Política

Roberto Méndez: “Si el gobierno no se hace cargo del pesimismo, su programa y la posibilidad de traspasar a un segundo gobierno sencillamente se esfuman”

El experto electoral advierte que La Moneda tiene una pequeña ventana, de aquí a fin de año, para revertir las negativas expectativas que existen en el país, las cuales -en parte- son responsabilidad del propio Ejecutivo. Ello, porque al equipo del Presidente Kast "le falta sintonía con lo que está viviendo la población".

Mario Tellez / La Tercera MARIO TELLEZ

Agudo observador de la realidad, Roberto Méndez lleva un par de meses alertando, en distintos estudios de opinión, sobre los niveles de pesimismo que se declaran en la sociedad chilena.

El ingeniero comercial -hoy profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad Católica- lleva años traduciendo a la opinión pública y, desde ahí, asegura que el gobierno de José Antonio Kast tiene una nueva urgencia: mostrar resultados pronto -dentro de este año- para que el desánimo ciudadano no se transforme en rabia.

Méndez afirma que hay una pequeña ventana -de aquí a fin de año- para dar vuelta las percepciones. Pero pone un signo de interrogación respecto de un Ejecutivo donde, en su opinión, no se ve estrategia ni menos coordinación u orden para transmitir un mensaje unificado de optimismo.

Todas las encuestas revelan que hay un mal ánimo presente y a futuro respecto del país. ¿A esta altura es un estado estructural?

Yo hablaría de un tramo largo. Lo que a mí me sorprende, lo voy a decir con bastante cuidado, no es la profundidad del pesimismo, porque, si uno mira para atrás, ha habido periodos peores, sino que es la extensión. Esto empezó en 2018, en el gobierno de Sebastián Piñera, con el estallido, después siguió con la pandemia y no se ha recuperado. Los datos del Índice de Percepción Económica muestran que el pesimismo cruzó el gobierno completo de Boric, el cual no tuvo un solo mes con un indicador optimista. Y ahora en lo que llevamos del gobierno de Kast, el indicador tendió a mejorar al comienzo, incluso antes de que asumiera, en enero, y después ha caído y estamos en el mes de agosto, que es la última cifra disponible, en un nivel muy bajo. Obviamente que si lo comparamos con la pandemia, ahí era peor. Y si vamos para atrás, a la crisis subprime en Bachelet, o la del petróleo en los 80, o la subprime de la crisis asiática que le tocó al presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, eso caía mucho más fuerte. Lo sorprendente ahora no es el nivel de pesimismo, sino que la extensión. Y que el atisbo de optimismo que se produjo al comienzo del gobierno del Presidente Kast desapareció.

¿Y por qué desapareció?

Está bien detectado que la elección del Presidente Kast produjo un nivel de optimismo que casi llegó a los 50 puntos. El punto de quiebre fue a finales de marzo, con el alza del petróleo. Eso fue inmediato. Y se notó en las actitudes de las personas durante el mes de abril, pero mayo, junio y julio empezaron a aparecer golpe tras golpe y creo que se reflejó en la cifra del desempleo. En parte fueron shocks externos, pero después hubo otros temas: el haber traspasado todo el costo del petróleo, el tema de la inflación, el desempleo...

O sea, hay una dimensión en la que esta es una crisis autoinfligida por el gobierno.

En parte, porque el shock externo fue lo primero y después se profundizó con estos errores de instalación del gobierno. Incluso influyó este último episodio de la reforma constitucional de seguridad, que no se sabe bien cómo se va a solucionar. Pero, dicho eso, si uno se mete finamente en el pesimismo actual, está más marcado por la percepción de la situación real de las familias y no tanto por las expectativas de mediano y largo plazo, que siguen siendo mejores. No diré que optimistas, pero mejores. Lo que está afectando a la gente hoy es un dolor de su situación personal y que tiene que ver, sobre todo, con el desempleo, pero también con la inflación de alimentos. Esta mezcla es extraordinariamente dolorosa para la población.

Y en el caso de un gobierno de derecha, que gana con la promesa de mejorar la economía, ¿erosiona aún más la confianza de los ciudadanos?

