Por Andrés GómezConfesiones de Palacio: las crisis del gobierno de Boric por dentro
En el libro "Boric frente a frente", la periodista Marian Basso recrea las grandes crisis de su gobierno a través de la voz de sus protagonistas, desde el mandatario hasta sus ministras, ministros y asesores: Carolina Tohá, Camila Vallejo, Mario Marcel, Giorgio Jackson y Miguel Crispi, entre otros. Adelantamos algunos fragmentos del texto que mañana llega a librerías.


Los indultos de Castillo y Moreno: el presidente y el rol de su jefe de gabinete
Los indultos a presos del estallido y la inclusión de Luis Castillo y Sebastián Moreno, condenados por diversos delitos, fue una de las grandes controversias del gobierno. La noticia se conoció cuando el presidente viajaba a Viña del Mar, en diciembre de 2022.
“En ese viaje, el presidente estuvo acompañado de la vocera de gobierno, Camila Vallejo, que recuerda así ese episodio:
—Difícil momento. Estábamos viajando con el presidente a Viña del Mar. Justo antes de partir, yo me enteré de que había un problema en la implementación de la decisión política que había adoptado el presidente acerca del indulto. Eso generó una crisis en pleno viaje hacia la Quinta Región. Tuvimos harta conversación (con el presidente), de cómo resolver y contener la crisis. La ministra del Interior estaba en Santiago, tuvo que hacer vocerías respecto de esto. Fue un momento tenso y complejo. El presidente estaba muy molesto.
Tras más de dos horas de silencio por parte de las autoridades, en donde las especulaciones se tomaron la agenda noticiosa de ese día, el equipo de Comunicaciones de Presidencia admitió el error de manera informal, sin dejarlo por escrito. Pese a lo anterior, increíblemente, se incluyeron los nombres de Castillo y Montenegro como parte de los indultos oficiales, pese a que no estaban en la lista original. Era muy tarde para echar pie atrás, cuando las familias ya estaban celebrando.
—Esos dos no debieron haber estado. Eso para mí fue un error —reconoció Giorgio Jackson cuando hablamos sobre las repercusiones del equívoco en los indultos, pero en especial de uno de ellos, que causó un dolor de cabeza de proporciones para el gobierno.
—El problema era Luis Castillo principalmente, ese indulto fue un error —dice Jackson.
—En el Segundo Piso, en el que estuve yo, el poder principal de las decisiones lo tenía Matías (Meza-Lopehandía), y los indultos son algo que él empujó. A mí siempre me pareció una mala idea —señala Lucía Dammert (...).
Miguel Crispi reafirma que lo más costoso de este caso fue la batalla comunicacional respecto del “legado del estallido social” (...).
—Todos los peores males de la sociedad, estallido delictual. Tú no le puedes dar ventajas al adversario de estas características. No te puedes permitir eso cuando tienes tantas desventajas. Entonces, dos de las personas eran delincuentes y los pusiste en publicidad para todo Chile y, además, los indultaste —explica Crispi sin hacer ningún mea culpa.
Según fuentes entrevistadas para este libro, el presidente Boric había solicitado sacar a ciertas personas de la lista de indultados, entre ellos a Castillo y Montenegro. Cuando el mandatario se dio cuenta de que los nombres fueron incluidos y publicados por error, solicitó que se revisara la ruta de edición del documento que contenía el listado de los indultados. Ahí se dio cuenta de que solo tres personas tenían acceso a modificarlo: la ministra de Justicia, Marcela Ríos; la jefa de asesores de la cartera, Natalia Arévalo, y su jefe de gabinete, Matías Meza-Lopehandía.
La decisión de sacar a su brazo derecho le dolió. Su jefe de gabinete, amigo cercano desde la época universitaria y quien en ese momento concentraba una gran influencia y poder dentro del Segundo Piso de La Moneda, salió por la puerta para no volver. En la interna era considerado un contrapeso al presidente de la República, el brazo operativo de las decisiones adoptadas por el mandatario. Meza-Lopehandía era conocido dentro del Frente Amplio como el “Lonko”.

