Impuesto a las empresas en Chile: aportan más pese a tasas más bajas

Es un discurso común de los últimos meses, con el país inmerso en la campaña presidencial, el que las empresas en Chile tienen una baja carga tributaria, por concepto de impuesto a la renta, versus los gravámenes que deben pagar las personas.
A simple vista, esta relación se da entre una tasa de 20% que pagan el sector empresarial, que además es considerado crédito sobre el global complementario, que pagan las personas, sumado a varias exenciones a la forma de pagar dicha tasa, como el régimen de los 14 (bis, ter y quáter) más la renta presunta.
Otro elemento del debate es que, en comparación con el mundo, la tasa chilena está entre las más bajas.
Y efectivamente es así. Según un análisis de Libertad y Desarrollo, como promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el impuesto a las empresas está en torno a 25,47%, frente al 20% aprobado el año pasado para las compañías nacionales en la reforma tributaria.
De ese listado, Chile se ubica entre las 10 economías con el gravamen empresarial más bajo, de un total de 34 países.
Pero esa es sólo una lectura. Porque si se considera cuánto es el aporte en términos de recaudación que realizan las empresas chilenas como porcentaje del PIB a la economía doméstica, éste alcanza a 3,12%, por sobre el promedio OCDE de 2,92%.
Aún más, las empresas chilenas aportarían aún más a la recaudación de lo que los privados en países desarrollados pagan en sus respectivas economías.
Es el caso, por ejemplo, de Alemania (1,52% de aporte al PIB con una tasa de 30,2%); Japón (2,84% del PIB versus un gravamen de 39,5%); o el propio Estados Unidos (2,71% del PIB por una tasa de 39,2%). Esto, avalaría la tesis de que una tasa elevada de impuestos no necesariamente garantiza mayor recaudación (ver gráficos).
¿A qué se debe ésto? Según el investigador de LyD, Francisco Klapp, esta aparente incoherencia entre tasas elevadas versus recaudaciones menores, tiene que ver con por ejemplo, la exención de utilidades que es diferente para cada país.
"Cada país tiene gastos rechazados distintos, depreciaciones distintas, definiciones de impuestos gravables diferentes, etc. Entonces la tasa en sí misma puede ser engañosa, porque efcetivamente Chile tiene de las tasas a las empresas más baja de la OCDE, pero también es de los países que más recauda", explica.
En esa línea, agrega que "en otros países existen beneficios a las empresas como tasas marginales progresivas según tamaño, pese a tener tasas marginales muy altas". De hecho, acota que un ejemplo de ello es en EEUU, que tiene distintos niveles de gravámenes según el tamaño de la empresa.
"En Chile tenemos una tasa pareja para todas las empresas de 20%. En EEUU la tasa máxima es 39%, pero después baja a 35% y mientras más chica la empresa, más baja la tasa y por eso recaudan menos", señala.
Y hay más ejemplos. La tasa máxima de Japón es de 39,5%, pero para las empresas pequeñas sólo alcanza al 24,8%; en Francia el tope es de 34%, pero cae a 15% si se trata de empresas menores; así como también en Bélgica, donde las grande empresas pagan un máximo de 34%, mientras que negocios pequeños están gravados con 24,3%.
Para EEUU, en tanto, el piso de la tasa empresarial para negocios pequeños es de 20,1%, similar a la chilena.
"Bajo esa perspectiva, más que considerar cuál es la tasa, lo importante al final del día es cuánto es el aporte que realizan al Estado en recaudación, porque el nivel de la tasa puede resultar engañoso", subraya Klapp.
Agrega que "ese es el atractivo de que la tasa a las empresas en Chile sea plana, pese al invento de los 14 -bis, ter y quater para las empresas más pequeñas".
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