Política

Luces y sombras del estilo Kast en la antesala de La Moneda

Su llegada a La Moneda es vista por sus cercanos como una combinación de perseverancia, la superación de su timidez y pragmatismo político. A dos meses de asumir, en la derecha cunden las comparaciones con el fallecido expresidente Sebastián Piñera.

El presidente José Antonio Kast, la mañana del jueves, en el seminario organizado por el Instituto Chileno de Administración Racional de Empresas (Icare). Diego Martin

La mañana del jueves, durante una intervención ante el mundo privado, José Antonio Kast hizo varias alusiones a los dos gobiernos del fallecido exmandatario Sebastián Piñera. Y aunque en ningún momento lo mencionó, el tema fue comentario obligado en el desayuno organizado por Icare.

“No somos, y lo aclaro altiro, 24/7. Nosotros valoramos mucho los momentos de distracción y descanso, porque ahí uno se energiza. Si uno anda todo el día corriendo y afanando, a alguien le va a pasar la cuenta, y lo más probable es que sea a los más cercanos que trabajan con uno, que van a ver el mal humor por el cansancio acumulado”, dijo, haciendo un velado contraste entre la que será su forma de gobernar y el sello que impuso Piñera a su primer mandato, enfocado en la reconstrucción del país tras el terremoto de febrero de 2010.

A continuación, Kast volvió a tomar distancia de un estilo de gobierno hiperactivo y de control permanente, que caracterizó a las administraciones del líder de Chile Vamos, y aseguró que él tomará las decisiones en equipo.

“Lo otro que es importante -dijo al auditorio- es que cuando hay situaciones críticas, uno no se paralice por el miedo. Y si uno no tiene la solución, bueno, pregúnteles a los expertos, porque siempre hay gente que sabe más que uno”, dijo, mientras la transmisión oficial enfocó -en las pantallas Led- a exministros de Piñera presentes, entre ellos Laurence Golborne, Pedro Pablo Errázuriz, Alfredo Moreno y Antonio Walker.

Al momento de las preguntas, Kast invitó a subir al escenario a su próximo ministro de Hacienda, Jorge Quiroz. “Yo les puedo dar el titular, pero algunos puede que no queden conformes, así que aquí está el experto”.

El economista, que hasta último minuto disputó Hacienda con José Luis Daza, rápidamente entró en escena y conectó con el público, la mayoría empresarios y hombres de negocios. “Ahora, como decía el doctor Paris, los dejó con Jorge Quiroz”, dijo el mandatario electo, emulando al ministro de Salud de Piñera 2, cuando en las conferencias de prensa diarias en plena pandemia daba la palabra a su subsecretaria, Paula Daza.

Kast sacó algunas risas del público, al igual que con varias otras “tallas” con que distendió su alocución. Su sentido del humor, muy al estilo alemán, es una de sus características propias que nunca ha perdido, pero que en varios momentos de su carrera política le han jugado una mala pasada y ha debido aprender a regular.

Una vez fue la mañana del 29 de diciembre de 2006. Durante un punto de prensa en que el entonces diputado Marcelo Forni le traspasaba la jefatura de la bancada UDI, el hoy mandatario electo lanzó una irónica frase que descolocó a todos. Al ser consultado por un caso de corrupción de la época (Chiledeportes), Kast se refirió de forma sarcástica a la entonces presidenta Michelle Bachelet, señalando que “daba el ancho, pero no el alto”, lo cual produjo mucha molestia.

La entonces vicepresidenta de la DC Ximena Rincón -actual aliada de Kast- dijo que sus palabras eran “una falta de respeto” y le exigió ofrecer disculpas públicas a Bachelet, mientras el portavoz de gobierno, Ricardo Lagos Weber, dijo que quería creer que el diputado no representaba a la UDI en su conjunto.

“Ese episodio te demuestra que no tenía mucho talento político, entendido como la capacidad para manejarse en una conferencia de prensa”, recuerda un dirigente de la UDI de esa época.

Su estilo franco y sencillo sigue igual, dicen sus cercanos, aunque su marca como presidente está en construcción.

La comparación de Kast con el expresidente Piñera fue el comentario obligado en el seminario organizado el jueves por Icare. Diego Martin

La singular presentación de su gabinete

En otra muestra de un estilo distinto a sus antecesores, en Icare Kast ungió a varios de sus ministros antes del anuncio oficial, entre ellos a Claudio Alvarado (Interior), José García (Segpres) y Martín Arrau (Obras Públicas), marcando la agenda política y desplazando al Presidente Gabriel Boric, quien se ha visto obligado a una arremetida mediática.