El caso Monsalve y la renuncia de Antonia Orellana
“—Ha sido, sin lugar a dudas, uno de los episodios complejos del gobierno, que generó legítimamente muchos cuestionamientos —comenta (el expresidente), y evita definirlo como el momento más complejo de su administración. Dice que no le gustan las definiciones categóricas.
Quien compartió la noticia de la denuncia con él durante esas primeras horas, la exministra del Interior Carolina Tohá, hace la misma autocrítica ante la demora en la salida de Monsalve.
—Esto se supo un día en la tarde (martes 15), el presidente habló con Monsalve en la noche y al día siguiente debió haberse ido (miércoles 16) —dice Tohá (...).
Mientras recababa información de lo que estaba pasando, desde el equipo de prensa de la ministra de la Mujer me enviaron un mensaje para decirme que Antonia Orellana ya estaba en la oficina presidencial en una reunión.
—¿Qué le preguntó al presidente y qué le dijo él en ese momento?
—Le pregunté desde cuándo sabían (para) tratar de tener información, porque yo sabía que había una denuncia, pero no sabía que había habido un allanamiento, no sabía que había viajado al sur, no sabía nada de lo que había pasado en los últimos tres días. Para mí eso es muy sensible desde la perspectiva del ministerio, porque voy a morir con las botas puestas con esto: él era subsecretario del Interior y tiene a su cargo la PDI y tiene a su cargo la Brigada de Delitos Sexuales, que hace los peritajes en un caso como este. Y eso para mí era especialmente grave, y era el núcleo del argumento de por qué debió salir, no por una condena anticipada, porque las víctimas también merecen un juicio justo. Un juicio justo incluye no tener al aparato del Estado en su contra —recuerda Orellana.
—¿Qué le respondió el presidente? —le pregunto.
—Estaba abordando, estaba más viéndolo desde la contingencia de cómo se estaba resguardando todo.
—¿Usted le presentó su renuncia?
—Sí.
—¿Y él le dijo que no?
—Ajá.
—¿Por qué siguió en su cargo?
—No, no quería, estaba medio en shock. Me fui a la oficina de la subsecretaria Perales.
—¿Qué hizo después de eso, en las horas siguientes?
—Tomé una muy mala decisión, que fue salir a hablar. Y no sabía muy bien qué decir, porque tampoco sabía a firme qué había pasado. Dije: “Yo no me voy a esconder, porque no tengo nada que ver”. Una pésima decisión, porque no tenía ni idea de qué había pasado.
—¿Cómo se sintió usted respecto de toda esta situación?
—Como pelotuda, pues. Pasaron como dos meses en que estaba todos los días a punto de renunciar —finaliza Orellana al recordar esos meses de 2023”.

