Salud mental en niños y adolescentes: ¿Preparados para el desconfinamiento?

En los últimos meses, niños, niñas y adolescentes se han tenido que adaptar a una nueva realidad que probablemente se extenderá en los próximos meses. La falta de contacto con sus pares, los vínculos virtuales y las diferentes realidades socioeconómicas los exponen, en distinto grado, a situaciones de angustia, ansiedad, más ensimismamiento e inseguridad. ¿Cómo se encuentran para enfrentar un eventual desconfinamiento? ¿Cómo les afecta la idea de terminar con el encierro? Daniela Becerra, psicóloga clínica y terapeuta familiar, directora del Centro 1006, aborda estas dudas y entrega algunas recomendaciones para los padres y cuidadores.




Según los casos familiares que has atendido, ¿cómo has visto afectada la salud mental de los niños, niñas y adolescentes?

Las realidades familiares son muy distintas, no sólo por variables relacionales, sino también por la situación socioeconómica de cada una y la precarización que viven. Estas diferencias son muy importantes, porque exponen a sus miembros a niveles de sufrimiento y estrés diferentes. La sintomatología de los niños, niñas y adolescentes dependerá de las particularidades de sus familias y la salud mental de sus miembros, de si han sufrido pérdidas o cambios abruptos, de las características del lugar de confinamiento y la personalidad del niño o adolescente. Considerando estos factores, lo que más hemos observado es la sintomatología ansiosa-angustiosa, que a veces puede requerir un tratamiento farmacológico y psicoterapia. Es necesario que los cuidadores estén atentos a cambios significativos en hábitos de sueño, alimentación, conductas autolesivas, mayor irritabilidad, ensimismamiento y a la emergencia de contenidos más “depresivos” en sus conversaciones, dibujos o juegos, que puedan asociarse con ideaciones suicidas. Hay que recordar que los procesos de socialización con sus pares son primordiales en esta etapa y que ayudan al desarrollo de emociones cruciales para el desarrollo de todo aprendizaje, porque sin emoción no hay aprendizaje. Por lo tanto, es probable que el rendimiento escolar se vea afectado y que la motivación disminuya o fluctúe significativamente.

¿Cómo la realidad virtual a la que han tenido que acostumbrarse afecta su forma de vincularse con el resto?

Esta nueva realidad virtual sin duda ha tenido sus pros y sus contras. Si bien ha permitido que algunos de los niños y adolescentes puedan seguir con sus responsabilidades en el colegio y comunicándose con sus pares, no se compara en absoluto con lo que acostumbraban. Hemos observado casos de adolescentes que esta modalidad virtual los ha llevado a un mayor retraimiento, evitando conductas vinculares como compartir en cámara con sus compañeros o prender el micrófono para poder conversar online. En el caso de los adolescentes, es importante recordar que en esta etapa hay una búsqueda de identidad que los lleva muchas veces a compararse con sus pares a nivel físico o intelectual. El formato virtual los expone a situaciones en que pueden insegurizarse más de lo que podríamos observar en situaciones de relacionamiento presencial. Pero debido al formato es difícil de pesquizar y de abordar oportunamente. Eso aumenta la posibilidad de que emerjan problemas en la salud mental.

Ahora que en algunas regiones comenzó el proceso de desconfinamiento y se está hablando del fin de la cuarentena en la región Metropolitana, ¿cómo debe abordarse este tema en familia, sabiendo la ansiedad que puede producir en niños, niñas y adolescentes la idea de que se termine el encierro?

Es importante entregar un mensaje claro y verdadero. Es necesario explicar el significado de la palabra desconfinamiento y lo que conlleva, como inicio de ciertas actividades de forma parcial, apertura de ciertos comercios con estrictas medidas de seguridad, y que probablemente no podrán retomar las actividades que en marzo dejaron de realizar y que reencontrarse con sus pares será un proceso gradual que tomará tiempo. Con este tipo de mensajes se busca balancear las altas expectativas que pueden tener sobre la idea del desconfinamiento, que los puede llevar a imaginar que todo volverá a ser como antes y de manera rápida. Al comunicar esto, es probable que sus ansiedades y sus frustraciones se manifiesten con mayor intensidad: comportamientos más irritables, discusiones, problemas para dormir o concentrarse, dolores de cabeza o estómago, temor o preocupaciones recurrentes de lo que realmente va a pasar con sus actividades o amigos, entre otras. Seguramente todas estas reacciones requerirán de un buen manejo por parte de los cuidadores, y eso implica tener la capacidad para clarificar, contener, acoger y acompañar el retorno progresivo de los niños y adolescentes a sus actividades sociales cotidianas.

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