Susana Searle, reconstructora de identidades




El cambio es radical. Una mastectomía, la cirugía donde se extirpa todo el tejido mamario de una mama como forma de erradicar o prevenir la vuelta del cáncer, termina siendo para muchas de quienes la viven una mutilación del propio cuerpo. Y también de aquello que nos han dicho a las mujeres que nos hace ser femeninas. Pero la identidad perdida puede recuperarse. Susana Searle, especialista en cirugía plástica y reparadora en Red de Salud UC CHRISTUS, es una de las profesionales que acompaña en el camino de la reconstrucción mamaria, un recorrido en el que ha sido testigo de cómo se puede recuperar la autoestima de pacientes que llegaron abrumadas y temerosas a someterse a otra gran cirugía.

Erradicar el cáncer no es tarea fácil: toma tiempo, dinero y es agotador física y emocionalmente. En este camino, el proceso de reconstrucción mamaria toma protagonismo por el peso que tiene en la autoestima y el sentido de femineidad que les otorga a muchas pacientes, dice la cirujana. El problema es que involucra una, dos o varias cirugías más, un escenario abrumador para quienes han pasado por semanas muy intensas en las que se las ha diagnosticado una enfermedad violenta que amenaza sus vidas. Y es ahí donde muchas desisten y, pese a que sí lo desean, no reconstruyen sus mamas. En ese escenario es que cirujanos y cirujanas guían y contienen a sus pacientes. Acá, Susana nos cuenta cómo.

¿Cómo se enfrenta el miedo, la ansiedad y el nerviosismo que pueden sentir las pacientes que ya se han sometido a una mastectomía, pero que quieren hacerse una reconstrucción mamaria por los beneficios que eso significa para sus vidas?

La primera consulta es bien abrumadora para la paciente. Vienen de un proceso de días o semanas muy intensas. Hace días o semanas estaban sanas y de un momento a otro pasaron a tener una mamografía alterada, empezaron con biopsias y siguieron las malas noticias. Esa primera instancia es de contención, de apoyo y de explicarles que siempre existen opciones de reconstrucción, ya sea en el mismo momento de la mastectomía o en una cirugía posterior. Muchas veces hay que guiarlas en la decisión porque están muy agobiadas con tanta información. Nuestro rol en ese momento es resolver sus dudas y ayudarlas a manejar sus expectativas explicándoles las etapas que vienen. Tratamos de ayudar a que manejen el stress y la ansiedad.

¿Cuál es la mayor motivación de las mujeres para someterse a una reconstrucción?

Si bien es un proceso largo, creo que las mujeres se deciden por el camino de la reconstrucción para volver a “sentirse mujer”, para recuperar su identidad, su corporalidad femenina, su autoestima. Sin duda la reconstrucción es un es un camino muy gratificante tanto para la paciente como para el cirujano. Son muchos meses donde nos vemos muy seguido y se va viviendo el proceso junto con las pacientes. Se logra percibir como la paciente va recuperando su autoestima y cómo les mejora muchísimo la calidad de vida.

¿Qué involucra el proceso de una reconstrucción mamaria?

El camino del tratamiento de cáncer de mama es largo y el proceso de reconstrucción mamaria es parte importante de él. Primero converso con ellas acerca de los objetivos de la reconstrucción, que puede ser, por ejemplo, volver a construir una nueva mama que tenga un volumen lo más parecido a su mama original. Pero hay que manejar bien las expectativas porque no se puede reconstruir una glándula mamaria funcional que permita lactancia o que tenga la sensibilidad de una mama nativa, por ejemplo.

Lo otro que siempre les explico es que la reconstrucción es un camino largo, un proceso de múltiples etapas. Aunque comience junto a la mastectomía, no se sale de pabellón con una nueva mama reconstruida completamente. De hecho, según la técnica puede ser un proceso de dos, tres o más cirugías desde el inicio hasta terminar todas las etapas de reconstrucción, que son primero la reconstrucción de la mama, luego de la areola y el pezón y finalmente cirugías de retoque y mejoramiento de los resultados. A veces hacemos hasta una cuarta operación para simetrizar la otra mama, para que las dos se parezcan lo más posible. También están involucrados ciertos procedimientos como las expansiones semanales o bimensuales del expansor, que son como unos globos desinflados que se ponen detrás del músculo y uno los va inflando hasta lograr un espacio detrás del músculo para poner un implante definitivo. En la Católica tenemos la ventaja de tener equipos de cirujanos que hacen sus trabajos por separado, la mastectomía y la reconstrucción, pero en una misma cirugía, lo que nos permite coordinar de la mejor manera y así lograr un muy buen resultado.

¿Existen nuevas técnicas para hacer de esta nueva mama lo más natural posible?

Existen distintos tipos de reconstrucciones, como el uso de expansores que luego se cambian por implantes, el uso de tejido propio del cuerpo para reconstruir la mama, el uso de un músculo de la espalda con implante o el uso de “matrices”, que son unas mallas especiales para cubrir implantes y que permiten hacer la reconstrucción inmediatamente durante la mastectomía. Cada alternativa tiene su indicación y contraindicación. Si bien la decisión de la técnica se toma en conjunto con la paciente, existen distintos aspectos que van a determinar si es factible una u otra técnica, como la necesidad de radioterapia en el periodo post operatorio, antecedentes de cicatrices y cirugías anteriores o las características de la mama nativa, cuando se busca simetría. En general, siempre hay alguna alternativa de reconstrucción para cada caso e incluso cuando una técnica ha fallado, existen otras opciones.

¿A qué dificultades se enfrentan?

Cada vez son más las pacientes eligen reconstruirse, y el hecho de que la reconstrucción mamaria sea parte del GES, es decir, que sea una garantía explícita de salud, ayuda a que todas tengas opción de reconstruirse. Sin embargo, pese a que cada vez más se reconstruyen, no todas la completan. Solo un poco más de la mitad de las pacientes llegan a la última etapa de la reconstrucción del complejo areola y pezón. Y es que ya no quieren entrar más a pabellón ni pensar en un procedimiento más. Les insisto que es importante reconstruir el pezón porque es como “la guinda de la torta”, el último gran detalle para poder cerrar el proceso de reconstrucción. Afortunadamente, existen en la actualidad alternativas que no requieren entrar de nuevo a pabellón como tatuajes e incluso, prótesis de silicona hiperrealistas.

El proceso también se alarga muchas veces porque entre medio las pacientes se tienen que hacer otras terapias para su cáncer como quimio y radioterapia, lo que nos obliga a interrumpir o retrasar algunas etapas de la reconstrucción.

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