Las tensiones entre Camila Vallejo y Carolina Tohá
“No era un secreto que en lo personal ambas no tenían química y preferían trabajar separadas (...). Para revertir la situación, la Secom les preparaba actividades en conjunto a ambas, para que posaran frente a las cámaras de televisión, de los diarios y de las redes sociales. Era la única vez que estaban tan cerca en el día a día, porque el resto de las veces preferían que sus jefes de gabinete se reunieran y resolvieran parte de los temas de la agenda. Entre ambas hubo roces cuando la agenda de una chocaba con las competencias del ministerio de la otra.
—Hubo momentos de tensión, porque las dos tenemos carácter. Me acuerdo de una situación, que creo que fue en el contexto de un asesinato de un carabinero, que ella convocó a equipos a La Moneda y yo le dije: “Avísame si tengo que hacer vocería o no para ir preparada”. No me avisó. Yo le decía “avísame”, y ella me respondía que no tenía por qué. Y yo le replicaba que sí, porque tengo que poner la cara y preparar las condiciones para hacer mi trabajo —recuerda Camila Vallejo.
Tohá replica:
—Quizás es porque este equipo de gente entró en este gobierno y no ha estado en otro gobierno. Yo no siento para nada que haya habido conflictos ni disputas. Lo que sí, muchas veces no estuvimos dispuestos a que la línea comunicacional de ciertas medidas fuera pautada desde ese ministerio (Segegob), eso es efectivo.
(...) Cuando Boric pudo comprobar la capacidad de trabajo de Tohá y su coordinación, además del resto del equipo con más experiencia en su comité político, se enfocó en lograr unir a los bloques. Hasta los últimos días de su mandato dijo en los actos públicos que cuando había unidad se lograban cosas importantes, como la reforma de pensiones.
Pero la tarea no fue fácil. En reiteradas ocasiones buscó una alianza entre las dos almas de su gobierno para que se transformaran en el sostén de su administración y de una eventual continuidad, pero constantemente perdía la apuesta.
—Yo he puesto mucho esfuerzo en eso y creo que es uno de los logros políticos de este gobierno. Yo soy una persona de izquierda y este gobierno ha sido una alianza entre la centroizquierda y la izquierda -explica”.

La derrota constitucional: la frustración de Boric y el alivio de Marcel
—Uno tiene que asumir los errores. Generalmente no va a haber aplausos, pero hay que asumir esa responsabilidad y es la soledad del poder -me comentó el mandatario.
La conversación giró en ese momento sobre el legado que dejaría en el país, aunque a él ese término le parece de mal gusto, pues implicaba, entre otros asuntos, hablar de sí mismo en tercera persona (...).
Las promesas fueron muchas; por ejemplo, que la locomoción colectiva, que es un problema en Chile por su alto costo, apuntaría a ser gratuita.
Era una agenda de cambios estructurales para un periodo de gobierno de tan solo cuatro años. Cuando le pregunté al mandatario sobre qué fue lo que más le provocó frustración en las promesas incumplidas, lo primero que se le vino a la mente fue la Constitución:
—La posibilidad de tener una Constitución adecuada a los tiempos que corren es, sin lugar a dudas, una gran frustración.
Sin embargo, al interior del gobierno no todos resintieron como el presidente el rechazo a la iniciativa, como el exministro Mario Marcel, quien es más práctico.
—Yo, para mi adentro, igual me sentí un poco aliviado, porque en la propuesta de la Convención había mandatos para emitir 70 leyes para implementar esa Constitución. Eso habría copado todo el resto del gobierno y al mismo tiempo había que gobernar. O sea, habría sido una locura".

¿Un gobierno transformador o reformista?
“—¿Ha escuchado en la calle, en sus recorridos por Chile, electores que le hayan dicho que se arrepienten de haber votado por usted, porque no llegaron los cambios que esperaban? —le pregunté al presidente Boric.
—Muy poco —recuerda el mandatario.
—Pero lo ha escuchado —le repliqué.
—Generalmente recibo mucho apoyo o derechamente, por parte de algunos, ofensas. Sí, entiendo, y esto lo he conversado con gente más pausadamente, que las expectativas que se generaron al inicio del gobierno o desde la campaña de segunda vuelta no fueron todas satisfechas. Eso tiene que ver con el oficio, pero también con las circunstancias que nos tocaron enfrentar, en donde Chile cambió y ya había una advertencia de aquello en la primera vuelta. Nos tocaron circunstancias diferentes que requerían necesariamente, y esto yo lo reivindico totalmente, un ajuste de rumbo —reflexiona”.
Más adelante agrega:
“—Yo creo que este sí fue un gobierno transformador -asegura el presidente Gabril Boric.
—Este fue un gobierno reformista -dice Giorgio Jackson.
— Yo creo que fue un gobierno realizador -afirma Miguel Crispi.
—Fue un gobierno que estabilizó y transformó al mismo tiempo -responde la vocera Camila Vallejo".
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