Lo mismo al día siguiente al ir a la Municipalidad de Santiago y al Mercado Central, junto a María Jesús Wulf, su próxima ministra de Desarrollo Social.

A dos meses del traspaso de mando, el estilo de Kast ya comienza a ser comparado con el de Piñera. Los dos principales líderes de la derecha en la historia política reciente de nuestro país se enfrentaron en la presidencial de 2017 y nunca lograron congeniar. Es más, el republicano fue un duro opositor a su segundo gobierno y llamó “derecha cobarde” -concepto usado por las extremas derechas de Europa- a los políticos de Chile Vamos que se opusieron a sacar a los militares a las calles durante el estallido social y accedieron a plebiscitar un cambio a la Constitución como forma de descomprimir las protestas.

Ese momento es considerado como un punto de inflexión con la derecha tradicional, a la cual propinó una dura derrota en la primera vuelta presidencial, a través de un estilo directo y a ratos implacable y que hoy aparece diezmada en lo que será su primer gabinete, que anunciará el 20 de este mes -hasta el viernes RN y la UDI contaban con un solo ministro en el gabinete-.

En su segunda campaña, sin embargo, el abogado oriundo de Champa -localidad rural de la comuna de Paine- hizo gala de otras de sus cualidades que hoy lo tienen ad portas de llegar a La Moneda: su pragmatismo político. En el balotaje, proyectó una imagen de moderación, muy diferente al estilo combativo y severo -aunque siempre con voz calma- con que irrumpió en la trinchera política hace una década.

Con la ayuda de su principal estratega, Cristián Valenzuela, también supo subirse a la ola mundial de una nueva derecha radical, cuyos líderes gobiernan países como Italia, Hungría y Argentina y ha avanzado mucho en España, Francia y Alemania.

El jueves, Kast habló de la "gracia del Estado" para indicar su nuevo rol como presidente, muy alejado a su estilo frontal como candidato. DIEGO MARTIN/ATON CHILE

“Quiero dedicarme a la política”

Para Rodrigo Álvarez, uno de sus amigos en la política, la perseverancia de Kast ha sido una de las claves de su éxito.

A diferencia de Boric, la vuelta del exdiputado para llegar a la Primera Magistratura del país fue larga y a ratos muy cuesta arriba.

El menor de 10 hijos de los inmigrantes alemanes Michael Kast y Olga Rist -que llegaron a Chile en 1950, tras la Segunda Guerra Mundial- fue abriéndose paso en política en las últimas cuatro décadas, luchando contra sus adversidades, entre ellas, su fuerte timidez.

“Quiero dedicarme a la política”, les dijo tempranamente a sus padres y hermanos, quienes no veían en él las cualidades propias para abocarse a esta profesión, como la rudeza, la oratoria y una cuota de malicia.

Kast era un joven criado en el campo, retraído, apegado a los valores más tradicionales de la Iglesia Católica y con pocas habilidades sociales. Además, la vara dejada por su hermano mayor, Miguel, era alta. El economista, quien falleció tempranamente, a los 34 años, fue miembro de los Chicago Boys, ministro del Trabajo, de Planificación y presidente del Banco Central durante el gobierno militar.

Su debut en política fue en 1986 como secretario del Centro de Alumnos de la Escuela de Derecho de la Universidad Católica -el presidente era Nicolás Cubillos y la vicepresidenta, Marie Claude Mayo-.

Mayo, exconcejala de Las Condes, cuenta que el joven mechón enfrentó su timidez, quizás sin planearlo, con mucho compañerismo y participación en trabajo social. “Tenía un autito muy chico, donde acarreaba a muchos compañeros, a quienes siempre ayudaba, sin mirar el color político, materialmente, espiritualmente o dándoles luces de cómo alcanzar lo que necesitaban”.

Kast ingresó al movimiento gremialista, donde conoció a Jaime Guzmán, al poco tiempo apostó alto y sufrió su primera derrota política. Compitió como candidato a la presidencia de la FEUC, pero perdió frente al abogado Patricio Zapata (DC), cuando el gremialismo roncaba en la UC.

Alentado por Guzmán y Pablo Longueira ingresó a la UDI en 1996 y postuló a alcalde de Buin, siendo electo concejal. Seis años después, “el alemán” -como le decían en el partido- llegó a la Cámara de Diputados representando al distrito 30 (Buin, Calera de Tango, Paine y San Bernardo), en un cupo que le dejó Longueira, que en 2001 apostó por ampliar el poder territorial del partido en la zona norte de Santiago, postulando por Conchalí, Renca y Huechuraba.

