Kast hace su primer apriete comunicacional al gabinete
En el último consejo de gabinete, en Cerro Castillo, La Moneda pidió a los ministros ordenar sus apariciones y les informó cómo se monitoreará su despliegue. Recuperar la confianza perdida de la ciudadanía en seguridad y empezar a mostrar resultados sectoriales, son los ejes de un ajuste comunicacional del gobierno, tras un complejo aterrizaje.

Le pidieron un análisis crudo y descarnado del arranque del gobierno. Y así lo hizo.
La mañana del viernes 22 de mayo, Roberto Izikson, gerente general de Cadem, llegó -en reserva- hasta el Palacio de Cerro Castillo, en Viña del Mar, para mostrar al Presidente José Antonio Kast y a su equipo político, con distintas gráficas, lo que a esas alturas era un hecho indiscutible: el rápido desgaste sufrido a solo dos meses del arribo a La Moneda.
Más tarde, en una de las amplias salas del palacio presidencial, el cientista político extendería su presentación a todos los ministros reunidos en un consejo marcado por el primer ajuste en su equipo, a solo 69 días de mandato. Un hecho con el que Kast rompió el récord -de 126 días- que hasta ese minuto ostentaba la primera administración de la expresidenta Michelle Bachelet.
Hubo espacio para preguntas y contrapreguntas.
La Moneda había decidido utilizar la mañana de ese viernes para fijar una nueva hoja de ruta -con el ministro del Interior, Claudio Alvarado, empoderado además como vocero-, fijar directrices y exigir al equipo ministerial un mayor despliegue en terreno y en el plano comunicacional.
La instrucción fue ampliar el abanico temático y hacer lucir la gestión, más allá de la economía y del proyecto de ley de reconstrucción, que han monopolizado la agenda del primer tiempo de gobierno.
En el duro diagnóstico de Izikson estuvo el fuerte impacto que tuvo en la popularidad del Presidente, la histórica alza de los combustibles a tan sólo 12 días de asumir, que lo llevó a bajar hasta 17 puntos en sus niveles de respaldo.
Un análisis que es compartido por el equipo ministerial.
“Nosotros sabíamos que con esa medida, responsable, pero impopular, estábamos girando en contra de la cuenta de ahorro del gobierno”, señala una fuente de palacio.
No fue lo único. Ante la mirada del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, el experto en opinión pública fue mostrando además -lámina tras lámina-, cómo el asunto de los combustibles y su impacto en la inflación, junto al áspero debate en torno a la megarreforma, que se tomó la agenda, había generado un nocivo caldo de cultivo para el gobierno.
El dato de mayor preocupación -sin embargo- fue otro: el elevado porcentaje de la ciudadanía que había apoyado al líder republicano, y que ahora se sentía desilusionada, incluso engañada, en materia de seguridad, la principal promesa de campaña.
La conclusión fue que los errores comunicacionales que habían terminado con la brusca salida -solo horas antes de la cita- de la ministra de la Segegob, Mara Sedini, y de su par de Seguridad, Trinidad Steinert, habían calado hondo en un electorado que había apostado por la mano dura prometida por Kast.
No todo fue negativo. La buena noticia entregada por Izikson fue que la oposición no había logrado capitalizar el accidentado arranque de la partida, aunque sí le había permitido reagruparse frente a la megarreforma, tras la dura derrota electoral.
La otra fue que había tiempo para revertir el resultado de un partido, que estaba en sus primeros minutos de juego. Y que a su favor suma el hecho de no tener elecciones sino hasta octubre de 2028, cuando se realicen las elecciones municipales y de gobernadores.
El monitoreo de la Secom
La exposición de Izikson no fue el único momento dedicado durante el consejo de gabinete de ese viernes al tema comunicacional
Momentos después, el director de la Secretaría de Comunicaciones, Felipe Costabal, expuso el modelo con el cual La Moneda busca medir mensualmente la efectividad comunicacional de los 22 ministros.
También a través de un Powerpoint, Costabal -quien fue pieza clave en la campaña presidencial de Kast- informó a los secretarios de Estado que su equipo monitoreará semanalmente las salidas a terreno, presencia en medios y redes sociales, generando un “índice de participación ministerial” que será supervisado por la Secom.
El instrumento -creado por el exSecom Jorge Selume durante la segunda administración Piñera- se basa en el análisis de datos e incorpora, ahora, la inteligencia artificial. Su objetivo es medir el conocimiento de los ministros y el accionar de cada cartera, en elementos como su participación en pautas, medios tradicionales, medios digitales y conversaciones en redes sociales. Y, en un segundo nivel, cuánto de esa presencia responde a agenda propia o ajena. La Secom evalúa cada uno de esos ítems desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo y le entrega una especie de nota a cada ministro.
“No se trata de un control; el objetivo es orientar para lograr una mayor efectividad de los mensajes”, dice una fuente de Palacio.
Desde La Moneda recuerdan que antes del 11 de marzo, en una reunión con la mayoría de los jefes de prensa de los ministerios -en la Oficina del Presidente Electo (OPE)- Costabal les informó que sus respectivos jefes serían monitoreados para lograr una mayor efectividad.
Sin embargo, esta vez la intervención del periodista se dio en momentos en que la Secom ya terminó de fichar a sus sectorialistas -personas que están a cargo de dos o más ministerios en términos comunicacionales-, y en que incluso desde Hacienda estaban pidiendo que sacaran todos los focos de encima.
“Hace un tiempo que solicitamos que se diversificaran los mensajes del gobierno, para que la Ley de Reconstrucción no fuera lo único que monopolice la agenda”, aseguran desde ese ministerio.
Lo que ha transmitido Kast, en todo caso, es que -más que un porcentaje puntual de conocimiento, cuestión que sí solía exigir Sebastián Piñera a sus ministros- las carteras deben mostrar acción y resultados, y mucho trabajo en terreno.

