevar a numerosos desencuentros, traspiés, condoros, crisis... errores. Unos más graves que otros, casi todos sabemos de esos errores, es bueno asumirlos y dejar de negarlos. Esto en asociación con lo idealizadas que se pueden encontrar algunas maternidades o paternidades, o lo flexibles o rígidos, respecto de un ideal; de hijo, de familia, de perfección... que al no cumplirse en su totalidad, genera conflicto, culpa y frustración.

¿Crees que hay algo particular de los adolescentes de hoy, en comparación a la adolescencia de sus padres, que hace más dificil llevarlo?

Sin duda las redes sociales son un tema sensible porque se puede exponer algo masivamente que antes no, o se puede contactar con personas, o con adultos, donde uno no se da cuenta de quién tiene enfrente realmente. Por lo tanto es importante que padres y madres puedan hablar de esto con sus hijos, y respecto a la libertad y al uso que se le va dar, según la edad. Y ahí entraríamos de  lleno con el tema de los límites, y en esto, en la adolescencia particularmente, hay que hacer el proceso de soltar, como padres. A veces lo que los irrita es también el excesivo control.

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