Kast, junto a la bancada de diputados de la UDI, el 2 de junio de 2011, rechazando el proyecto de ley que regularizaba la unión de hecho entre homosexuales. PABLO OVALLE

La libretita

Al llegar al tosco edificio del Congreso en Valparaíso, a los 36 años, Kast comenzó a conocer la “real política”.

Con pesos pesados como compañeros en la UDI y en el Parlamento, entre ellos los llamados coroneles -Jovino Novoa, Andrés Chadwick, Juan Antonio Coloma y Longueira-, además de Evelyn Matthei, el legislador siempre estuvo en una segunda línea del partido y se perfiló en los temas valóricos, como el rechazo a la ley de divorcio y a la “píldora del día después”.

Compañeros de aquella época señalan que no era un buen orador, aún tenía mucha “inocencia política” y “falta de calle”. Ello, comparado con un grupo de potentes figuras que se abrían camino en el partido, como Víctor Pérez, Darío Paya, Julio Dittborn, Rodrigo Álvarez, Claudio Alvarado y otras más mediáticas, como Iván Moreira y Marcela Cubillos.

“Era muy alemán, muy trabajador, metódico y ordenado. Tenía una libretita donde le hacía seguimiento a cada diputado en sus comisiones. Veía si se habían leído los informes y estudios que les preparaban. Era como un profesor jefe, como el inspector del colegio. Decía que era duro con los principios, pero blando con las personas”, cuenta un compañero de bancada de aquella época.

Otro exparlamentario gremialista consultado recuerda que Kast era inflexible y severo cuando sus pares no llegaban a votar o se pareaban, y que era, incluso, más tolerante y pragmático de lo que la gente puede pensar para votar a favor o en contra de proyectos presentados por el entonces oficialismo concertacionista.

“Es un gallo bueno, que no le gustaba que los parlamentarios viajaran al extranjero y que se dieran gustos con recursos del Estado. No le gustaban los privilegios. Entiendo que se gastaba toda su dieta en el distrito y que no recibía un peso para él”, cuenta otro de sus excompañeros en la otrora poderosa bancada de la UDI.

Ya con más experiencia, en su segundo periodo como legislador (2006-2010) llegaron a la bancada nuevas figuras con mucha hambre política, entre ellos Edmundo Eluchans, Marcelo Forni y Patricio Melero, donde volvió a sentirse un poco desplazado.

“Su estricta rectitud a ratos chocaba con un estilo político de sus pares, de mucho pasillo, acuerdos con la prensa, filtraciones y operaciones”, recuerda una de las fuentes consultadas. Nunca comulgó, agregan, con las reuniones-comidas nocturas en restaurantes porteños, de mucho tabaco y alcohol.

“Siempre se quejaba de lo poco que trabajaban los políticos y, en varios momentos, estuvo muy cansado de ver cosas incorrectas o que estaban al límite. Él siempre fue muy ético y transparente, y jamás se vio involucrado en nada que no correspondiera. Al mismo tiempo, comenzó a ser muy exigente con su entorno”, recuerda Mayo.

Esa exigencia se vio en su carácter implacable para cobrar o hacer ver errores políticos, según recuerdan excompañeros suyos, sobre todo en la interna de la UDI.

Con una dura crítica a cómo los “coroneles” enfrentaban los casos de corrupción en municipios UDI, a mediados de 2008, decidió pasar a la ofensiva. Y lo hizo con todo. Con Rodrigo Álvarez como candidato a la secretaría general decidieron disputarle a Coloma la presidencia de la UDI, algo hasta ese momento inédito en un partido que escogía a sus directivas por acuerdo y sin votar.

Fue una tensa competencia en que Kast fue duramente derrotado.

Probado el sabor de la adrenalina política -y de acuerdo a la persistencia y perseverancia que lo caracterizan-, dos años después, en 2010, Kast volvió a competirle a Coloma, ahora en su reelección. Volvió a perder, pero sentó un aviso de que estaba jugando en serio, lo que muchos dirigentes gremialistas no vieron.

“El alemán” comenzaba a guardar los “ninguneos” y traiciones, quizás sabiendo que llegaría el momento de cobrar cuentas.

En 2013, Kast sumó una nueva derrota por secretaría. Pidió primarias con Iván Moreira para ser candidato a senador por la Región de Los Lagos, pero la directiva entonces presidida por Melero descartó esa posibilidad y confirmó al mediático parlamentario como candidato.