El paso al frente de Alvarado
Dos días antes del encuentro en Cerro Castillo, el 20 de mayo, Alvarado tomó el control de las comunicaciones del gobierno, centralizadas hasta ese minuto por el director de contenidos del Segundo Piso, Cristián Valenzuela.
El nuevo esquema -a diferencia de lo que sucedía con Sedini, que no era parte de las decisiones- puso al frente de esa sensible área al jefe del gabinete, un hombre con expertiz política, que está en la primera línea de las definiciones gubernamentales pero que en su trayectoria política ha optado por posiciones en las que la vocería no ha sido el fuerte. Hoy -como se comenta en palacio-, Alvarado es quien está midiendo las pulsaciones del paciente.
El histórico dirigente de la UDI anunció una “nueva etapa” y deslizó los primeros cambios. Llamó a sus pares a comunicar mejor sus acciones y medidas a la ciudadanía; a tener un mayor protagonismo público y a iniciar un despliegue en regiones que esta semana comenzó a evidenciarse. Ximena Rincón (Energía) estuvo en Tarapacá, donde inauguró el parque fotovoltaico “Víctor Jara”, mientras que su par de Defensa, Fernando Barros estuvo en la Región de Magallanes.
“Soltarse más, pulir sus mensajes y no eludir consultas de la prensa”, fueron algunos de los mandatos que realizó el flamante biministro, según quienes estuvieron en el consejo de la Ciudad Jardín.
En paralelo, Alvarado echó a andar una nueva mecánica de trabajo. Todos los lunes se reúne con Valenzuela; con Felipe Costabal, director de la Secretaría de Comunicaciones (Secom) y con la jefa de Comunicaciones de la Presidencia, María Paz Fadel, con quienes evalúa la semana anterior, revisa las temáticas a potenciar y define las vocerías sobre el qué dice y cómo lo dice. Esto, junto a inmediatas coordinaciones internas frente a eventuales alertas.
Con ello busca evitar nuevas descoordinaciones entre ministros, las que se habían multiplicado en estos primeros meses. Entre ellas, las que hubo entre el titular de Justicia, Fernando Rabat, y el entonces jefe de Obras Públicas, Martín Arrau, por la continuidad de la ampliación del penal Santiago I. O el público enfrentamiento entre el ministro de Vivienda, Iván Poduje, y el de Hacienda, Jorge Quiroz, que terminó con una represalia directa -pero privada- de Kast al urbanista.
La decisión de Alvarado es potenciar la gestión de los ministros, darles juego. Pero, con una medida precautoria: que ante los temas que no son de sus carteras, tengan -antes de enfrentarse a la prensa- la postura oficial del gobierno, para no abrir flancos por desconocimiento.

Kast refuerza el mensaje
En el recién reinaugurado salón Arturo Prat, en el tercer piso del ala norte de La Moneda, Kast reforzó el mensaje transmitido por Alvarado en Cerro Castillo y les precisó que la seguridad -eje de la primera cuenta presidencial de mañana en el Congreso Pleno- es la prioridad de todo el gabinete y su gobierno.
Ahí, con el imponente óleo de 1883 -“Prat guiado al sacrificio por el genio de la Patria”, del pintor chileno Cosme San Martín-, el Mandatario se reunió con sus ministros de Salud, Justicia, Bienes Nacionales y sus respectivos equipos, a quienes pidió comenzar a mostrar gestión y resultados.
“Hay que entregar buenas noticias”, resume el asesor de un ministro frente a la instrucción recibida en la ronda de reuniones.
El plan incluye un sello más ciudadano y menos político. Un despliegue que -en medio de la discusión de la megarreforma que esta semana inicia su prueba de fuego en el Senado- ha encabezado el propio Kast a través de pautas con sus ministras María Jesús Wulf (Desarrollo Social), Natalia Duco (Deportes) y Ximena Lincolao (Ciencia).
A estas nuevas exigencias en términos comunicacionales, Kast sumó otras formas de monitorear a sus ministros. Una de las que intensificó en las últimas semanas son las bilaterales entre el Presidente y los ministros, citas que solía realizar Piñera para supervisar el avance de las carteras.
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