La sexualidad, una víctima olvidada del cáncer




A Karla Moraga (41) le costó reconocerse en el espejo tras la mastectomía a la que se sometió en marzo de 2021. Sin pelo, hinchada por los medicamentos contra el cáncer de mama, con cicatrices y el pecho plano, la imagen que le devolvió el cristal era muy distinta a la que estaba acostumbrada a ver.

Y por dentro también se sentía distinta, en todo sentido. Había hablado con sus médicos sobre los efectos secundarios provocados por el tratamiento. Pero nadie le había detallado cómo su vida sexual, muy importante para ella, iba a sufrir un cambio radical.

“El primer año de enfermedad fue muy difícil. Creo que me habré acercado a mi marido unas dos veces. Me pegó duro porque yo era súper activa. Era un tema muy importante para mí, nunca fui reprimida, he vivido mi sexualidad muy cómodamente”, cuenta Karla, casada desde hace 12 años.

Un tratamiento tan agresivo como el del cáncer de mamá altera el cuerpo y afecta a la autoestima.

“El tema de perder el pelo es muy complejo. Hay una identidad de por medio, a mí me costó mucho reconocerme. Te hinchas con los remedios, subes de peso. Y después de la mastectomía es mucho peor. Es muy difícil sentirse sexy o sensual, dejar que él me tocara o me viera desnuda cuando ni yo me quería ver desnuda”, cuenta Karla.

También sufrió otro tipo de complicaciones como sequedad vaginal y una pérdida importante de la libido. Y en ese proceso, Karla sintió que le faltó más orientación para afrontar los cambios, que la sexualidad era una especie de tema tabú en las consultas oncológicas, un territorio donde ninguna de las partes se atrevía a hacer preguntas.

“Por dar un ejemplo, hay un montón de lubricantes que no puedo usar porque tienen estrógenos. Cuando un médico finalmente me recomendó uno, lo busqué en cinco farmacias hasta que lo encontré y fue súper útil. No entiendo por qué no me lo recomendaron desde el principio, por qué no se habla de sexualidad”, dice.

Las únicas veces que le hablaron de ese tema fue cuando se abordó la fertilidad, un asunto que a ella no le concierne, ya que decidió hacer varios años que no quería tener hijos.

Poco abordado

La sexualidad es muy importante para la calidad de vida de las personas, asegura la psicooncóloga Daniela Paz Rojas, directora ejecutiva de la corporación Yo Mujer. Pero eso no se traduce en intervenciones enfocadas en abordar el tema con los pacientes. Tampoco hay muchas investigaciones al respecto.

“Tenemos una medicina muy enfocada en ‘derrotar’ a la muerte y ‘luchar’ contra la enfermedad. La supervivencia pasa a ser el objetivo clínico fundamental y eclipsa otros temas como la sexualidad y el bienestar emocional”, explica.

Según Rojas, un 40% de los pacientes oncológicos van a tener alteraciones de la sexualidad, y sin embargo sigue siendo un aspecto que se pregunta y aborda poco. Un error, en su opinión, ya que hay estudios que comprueban que en estos casos la sexualidad funciona como un bálsamo frente a la angustia. “Te conecta con la vida y te da un sentido de normalidad dentro de una realidad que puede ser muy drástica”, dice.

Para la experta es importante empezar a abordar este tema, pero desde una mirada mucho más amplia: “No se habla de la sexualidad y cuando se habla se hace desde la frecuencia del orgasmo, desde la frecuencia del coito y desde la temática reproductiva. La sexualidad es algo mucho más amplio, es una dimensión del ser humano que te permite vincularte contigo mismo, con el otro”.

“Vivimos en una sociedad que entiende el sexo desde el coito. Pero todo acercamiento es sexualidad. Hay una multiplicidad de conductas por las cuales se vivencia la sexualidad humana”, dice.

En el caso de Karla, después del cáncer, tuvo que aprender a vivir la sexualidad de una forma diferente a cómo la entendía antes de enfermarse.

