Hay un límite para el deseo: ¿cómo aprender a decir que no?

Ilustración: Malte Mueller.

El temor a perder afectos, trabajo o la valoración del grupo de pares, puede llevar a las personas, especialmente durante la adolescencia, a pasar por encima de sus propios intereses para acceder a peticiones que, en realidad, no comparten. Por ello, dos especialistas detallan a Práctico el camino para sacar la voz con claridad: el desarrollo de la asertividad, tener claras las prioridades, y conversar lo que se considera aceptable.



Sea para tomar esa tediosa tarea en el trabajo un viernes por la noche, elegir los ingredientes de una pizza o sumarse como acompañante a una función de cine que no ofrece buenas perspectivas, muchas veces nuestra capacidad de decisión es sometida a prueba. Y puede ser un proceso difícil. La presión del grupo, la pareja o los compañeros de labor a menudo puede forzarnos a tomar una u otra opción, que no corresponda con aquella que en realidad deseamos. Por eso, es que se llega a un punto en que la pregunta es más bien, ¿cómo decir que no? ¿Cómo conciliar mi propio interés con las expectativas que otros lanzan como terrones al té?

Para las expertas, se trata de un asunto que tiene varios puntos a considerar. "El que una persona tenga dificultades para poner límites en las relaciones tiene que ver con una dificultad en su autovaloración, tendiente a percibir al otro y sus necesidades u óptica, como más valiosa que las propias -explica a Práctico, la psicóloga clínica Claudia Estay- por lo que la persona se pospone y reprime como mecanismo de defensa ante el conflicto de intereses".

"También puede tener que ver con con el deseo de tener el control sobre los resultados, lo que lleva a las personas a responsabilizarse de deberes que no les corresponden -agrega Estay-. En ambas situaciones la persona está buscando seguridad y control, muchas veces a costa de su bienestar personal".

"Yo diría que cuando a alguien le cuesta decir que 'no', es porque hay sentimientos negativos", complementa la también psicóloga Tamara Wittenberg. "Puede haber miedo a ser rechazado, miedo a perder afecto, a quedar mal, a las críticas sociales, la culpa, y la necesidad de aprobación. Ahí falla la autoestima, la valoración de sí mismo, y por eso es que la persona pasa a validarse a través de los demás".

Pero no es tan simple. Hay una situación que puede volver más difícil para alguien el sacar la voz y dar una respuesta negativa. A veces ocurre que la puñalada viene desde la propia mano. Es decir, sabiendo que al decir que sí voy a dejar de obtener algo, se dice que no porque se cree que se obtendrá -o mantendrá- algún beneficio. El asiento de atrás me acomoda más.

"Hay que considerar también la comodidad -detalla Wittenberg-. A veces la gente no es que no puede decir que 'no', es que no quiere. Por ejemplo alguien que tiene miedo de perder a un otro, le dice que sí a todo porque cree que si no, lo van a dejar de querer. Entonces son patrones que se establecen porque de alguna manera yo gano algo, o me siento cómodo sin cambiar las cosas. Hay quienes lo hacen para evitar peleas".

Esto último, el actuar por cierto interés, tiene un nombre. "Se llama intención positiva, quiere decir que detrás de toda conducta o comportamiento que se realiza, lo haces por algo, porque te aporta algo", continúa la profesional. Por ello, las expertas consideran que la solución debe pasar por la voluntad. Asumir que el decir 'no', me resultará más valioso.

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Ser asertivo

En psicología existe otro concepto clave. Se trata de la asertividad. Al respecto hay variadas definiciones, pero una muy repetida es la propuesta por Robert Alberti y Michael Emmons en 1978. Según ellos, es "la conducta que permite a una persona actuar en base a sus intereses más importantes, defenderse sin ansiedad inapropiada, expresar cómodamente sentimientos honestos o ejercer los derechos personales sin negar los derechos de los otros".

De esta forma, quien se sienta compelido a decir que sí, debe ante todo conseguir ser asertivo. "Actuar de forma asertiva implica expresarnos buscando el equilibrio entre el cuidado y respeto por nuestras necesidades, pensamientos y emociones y las del otro involucrado en la relación", explica Claudia Estay.

Para las especialistas, esta es una habilidad muy necesaria, en especial en el entorno laboral. Para desarrollarla, y así lidiar con presiones, compañeros competitivos y repentinos cambios de turno que siempre recaen en uno, hay que considerar algunos aspectos. "Primero, se debe tener vínculos sanos -explica Tamara Wittenberg- porque cuando las personas se enganchan en dinámicas que son tóxicas, o en relaciones codependientes, es muy probable que les cueste más decir que no".

Otra clave tiene que ver con la manera en que se organizan las tareas diarias. "Por ejemplo, llega tu jefe y te dice 'oye, necesito que hagas esto', pero en verdad no puedes, es bueno mostrarle un calendario de actividades, establecer cuál es el cronograma, de qué manera está avanzando, y reportarle al jefe cuando realmente no puedes hacer algo, porque claro, es muy difícil que sepa que no puedes si tú no se lo dices", continúa Wittenberg.

