¿Cómo bailar sin sentir vergüenza?

bailando

Ilustración: César Mejías.

Si para muchos el baile es una oportunidad para relajarse y pasarlo bien, para otros es un calvario. Aprender a conectarse con el cuerpo, hacerlo sin exigencia y dejarse llevar son algunas buenas recomendaciones de expertos en la materia.



Bailar para David es sinónimo de aburrimiento y molestia. No le gusta, le da vergüenza y hasta se siente poco inteligente. Si en una fiesta ponen música y todos salen a la pista, él prefiere quedarse sentado conversando o incluso mirando la performance de algunos amigos "buenos para la pachanga".

"Bailar no es algo difícil, solo hay que ser coordinado y seguir el ritmo, al menos eso dicen todas aquellos que bailan como si los pies les volaran. Pero ese no es mi caso", cuenta este periodista dedicado a la difusión científica, que hurga en sus recuerdos para intentar dar una explicación a su conducta.

A sus casi 40 años, David reconoce que ha bailado por obligación y no por voluntad. En su niñez lo hacía porque sus profesores se lo exigían, y en su adolescencia porque era un mal necesario para conquistar mujeres. "De haber existido Tinder en ese entonces, hoy no escucharía ni música", dice.

En sus idas y regresos a su pasado, cuenta que hay dos hitos que marcaron su relación con el baile. El primero ocurrió cuando tenía siete años y escuchó por primera vez la canción "Don't lose my number", de Phil Collins. "Me gustó tanto la melodía de ese tema que dejé de jugar con mis Transformers y me puse a bailar como un loco", dice.

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Un momento feliz que nada tiene que ver con el segundo hito que determinó su lejanía definitiva con el baile. "Una vez tuve que preparar un acto para la semana de la chilenidad. Cuando mi profesora me hizo escoger una danza típica preferí 'La Tirana', porque me parecía menos humillante que la cueca. Al momento de bailar, recuerdo que estaba atemorizado por la muchedumbre, sofocado y sudado. Casi al final de la presentación a uno de mis compañeros se le cayó la máscara y se le rompió. Él se puso a llorar y todo terminó abruptamente. Finalmente nos pusieron un 5.5", dice. De ese momento han pasado varios años y hoy David tiene un hijo y una mujer que les encanta bailar, y pese a ello, no le motiva.

La historia que relata este periodista tiene mucho sentido para la Doctora en Filosofía Valeria Radrigán. Ella cree que la negación hacia el baile tiene que ver con una desconexión absoluta entre mente y cuerpo. "Cuando hablo de una 'desconexión' con el cuerpo o de dificultades en el plano de la 'exposición', me refiero a que si bien el cuerpo es una materia que nos acompaña todo el tiempo -y aparentemente uno debiera conocerla y poder controlarla-, es una de las cosas que muchas veces menos conocemos o controlamos, y en ello inciden mucho las influencias externas, es decir, lo que hemos escuchado o interiorizado que es un cuerpo bello, normal y sano", señala.

Valeria lleva años investigando las relaciones del cuerpo con la tecnología, la ciencia y la sociedad, y por eso asegura que los chilenos están muy desconectados de él en la vida cotidiana. "Cuando voy por la calle veo muchas tensiones, cuerpos agachados, apretados y con miedo. Son cuerpos que no buscan exponerse, sino pasar desapercibidos. Esto no solo se manifiesta en la postura sino que también en la ropa y el uso de los audífonos, que expresan un volcamiento hacia el interior", dice.

Si usted siente que no logra conectarse con el baile y es un problema que no ha resuelto cinco especialistas comparten sus estrategias acá.

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Ilustración: César Mejías.[/caption]

1. Baile como quiera

Este es el consejo que Macarena Gutiérrez y Victoria de la Parra, creadoras del colectivo artístico Gamera, le dan a quienes asisten a las sesiones de danza-terapia que han llamado Baila como quieras. Espacio en el que incentivan la experimentación del movimiento a través del baile libre. "Esta es una buena herramienta de autoconocimiento y conciencia corporal", dicen.

La práctica consiste en dos horas de baile y a ella pueden ir personas de todas las edades e incluso familias. Al lugar se debe entrar sin zapatos, sin hablar, y si se quiere, con los ojos vendados. Las sesiones regulares las realizan una vez al mes en diferentes locaciones de Santiago y también en espacios abiertos donde se vive una catarsis colectiva.