El problema es que a esa altura ya había cedido su distrito a Jaime Bellolio y de la noche a la mañana se vio sin pan ni pedazo. Se le ofreció ir por el distrito de La Reina y Peñalolén, que se encontraba vacante y con el cual Kast no tenía ninguna vinculación. Pese a ello, que para muchos era una humillación, aceptó el ofrecimiento, improvisó una campaña y salió electo diputado por cuarta vez consecutiva. El político volvía a mostrar su resiliencia.

Fue en esos años que Kast creó fuertes lazos con Arturo Squella -actual presidente de republicanos- y otros militantes que hoy habitan “La Moneda chica”, pero su estilo desafiante le empezó a pasar la cuenta.

Junto a un puñado de militantes dejó la UDI el 31 de mayo de 2016 y comenzó su camino propio.

Un compañero de Kast en esos años recuerda un momento que, según él, grafica bien su exigencia en términos políticos y ayuda a entender su rumbo hasta hoy.

A fines de 2015, luego de que el exsenador Novoa fuera condenado en el caso de platas políticas Penta, Kast criticó su permanencia en el partido, ratificada por el consejo general. Hasta el día de hoy su acción es considerada en parte de la UDI una deslealtad de marca mayor a uno de sus fundadores y quien había abogado por darle tiraje, brindándole apoyo político y económico a la generación a la cual pertenecía Kast.

No conforme con el portazo recibido en la casona de calle Suecia, el entonces secretario general pidió que Novoa fuese desvinculado de la presidencia del directorio de la Fundación Jaime Guzmán, del cual él era director. Exigió que su permanencia fuese sometida a votación y perdió por seis a uno.

A fines de 2015, luego de que Jovino Novoa fuera condenado en el caso de platas políticas Penta, Kast criticó su permanencia en la UDI. LUIS SERGIO

Listas negras

Si hay una característica suya que relevan sus amigos, es que “se acuerda de todo”. Que en su memoria puede guardar una fecha importante para un amigo, el nombre del consultorio de una localidad remota de Chile, o las virtudes o defectos de personas que conoce. Porque también -agrega un cercano suyo- “cala muy rápido a la gente”.

Lo que lo hace detallista y preocupado con sus cercanos, también lo ha hecho guardar rencores. De ahí que muchos expliquen el porqué de los vetos que han operado sobre ciertos nombres que los partidos han propuesto en las últimas semanas para el gabinete, donde ha privilegiado a ministros de su estricta confianza, la mayoría independientes.

“Aunque no lo reconozca, José Antonio guarda un resentimiento con las personas que lo ningunearon y miraron en menos su proyecto político. No olvida”, señala un amigo de Kast, quien agrega que ello le fue forjando una coraza y “el famoso cuero de chancho” que tanto se habla que hay que tener en política.

El presidente electo ha tenido quiebres en su vida política. Con el actual alcalde de Providencia, Jaime Bellolio, y la propia Matthei, se distanció por temas más valóricos. Ya en republicanos, el senador Rojo Edwards, la diputada Gloria Naveillán (PNL), los parlamentarios salientes Carmen Gloria Aravena y Gonzalo de la Carrera, la excandidata constituyente Macarena Bravo, son algunos nombres que fueron cercanos y que quedaron en el camino.

Por esto es que quienes lo conocen entienden la explicación que dio el jueves ante Icare sobre a quiénes elegirá para su gabinete: “Viene una etapa distinta, donde todos tenemos que sumarnos, y esto va a ser más amplio de lo que ustedes se imaginan. Y los que más van a sufrir son los que estuvimos en este proyecto hace cuatro o cinco años”.

Kast -agregan- no elude los conflictos y, por el contrario, los confronta de frente. “A veces se exaspera y no reacciona con buenas formas”, reconoce un cercano. En esos casos, quienes forman parte de su núcleo más cercano lo contienen. También -apuntan- suele autocontenerse, sobre todo en público.

No siempre le funciona. Así se vio en un tenso desencuentro con la prensa argentina tras su reciente reunión con Milei. Cuando abandonaba la Casa Rosada, un periodista local interpuso su micrófono entre él y la gente que quería saludarlo a través de la reja, lo cual lo sacó de sus casillas. “No va a entrar a la conferencia si pone el micrófono ahí”, le dijo al reportero, amenaza que fue muy criticada por los medios transandinos.

Estilo Lavín: Kast escogió el escudo del Capitán América para promocionar su primera campaña presidencial.