"Para lidiar con la presión social es importante tener claridad respecto a nuestros valores y prioridades -afirma Estay-. Es mucho más fácil decir que no cuando tenemos claridad respecto de aquello que es importante para nosotros".

"Por ejemplo, si tu jefe te pide que te quedes fuera de horario y tienes agendada una hora al médico que es importante e inamovible, lo más probable es que digas que no, pero si, tienes una cita con una amiga, muy probablemente dudes y accedas por darle mayor importancia a los objetivos laborales", continúa la profesional.

Pero hay otras técnicas que pueden ayudar. Según Estay, se trata de tener la situación bajo nuestro control. "Una técnica que facilita el tránsito para aprender a poner límites, es partir por posponer la respuesta con el objetivo de entregarnos tiempo para tomar una decisión consciente y poner los argumentos la balanza. Porque cuando decimos que sí a todo, nos terminamos posponiendo y negando a nosotros mismos y es necesario hacernos consciente de ello". Para ella, en tal caso es bueno recurrir a las frases más diplomáticas del tipo 'Déjame ver si puedo', 'te respondo en una hora'.

Un "no" para adolescentes

Si hay una edad en que el valor del grupo de amigos suele ser considerable, es la adolescencia. "El deterioro de los vínculos familiares, como consecuencia de la búsqueda de una autonomía mayor por parte del adolescente, dejaría a éste en un vacío que trata de colmar en el grupo de los iguales. La autonomía lograda en el grupo de iguales favorecería la buena relación familiar". explica el psicólogo vasco Sabino Ayestarán en su paper "El grupo de pares y el desarrollo psicosocial del adolescente".

Por ello, no es raro que en esta edad, el/la joven se vea arrastrado/a a participar en actividades, debido a la presión del colectivo. En ese sentido, decidir un panorama, imitar algún desafío sacado de las redes sociales o hablarle a la/el compañera/o de curso que te gusta, puede llegar a ser toda una hazaña. "En esa etapa decir que 'no' puede ser más dificultoso aún, ya que el sujeto tiende a identificarse con grupos de personas afines en la búsqueda de su propia identidad separada de la comunidad de origen", explica Claudia Estay.

¿Qué se puede hacer con el/la adolescente compungido/a que no supo decir que 'no' a una travesura que luego le costó su mesada y el permiso para salir a bailar K-Pop? "Es importante validar la búsqueda de identidad -afirma Estay- Hay que entender que es un proceso y que implica cambios constantes en los que el sujeto experimenta para definir lo que desea para su vida y saber que es necesaria la experiencia para aprender a tomar decisiones conscientes".

"Cuando estás formando y desarrollando tu personalidad, estás explorando, estás probando, estás llevando las cosas al límite -explica Tamara Wittenberg- por eso que muchas veces no saben qué cosas son 'normales', qué cosas no. Entonces, ¿qué se puede hacer? Yo creo que es muy importante la comunicación con los padres, que hayan diálogos abiertos, que si un joven quiere preguntar algo, saber si tal cosa es normal o no".

A menudo ocurre en los primeros "carretes". Es habitual que allí, entre reggaetón, brillo y poses para Instagram se cuelen latas de cervezas, promociones de pisco y otras bebidas de las llamadas "espirituosas". "Cuando sale de carrete y le ofrecen alcohol, el joven se está preguntando ¿qué pasa si tomo?¿si me tomo uno?¿es normal? si es que no hay un diálogo real con los padres, el adolescente va a hacer dos cosas: o buscará la información por internet o le preguntará a los amigos, que probablemente están en lo mismo", continúa Wittenberg.

Por ello, la especialista insiste en que la conversación es clave. Lo ideal, desprovista del tono imperativo propio de las instituciones o de serios profesores jefes. "Es bueno conversar sobre valores, pero no desde un punto moral, sino que el joven pueda descubrir qué es importante para él, qué es lo que quiere lograr, qué significa la amistad, qué significa el amor, de qué manera una persona que te quiere te va a presionar o te va a juzgar. Son esas cosas que a los adultos les cuesta conversar, y no tienen claro, para los adolescentes es mucho más importante, porque como no tienen los límites definidos, es importante que los padres los ayuden en eso".

Para Claudia Estay, en los jóvenes lo importante es "comprenderse diferente y único, más allá de cualquier vínculo y similitud con otros y aprender a decir que 'no' a las acciones o peticiones, que es diferente a decir que 'no' a las personas o al grupo en general. Esto brinda perspectiva, siendo capaz de comprender que la valoración y respeto por el grupo no pasa por cumplir con la expectativas de los demás".

Sobre el autor:

Periodista de Culto y creador de Yakaranda Magazine.

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