"Hemos realizado la práctica en colegios o comunidades aisladas donde el proyecto llega y enfrenta a las personas a la idea de bailar libremente. Si bien la consigna es clara, nos hemos dado cuenta de que el problema está principalmente en que no hay educación somática. Chile no tiene una cultura corporal. Nuestra historia y educación —megadisciplinaria y estricta—, ha forjado nuestro temperamento de forma introvertida, apretada y más bien tímida, contraria a la expresividad caribeña o latinoamericana donde el baile se vive en los espacios públicos", explican.

Para vencer la rigidez corporal, las profesionales creen que hay que educar somáticamente para expresar sin ataduras. "El baile nos hace sentir expuestos, pero olvidamos lo importante que es en términos de cambio personal, social y político, pues significa soltar las apariencias para movernos como queramos".

2. Aprenda a disfrutar

Gabriel Arias es venezolano y lleva cinco años enseñando ritmos latinos en nuestro país. Dice que él se considera "un facilitador" más que un profesor porque su objetivo principal es guiar a las personas en su proceso de aprendizaje. "Me enfoco principalmente en entregarles a los alumnos un entorno adecuado, esto significa brindarles un espacio jovial donde se sientan relajados e incluidos. Más que enseñarles pasos o vueltas, busco que los alumnos se queden con las buenas emociones que recordarán con satisfacción", dice.

En sus clases Gabriel se transforma en un coach para sus alumnos. Paciente y cercano, les aconseja que para sentir la música tienen que estar bien con ellos y su entorno, y perderle el miedo al proceso. "No hay una ciencia o una manera exacta para aprender a soltarse, lo más importante es disfrutar lo que está haciendo. En la mayoría de los casos, las personas no se sueltan por vergüenza o timidez. Cuando una persona decide tomar clases, planificarlo e incluirlo en su agenda diaria, es porque está dispuesta a hacer esto parte de su vida", aconseja.

3. No reprima su cuerpo

Gladys Cofré es terapeuta holística y lleva diez años enseñando biodanza. En todo este tiempo ha visto muchos cuerpos moverse con dificultad y cree que la causa es la autorepresión presente en nuestra cultura. "Desde hace miles de años nuestra civilización ha castigado al cuerpo y lo ha llamado la 'cárcel del alma' y el 'cuerpo del pecado'. Ese pensamiento ha generado una relación culposa con nuestra expresión auténtica, castigando el placer y el deseo de moverse y de sentir", explica.

El miedo a conectarnos con una emoción guardada puede ser otro elemento autolimitante para Gladys. "La música y la danza conllevan una conexión con estadios más sutiles que nos hacen ver cosas que tal vez nos resulten complejas. La corporalidad es un vehículo a través del cual nuestro universo emocional se expresa, y atender a ello es un acto de suma conciencia que debe ser desarrollado", dice.

En sus clases Gladys utiliza ritmos que estimulan el movimiento no estereotipado, sino aquel que sea propio. Entonces a través de la no-estructura ella logra que sus alumnos se dejen llevar, pierdan el miedo al ridículo y se sientan libres.

4. Olvide que la inteligencia es solo cognitiva

Piense en algo tan sencillo como los ramos que tenía en el colegio… Matemática, física, química, biología, computación… ah y también educación física y música. Si se da cuenta este simple ejercicio de memoria da cuenta de un sistema escolar que separa mente y corporalidad. Así lo cree Yilda Quintanilla, sicóloga clínica, quien señala que en Chile están sobrevaloradas las ciencias duras.

"Si observamos el currículum de los colegios de nuestros hijos, nos podemos dar cuenta de que el único ramo que se relaciona con la corporalidad es educación física. Si a esto le sumamos la hipersexualización del cuerpo con estándares de belleza que no son natulares-reflejado en los medios de comunicación y publicidad- podemos concluir que educamos a personas que no son conscientes de su corporalidad".

Para ayudar a alguien a conectarse con el baile Yilda señala que es necesario conocer su subjetividad, es decir, cómo el individuo conceptualiza su corporalidad. "Yo invitaría a esa persona a que se conectara con su emocionalidad y que la expresará a través del movimiento tal como lo hacen los niños".

Sobre la autora:

Periodista de La Hora Mujeres.

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