Ser paranoica en tiempos de coronavirus: "Todas las mañanas me despierto pensando que puedo estar contagiada"

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"Vengo de una familia que arrastra varias enfermedades. Por el lado de mi papá y mamá, tengo tíos, primos y abuelos que han sido diagnosticados con algo grave. Algunos lograron recuperarse, sin embargo, otros no corrieron con la misma suerte. Esto podría llevar a pensar que somos muy preocupados por nuestra salud, pero no es así. La verdad es que soy la única paranoica de la familia que está en constante alerta frente a alguna amenaza. Y el hecho de que nadie vaya al doctor cuando se siente mal o se preocupe realmente, me termina estresando aún más. Porque de alguna u otra forma, siento que debo cumplir con el rol de monitorearlos.

Afortunadamente, supe que el coronavirus llegó a Chile cuando estaba en la consulta médica de una otorrinolaringóloga. Y en ese mismo instante empecé a sentir los primeros síntomas. Por suerte pude responder gran parte de mis dudas con la doctora para intentar tranquilizarme. Y es que tengo asma alérgica, por lo tanto, estoy considerada dentro de los grupos de riesgo del virus. Eso es lo único que da vueltas en mi cabeza desde el 3 de marzo. "Paz, no te puedes enfermar porque si te contagias, hasta aquí llegas", me repito constantemente. A partir de ese día el termómetro, el alcohol gel, las bebidas calientes y los desinfectantes se convirtieron en mis mejores aliados. Además, mi espacio se redujo a la pieza, el baño y la cocina. Solo en caso de que sea extremadamente necesario salgo al patio a tomar aire. Con mascarilla, por supuesto.

Ser alarmista en este contexto implica que todas las mañanas me despierte sintiéndome un poco mal, pensando que puedo estar contagiada. No sé de quién, si no salgo hace casi tres semanas y le tengo prohibido a mi mamá, con quien vivo y es la mujer más porfiada que conozco, hacerlo. Pero como soy alérgica a miles de cosas, suelo despertarme congestionada. Lo primero que hago es chequear si me cuesta tragar, me tomo la temperatura y parto al baño a lavarme las manos. Después, agarro mi celular y me pongo a absorber información como loca. He leído todo lo que ha salido del virus, desde su historia hasta las recomendaciones y fake news. Y por supuesto que le hago caso a todo lo que dicen los expertos y a los que no lo son tanto.

Por ejemplo, se supone que las cosas calientes matan el virus –a estas alturas no sé si es mentira o verdad– pero ya debo tener una parte de la garganta quemada de tanto tomar té. Y lo mismo con el alcohol, por lo que los enjuagues son bien recurrentes. También soy extremadamente cuidadosa con las cosas que me llegan de delivery. No me pido comida preparada porque sé que la voy a terminar envenenando con tanto desinfectante, sin embargo, sí me preocupo de echárselo a todo lo demás. Y cuando digo todo, es literalmente todo. Hubo solo una vez que mi mamá aprovechó de salir mientras yo trabajaba y cuando llegó terminamos peleadas porque le puse alcohol hasta en los ojos. Ahora nos matamos de la risa recordándolo, sobre todo porque está lleno de videos virales con gente como yo. Los que obviamente me llegan todo el rato por parte de mis amigas y mi familia.

A veces siento que voy a terminar atrayendo la enfermedad por el simple hecho de pensar todo el en ella. Ya me ha pasado algunas veces. Pero hay una parte de mí que no puede soltar ese sentimiento. Sé que no está bien, que no es normal, y también soy consciente de todas las cosas que me he perdido por este pánico. He vivido tan de cerca despedidas de personas importantes por culpa de un diagnostico tardío, que me niego a ser irresponsable con mi salud. Y creo que, en este caso, es algo que sí está en mis manos evitar. Coronavirus, por favor, no pases por aquí".

María Paz García tiene 28 años y es diseñadora.

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