Uno podría pensar que estos primeros seis meses ha habido un cierto grado de desilusión, de expectativas que no se cumplieron, de frustración. Y hoy se le produce una situación muy compleja al gobierno, que fue elegido con un diagnóstico de emergencia, que en las primeras semanas o meses lo llevaron al exceso de hacer como si el país estuviera en quiebra. Ahora tienen el desafío de recuperar esas expectativas incluso como una prioridad nueva, diferente a la económica, que a mediano y largo plazo creo que sí está funcionando, y al tema de seguridad. Esta nueva prioridad, que es este pesimismo, que es muy destructivo para la aprobación del gobierno y la marcha de la economía, es como una profecía autocumplida, porque la gente deja de consumir y la economía se ralentiza todavía más.

Tengo la impresión de que el gobierno tiene que replantear sus prioridades y, por lo que le he escuchado en estos días al ministro Quiroz, incluso al Presidente Kast, están adoptando esa actitud y es muy importante. Donde podría haber una luz de esperanza es que estas expectativas de mediano y largo plazo todavía son relativamente más optimistas, o sea, que hay confianza en las medidas de largo plazo. Por ejemplo, el paquete de reconstrucción, la ley del mercado de capitales, la gente tiene fe de que va a producir un efecto. Pero el problema es ahora. El gobierno tiene que cubrir el corto plazo, y esa es la emergencia.

Al tomar decisiones como el alza de las bencinas, ¿el gobierno del Presidente Kast subestimó la política?

Le faltó considerar ese aspecto: que el ajuste del equilibrio fiscal, del gasto público, iba a tener un costo en el estado de ánimo de la población. Creo que subestimaron eso y creyeron que eso iba a ser compensado con las expectativas de que en el mediano plazo se la iban a poder arreglar. Quizás si el gobierno hubiera anunciado, ‘mire, vamos a apretarnos el cinturón este año, pero el próximo año mejora’, pero no pusieron un horizonte. En el fondo, no hicieron nada, y ahora la realidad los está obligando a cambiar el rumbo. Pero diría que no es un tema de izquierdas ni de derechas, sino de entender a la población, cómo vive y cómo enfrenta los problemas.

¿Y cómo revierte esto un gobierno que hizo del discurso crítico su pasaje a La Moneda?

La única manera es con un nuevo discurso. El otro día escuchaba al ministro Poduje (Vivienda), que dice ya, da lo mismo si lo que está mal es de ahora o es del gobierno anterior. El punto es que ahora la opinión pública lo que pide es: arréglenlo. Poduje tiene una buena intuición en eso, pero ese nuevo discurso es difícil para el gobierno.

¿Y por qué es difícil? ¿Porque no es muy creíble?

No, es difícil elaborarlo para este gobierno, porque no veo dónde ni quién podría elaborarlo, y no veo tampoco cómo el gobierno podría implementarlo. Ese es otro de los vacíos del gobierno: hacer un discurso y después, consistentemente, todos los miembros del gobierno, el presidente, los ministros, los subsecretarios, ser coherentes y consistentes en ese discurso.

El peligro de la rabia

Usted dice que el equipo del presidente no entendió el costo emocional de sus decisiones. ¿Le falta corazón a este gobierno?

Le falta sintonía con lo que está viviendo la población. Pero en las últimas semanas no sé si le habrá crecido el corazón, pero se ve que la necesidad ha hecho que haya mayor sintonía. O sea, el ministro Quiroz dice que está preocupado de cómo hacer que la población pueda sobrellevar mejor este período hasta que las medidas de más largo plazo empiecen a tener efecto.

Es lo correcto, el problema es que hay que pasar el corto plazo, porque si no, este pesimismo fácilmente se transforma en rabia. Y esa rabia después se expresa en forma más violenta, con lo que, incluso, en el extremo, puede que nunca llegues a ese horizonte más largo, en que esperas que las cosas mejoren. Ese es el riesgo que el gobierno tiene que considerar. No es un tema tanto de corazón, sino de realismo, de cómo las sociedades funcionan.

El pesimismo que apareció a mediados del 2018 en el gobierno de Piñera, bueno, después vino el estallido. Uno podría decir que a Piñera también le falló el corazón, porque había señales ahí, hay historia que muestra que estas cosas son importantes.

¿Ve los mismos riesgos para la gobernabilidad del país que los que hubo en 2019 con estos niveles de pesimismo?