“Se tuvieron que invertir un poco los roles. Antes yo era la que buscaba, ahora necesito mucha estimulación”, cuenta. “También es importante darse cuenta de que la sexualidad no es solo penetración, que no siempre tiene que llegar al orgasmo. Empezamos a acercarnos de nuevo, a regalonear, a acariciarnos. Fuimos de a poco tomando confianza nuevamente. El apoyo de la pareja es fundamental. Pero hay que comunicarse mucho”.

La enfermera matrona Lorena González recibió un diagnóstico de cáncer de mama en 2020, en plena pandemia. Ese mismo año le realizaron una mastectomía de la mama derecha y luego quimioterapia y radioterapia. “Fue un terremoto grado 20. Como sé de qué se trata, los términos, entendía perfectamente mi situación. Fue un atentado a mi feminidad, a mi sexualidad”, recuerda.

En enero de este año volvió a trabajar, pero aún carga con un trauma por la enfermedad. “Lo he hablado con varias amigas que están en la misma y es un tema que uno no aborda, porque la sexualidad se vive en un plano privado. No preguntas por eso al médico, le preguntas por tu enfermedad, por la metástasis”, dice.

Además de los dolores físicos, su autoestima se vio muy dañada en el proceso. “Los médicos buscan sacar todo, pero en ese sacar la estética no es tema. Uno se ve enfrentada a un cuerpo mutilado, es un cambio muy grande”, dice. Recibió mucho apoyo de su pareja de ese tiempo, pero para ella los cambios físicos llegaron a ser una traba. “Tuvimos que resignificar la sexualidad. Adecuarnos al dolor, al pudor”, cuenta.

A pesar de los avances que se han hecho en las técnicas terapéuticas, estas siguen teniendo un impacto directo en el cuerpo y la autoimagen de las personas, dice Rojas. “El pelo, la mama, son símbolos de la belleza, feminidad, juventud, y erotismo en la sociedad. Cuando se pierde hay una sensación de inseguridad, de haber perdido el atractivo, de dejar de sentirse deseado por el otro o perder una parte de lo que es ser mujer. Esto se puede vivir de una forma muy violenta”, asegura.

Además, muchos de los medicamentos influyen en la función sexual, provocando menopausia precoz, baja de libido, sequedad vaginal, cansancio e interferencia emocional, explica la experta.

Hay salida

Ahora Lorena no está en pareja y ve lejano el poder relacionarse con alguien más allá de una amistad. Cuando llega el momento de dar ese paso, se bloquea. “Da vergüenza, son tantas las cicatrices que hay que sanar”, dice. Pero lo ve como parte de un proceso que tiene que vivir para reconvertirse desde el punto de vista físico y psicológico, y cree que hay muchos más recursos que se pueden ir explorando.

A quienes están pasando por esta enfermedad o incluso a quienes se están recuperando de un cáncer, Rojas aconseja hacer una evaluación honesta de cómo era su sexualidad antes de la enfermedad. “Hay circunstancias que se agudizan o quedan en evidencia durante el tratamiento”, asegura.

También para quienes tengan una pareja, o estén en búsqueda de una, es fundamental abrirse. “Hay muchas fantasías de lo que le pasa al otro, ideas que muchas veces están equivocadas. El paciente cree que esta nueva corporalidad va a influir en el deseo del otro y generalmente lo que le pasa al otro es que está preocupado por su enfermedad, y lo más probable es que el deseo persista, pero se vive con mucha culpa”, dice.

Para la psicooncóloga es fundamental que las personas que estén atravesando esta enfermedad se abran y hablen de sus emociones. “Hablar de cómo me siento con mi cuerpo, con el estar juntos, con la posibilidad de tener un encuentro sexual y de qué le pasa al otro”, dice.

Y lo mismo con los médicos. “Hay que normalizar la preocupación con la sexualidad. Es legítima y se ve afectada por los tratamientos. Y cuando se trata de un problema mayor o nos enfrentamos a algo que es más complejo, hay que pedir ayuda”, asegura Rojas.

Según ella, se puede vivir una vida sexual sana a pesar de la enfermedad, pero tiene que haber un cambio importante a nivel conceptual para mirar la sexualidad de una forma más amplia. “No se arregla mágicamente, pero sí se empiezan a acomodar las piezas de otras manera”, concluye.

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