Sello schoenstattiano

El estilo del político -como así se califica él- que el próximo domingo cumple 60 años de edad no se entiende sin su adhesión a Schoenstatt, el movimiento católico fundado en 1914 por el padre José Kentenich en Alemania. Entre sus características está su devoción a la Virgen -cuya imagen ocupa un lugar central en la sencilla casa de la familia Kast Adriasola en las afueras de Santiago-. Otra es vivir la fe en el trabajo, la familia y la sociedad.

En su oficina en “La Moneda chica” una fotografía enmarcada del Papa Benedicto XVI ocupa un lugar destacado junto a los retratos de su familia y de su última victoria del pasado 14 de diciembre.

“Dios nos quiere”, reiteró varias veces en el evento del jueves, para luego enumerar una serie de acontecimientos que jugarían a su favor en la presidencia y que atribuyó a su fe. “Miren el precio del cobre que no está regalando, miren el cambio político en Bolivia, la posibilidad real de lograr una estabilidad política en Perú y de un diálogo entre Colombia y Estados Unidos, nuestras relaciones con Argentina, China está creciendo, van a empezar a poder aterrizar los aviones en Venezuela… Ahí se las dejo”.

Otras de las características de los schoenstattianos, muy propias de Kast, es la autodisciplina, la sencillez y austeridad, que, pese a su actual condición, Kast ha mantenido.

Después de cada viaje, trata de dedicar unos minutos para conversar con los dos motoristas de Carabineros que lo escoltan. Y a diferencia de los vehículos de sus colaboradores, algunos de alta gama, él tiene la misma camioneta Toyota color gris en que se moviliza desde que era diputado y que es blindada. Su mujer, María Pía Adriasola, también se traslada en su misma camioneta de la misma marca y con varios años de antigüedad.

A ello se suma su comentada decisión de vivir en La Moneda con su esposa, a partir del 11 de marzo. “Yo viví siempre donde trabajaba”, ha señalado, recordando su trabajo en el campo y en la fábrica de Cecinas Bavaria de su familia.

Aficionado a TikTok, sus platos favoritos son los porotos con riendas y la cazuela de vacuno, aunque durante su campaña publicó varias fotos comiendo completos, hamburguesas y sándwiches. El exceso de comida rápida, a raíz de su intensa agenda, llevó a su exjefa de gabinete, Carola Araya -hoy con posnatal- a convencerlo de que iniciara una rutina diaria de gimnasia y que continuara sus ejercicios en “La Moneda chica” (esta semana llegaron las máquinas) y luego en el Palacio Presidencial.

Kast y su familia son de misa dominical -o en su reemplazo, del sábado en la tarde- y de rezo diario. También son muy celosos de su privacidad.

Su pragmatismo, sin embargo, hizo que los temas valóricos y religiosos quedaran fuera de su campaña y su plataforma programática, lo cual no cayó bien en su círculo más conservador, que aún no se sabe si participará en su gobierno.

Santuario Nacional de Schoenstatt, en La Florida. El estilo de Kast no se entiende sin su adhesión a Schoenstatt. la-tercera

La gracia del Estado

En el seminario nombrado anteriormente, Mónica Álvarez, vicepresidenta de Icare, le preguntó a Kast que hará para terminar la informalidad laboral -prometida en su campaña-. “Puedo ser simpático o pesado (para responderle)”, le dijo, delatando su habilidad para adecuarse a distintos auditorios, momentos y circunstancias, que lo tiene a dos meses de ponerse la banda tricolor y la piocha de O’Higgins.

Al cerrar el encuentro, Kast instaló el concepto “la gracia del Estado” que, según explicó, definirá su rol como jefe de Estado. Algo así como el “habitar el cargo” de Boric. “Algunos dicen dónde está el Kast duro, el que decían les quedan 160 días, yo ya colgué el traje de candidato, porque son etapas distintas. Es lo que llaman la gracia del Estado”.

Hasta ahora, cuentan sus cercanos, el exdiputado no ha pedido que le empiecen a decir “presidente”, y varias veces ha mostrado incomodidad cuando su equipo lo nombra así. Aunque se propuso “restablecer la institución presidencial”, muchas veces se le escapa su estilo horizontal y sigue hablando por teléfono con autoridades de todo tipo del país, tal como lo hacía Piñera. Y ya se puso su próxima meta: entregarle la banda presidencial a alguien de su coalición de gobierno.

Kast en el Matadero Franklin durante su campaña en segunda vuelta. Desde su triunfo el 14 de diciembre, Kast ha tenido muy pocas pautas en terreno. Tampoco ha ido a regiones. Diego Martin
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