Si se mantienen por mucho tiempo, el riesgo aumenta. Por eso el riesgo es que este pesimismo se transforme en otro tipo de expresión. La gente se siente cansada, desilusionada. Creo que eso también ha sucedido porque la oposición no está planteando una vía de salida o una respuesta más positiva. De hecho, estos niveles de pesimismo no son tan distintos a los que predominaron durante casi todo el gobierno de Boric. Entonces eso provoca esta sensación de cansancio, porque no hay alternativa.

Al mismo tiempo, eso le da una oportunidad al gobierno, todavía tiene un tiempo para dar vuelta esto. Porque si tuvieras una oposición muy organizada, con una propuesta muy identificatoria y con la capacidad de movilización, el escenario sería muy distinto. El escenario político le da una oportunidad al gobierno, pero tiene que ser antes de fin de año. Le exige inmediatez.

¿Ve una disputa política por el pesimismo? Por un lado, el gobierno está consciente de que tiene que dar vuelta a las expectativas. Y, por otro, a la oposición pareciera convenirle que impere este clima para asegurar que haya un cambio de gobierno en tres años más.

Exacto. Yo creo que si el gobierno fuera exitoso en por lo menos parar la caída y provocar un pequeño repunte del ánimo económico de aquí a los próximos meses, sería una derrota para la oposición, sin lugar a dudas. Y, evidentemente, la oposición siente que en este desánimo económico, ellos pueden ganar. Ellos pueden obtener beneficios, van a tratar de poner muy a la vista los problemas que está produciendo este apretón económico.

¿La derecha, en general, aprendió la lección después del estallido y del bajón de ánimo que hubo para el 2019?

Yo espero que sí, pero de repente me entran dudas, porque las causas del estallido quedaron como un gran misterio. La relación de causa-efecto son muy difíciles en las ciencias sociales, pero que el estallido fue precedido de un período de pesimismo, eso está en los números. Si no es por un estallido, al menos por la necesidad de sacar adelante el proyecto de este gobierno, tienen que hacerse cargo del pesimismo. No por parar un estallido, sino porque si no lo hacen su programa de gobierno de sus cuatro años y la posibilidad de traspasar a un segundo gobierno suyo sencillamente se esfuman.

¿Pesará el mote de “fome” -como los tildó la exvocera Mara Sedini- en cómo la ciudadanía está mirando al gobierno y el momento actual del país?

Yo creo que no. Dada la situación actual, la forma y los motivos por los cuales votaron por este gobierno, no hay ningún pecado en ser fome. Podría ser perfectamente un gobierno fome, pero efectivo. No me imagino un gobierno muy enérgico, con mucho anuncio, con un clima de entusiasmo. No son las personas. Pero si tú me preguntas ¿cuál es el principal déficit del gobierno? ¿Ser fome? No, yo les diría: sean fomes nomás, pero muestren resultados.

¿A qué cree que responde la descoordinación que hemos visto en estos seis meses de gobierno entre los ministros del gabinete?

Tengo la impresión de que el diseño original del Presidente Kast no funcionó. Las salidas de Sedini y la ministra Steinert, de Seguridad, mostró que eso no funcionaba, los problemas que hubo del Segundo Piso con los ministros... Ese modelo inicial no funcionó. Y no sé muy bien cuál es el modelo nuevo. Está este ministro del Interior que al mismo tiempo es vocero, pero que no es vocero... Y aparte del liderazgo de Quiroz en su área, que es muy nítido, no se ve lo mismo en otras áreas. Es un problema del modelo de gobernanza, por decirlo así, que se desdibujó después de los conflictos que hubo después de la instalación y no es muy claro todavía cuál es el modelo nuevo. Las medidas económicas puede que funcionen, pero la necesidad de socializarlo como un proyecto creo que les va a ser difícil. El vacío de que no haya un vocero es muy grande.

¿No ve que Kast tenga un liderazgo claramente ordenador?

Da la impresión de que no. Yo no quisiera hacer un juicio, pero desde afuera no se ve, porque vemos que hay diferencias entre los ministros prácticamente todos los días.

Ahora, al presidente cuando se le ha preguntado por esto ha dicho que esto es hojarasca, lo que importan son los resultados...

Me imagino que el presidente puede tener su idea de cómo funciona un gobierno, pero yo veo muy difícil que funcione. Un gobierno es una cosa extremadamente compleja, con la cantidad de participantes, voces, y con desorden no veo cómo pueden obtenerse los resultados. No veo que ese modelo del laissez-faire, cada cual haga lo que quiera, diga lo que quiera, pueda funcionar.

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