Académica de la Universidad de Harvard: “No es el momento para que Chile caiga en la complacencia”

Las condiciones externas para Chile “no son las más favorables”, principalmente por una mayor desaceleración china. Internamente, llama a investigar la deuda corporativa del país, donde cree que se pueden estar desarrollando riesgos importantes.


Este año Carmen Reinhart, académica de la Universidad de Harvard, se quedó con el premio de Economía Bernhard Harms, del connotado centro de estudios alemán Kiel, y con el Premio de Economía Rey Juan Carlos de España.

Se trata de reconocimientos “muy especiales” para esta economista estadounidense de origen cubano, que – en entrevista con PULSO – entregó sus perspectivas para 2019, las que no resultan del todo auspiciosas.

Ha manifestado preocupación por la economía China de cara a 2019, ¿por qué?

-Se les está complicando cada vez más controlar el paso de la desaceleración. Por muchos años tenían variadas herramientas a su disposición para hacerlo: espacio fiscal y la expansión crediticia con crédito dirigido, principalmente, como instrumento de estímulo.

Hay que recordar que esta es una economía con fuertes controles de capital y todavía una economía dirigida.

En este momento hay dos problemas con las empresas chinas. Primero, están sobre endeudadas y no logran una gran competitividad, por lo que es complicado que tengan éxito.

En segundo lugar, están sobre evaluadas. A partir de 2013 las monedas de mercados emergentes, tanto asiáticas como latinoamericanos, comenzaron a depreciarse en distinta magnitud y China lo ha hecho muy poco, porque cada vez que China trata de hacer algo es un evento global, como ocurrió en agosto de 2015 cuando trataron de acelerar la depreciación y terminó siendo contraproducente, porque todos los vecinos se depreciaron más.

¿Qué implica para el crecimiento?

-Hablo de una continua desaceleración, no de una crisis. Si llegan a crecer 6%, como quieren, tienen que sentirse dichosos. Yo creo que disminuirá cerca del 5%.

Esto sin considerar el tema de la batalla comercial con EEUU. Por lo tanto, ese es el escenario básico que yo tengo de China, uno donde no hay nada dramático, pero más desaceleración todavía.

Un mercado emergente como Chile, que depende en gran medida de sus exportaciones de cobre a China, ¿debería estar preocupado?

-Sí. Chile no es un país que se esté esperando una crisis, pero las condiciones externas no son tan favorables. Hice una presentación para este verano (invierno en el Hemisferio Sur) para la Alianza del Pacífico, donde miré – en un periodo de cinco años – la correlación entre el crecimiento de China y los mayores países de América Latina, incluyendo Chile, y hay una correlación de 1,75 puntos.

Por lo tanto, si China se desacelera es una mala noticia. Por otro lado, las tasas de interés de EEUU están aumentando y prometen continuar en 2019, lo que no ayuda, así como tampoco lo hace la fuerza que ha tenido el dólar. Si bien el gobierno de Chile no tiene una gran deuda externa, las corporaciones sí y bastante altas.

Esa deuda es en dólares. De todas maneras, mi preocupación por los emergentes vería, porque – como ellos dicen – son un grupo heterogéneo.

En ese sentido, ¿ve mejor preparado a Chile que varios de sus pares?

-En Chile las condiciones son más favorables. Sin embargo, a mí me preocupa que caiga en una sensación de complacencia, es decir, que prevalezca la noción de que “nosotros estamos bien”, “la deuda corporativa está bien calzada”. Hay una combinación de cosas, la desaceleración china, precios más suaves de los productos primarios, las tasas de intereses globales más altas, un dólar fuerte y otros países en la región – como Argentina, México y Brasil – con altos niveles de vulnerabilidades por distintos motivos cada uno están, por los cuales no es el momento para que Chile caiga en la complacencia.

¿Cómo Chile puede estar preocupado preparado para un escenario más complejo?

-Todo siempre comienza con información. Hay que comenzar por tener buena información sobre el estado de los balances de las corporaciones que tienen deuda externa. La famosa crisis de Chile de 1981 no vino porque el gobierno tenía alta deuda externa o por que tuviera un problema fiscal, vino porque los bancos se habían endeudado en el exterior y lo que fue deuda privada antes de la crisis, terminó siendo deuda pública después de la crisis.

La situación es muy distinta esta vez, porque no son los bancos los que tienen el problema de deuda externa, pero parte de la preparación es estar bien informado porque las sorpresas negativas, “ay no sabía que esto estaba así”, siempre es el talón de Aquiles en las crisis.

El tema de deudas escondidas es un tema muy importante. Chile sí anda bien en la parte macro prudencial. Hay que reforzar eso en un momento donde pueden venir más choques por el lado del contagio. Los mercados financieros cada vez se preocupan más por México, por ejemplo.

¿Ve más riesgos por el lado de la economía de EEUU? Varios han anticipado una recesión en 2020…

-Una desaceleración en EEUU está en las perspectivas. Hasta ahora, parte del estímulo ha venido de la parte fiscal y está disminuyendo. También ha venido desde las condiciones monetarias que, aún con el reajuste de la Reserva Federal, han seguido amplias.

Por lo tanto, si bien no creo que haya recesión, sí hay una desaceleración en camino. Y si estallan los mercados de obligaciones de préstamos con garantía (CLO sus siglas en inglés), entonces sí estamos hablando una situación más complicada.

En Europa también crecen las preocupaciones…

-En 2017 había mucha esperanza sobre un crecimiento sincronizado, hubo muchas sorpresas positivas. En agosto de ese año, en la Conferencia de Jackson Hole de la Reserva Federal, fui la última persona que habló en el último panel y llamé a no confundir recuperación con resolución.

Los países en Europa, en su conjunto, se estaban recuperando después de una prolongadísima recesión y periodo de muy bajo crecimiento, pero los problemas europeos todavía son enormemente significativos. Cuando uno mira sobre todo la situación en Italia o Grecia, no vemos soluciones.

¿Eso explica la fragilidad europea, por ejemplo, con la reciente contracción alemana?

-No es sólo Alemania. Italia, otra vez, está prácticamente en recesión. Eso ocurre en función de que muchos de los problemas fundamentales, como el de sobre endeudamiento combinado con bajo crecimiento, en el caso de Italia y el potencial de que haya un contagio es un riesgo.

Europa, que también se ve afectado por la desaceleración en China, porque – por ejemplo – Alemania tiene mucha orientación a exportaciones y a través de los años sus conexiones con China han ido incrementándose. Además, por el lado político está la ola populista, que es factor que está impactando.

¿Van a tener un difícil 2019?

– Yo creo que sí, de hecho 2019 globalmente será un año difícil y Europa en particular tiene este problema de las discrepancias y la inestabilidad con distintos gobiernos, como el italiano, además de las protestas que vimos en Francia, el cambio de liderazgo en Alemania.

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