Director ejecutivo de TECHO Chile, Sebastián Bowen: "La verdadera enfermedad social es la exclusión dentro de la ciudad"

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"Techo no sólo se enfoca en mejorar la vivienda", es lo que Bowen enfatiza sobre la labor de esta entidad con ya 20 años. Además, el director ejecutivo de esta entidad explica la importancia de construir ciudades más justas.




Techo no es lo mismo que antes. Su director ejecutivo para Chile, Sebastián Bowen, se encarga de enfatizarlo en cada momento. Hace menos de un año cambiaron su foco. Atrás quedaron los voluntarios que principalmente construían mediaguas en los '90. Hoy les interesa mucho más la calidad de vida de las personas en todos sus aspectos. Hoy, los voluntarios están dentro de las urbes, en medio de los barrios y calles. Al otrora clavo y martillo le agregaron la ayuda psicológica y social multidimensional. Ese es el nuevo Techo.

Hace 20 años existían 104.000 familias que vivían en campamentos en Chile. Gracias, en gran parte a la labor de esta entidad, se redujeron a 27.000 el 2011, de las cuales, 7.000 lograron salir de esa situación. "Sin embargo", aclara preocupado Bowen, "desde 2011 ingresaron 20.000 familias más. Al tiempo que estábamos erradicando los campamentos, estaba ingresando más gente a ellos. Es lo que denominamos como los 'nuevos campamentos'".

¿En qué consisten?

-Es un fenómeno muy asociado a familias que, viviendo en una casa, estaban hacinados, no podían pagar el arriendo, o vivían en barrios inseguros. Todo esto produce que salgan de sus casas y migren a un campamento. De alguna manera, nos dimos cuenta que estábamos trabajando con el síntoma, pero no enfrentando la enfermedad.

¿Y cuál es la enfermedad?

-La verdadera enfermedad social es la exclusión dentro de la ciudad. Eso nos llevó a una reflexión profunda de que Techo debía girar hacia la construcción de una ciudad justa. Hace 20 años construíamos mediaguas, hace 10 erradicamos los campamentos y hoy, nos damos cuenta que para terminar realmente con los campamentos tenemos que terminar con la exclusión.

¿En qué se traduce este cambio de foco en la práctica?

-Se trata no sólo de trabajar con los campamentos, sino también con conventillos, villas de blocks, barrios precarios y otras realidades de situación marginal en la ciudad.

¿Siempre enfocado en el tema urbano?

-Sí, fundamentalmente. El 90% de la población chilena vive en zonas urbanas y en general, es el gran tema con respecto al hábitat en el mundo: cómo uno construye las ciudades. Claramente existe vulnerabilidad y pobreza en zonas rurales, pero nuestra prioridad está hoy en las ciudades.

¿Cuál es el rol del nuevo voluntario que ahora vive en la misma ciudad donde ayuda?

-Creo que este propósito de construir ciudades justas, de alguna manera se vincula también con un Estado que tenemos como país. El Chile post 2011, con el fuerte movimiento estudiantil y ahora, con una importante ola feminista (entre otros factores) es un país que está pidiendo cambios más estructurales. Si consideramos que es un país con un ingreso per cápita de cerca de US$25.000 y con un Estado tres o cuatro veces más grande que hace 20 años, es importante que la causa no sea reducida sólo a un asunto del problema de las 40.000 familias que viven en campamentos. Tenemos que entender que es una causa mucho más estructural y universal, que le toca a todo el mundo.

¿Cómo así?

-Quizá en tu recorrido diario de la casa al trabajo no ves un campamento, pero si vas a ver la segregación urbana y la injusticia en la ciudad. Por eso, lo que busca Techo es hacer un llamado aún más ambicioso y convocar a más voluntades y voluntarios.

¿Cuál es la importancia real del voluntario?

-Que tenga la capacidad de innovar y de visibilizar cosas que ni el Estado ni la empresa a privada ve. Están dispuestos a ir mucho más allá. A pasar la frontera de la innovación. Necesitamos un voluntario que sea un activista por la ciudad, porque necesitamos incidir en las grandes entidades públicas y privadas.

¿Cuál es hoy el perfil de esos voluntarios a diferencia de los que hubo en décadas anteriores?

-Apelamos a dos tipos de voluntarios. Primero al universitario, porque son las personas que están pensando constantemente lo que será el país y tienen una capacidad de movilizarse muy fuerte.

Si uno quisiera hacer una revolución para hacer ciudades más justas, esos protagonistas van a estar primeramente en las universidades. Pero hay un segundo tipo de voluntario que es muy importante, que es el que está en todos lados. Desde profesionales, hasta personas que están trabajando en la empresa privada y se dan cuenta que su compañía puede ayudar por una sociedad más justa. Tenemos hoy una sociedad más educada y especialista que nunca en la historia del país. En Techo buscamos ser una aplicación para canalizar la voluntad que hay en las personas de construir ciudades justas.

¿Cómo hacemos esas ciudades más justas?

-No es sólo un tema de vivienda. Tiene que ver con el acceso a calidad de vida y a una sociedad más equitativa.

¿Cuál es el rol de las empresas, con esta visión más sustentable del mundo que se está dando en la actualidad?

-Como en todas las cosas hay facciones y eso se ve en el Estado, en las empresas y en la ciudadanía. Creo que hay un grupo que siempre va a buscar esconder la pobreza y las vulnerabilidades, tal como indica la frase tan chilena: "Que no se note pobreza". Esa facción buscará desalojar rápidamente los campamentos, enviar las viviendas sociales a la periferia para que no se vean en el centro o que las personas más vulnerables vivan hacinados. No les importará los cités de familias vulnerables, mientras no se vean.

¿Y la otra facción?

-Es cada vez más grande y es la que buscará superar la vulnerabilidad y la pobreza. Y ese es el grupo de empresas que buscará darles salida a las familias que están hacinadas e inseguras. Ambas facciones existen, y sabemos que no hay empresas exitosas en sociedades fracasadas, lógica que también podríamos ocupar en las ciudades: O sea, no hay compañías exitosas en urbes segregadas.

Por lo tanto, una empresa que de verdad quiere vivir en un ambiente más sostenible, peleará también por construir sociedades más justas y sostenibles. Por eso el desafío que planteamos como Techo no es de caridad, sino de justicia; pero sobre todo, de prosperidad. A todo Chile le irá mejor en la medida en que tengamos sociedades más inclusivas.

¿Techo se involucra también en temas más psicosociales y familiares?

-Así es, pero creo que deberíamos meternos más.

¿Por qué?

-Construir ciudades más justas no es sólo vivienda. Seis de cada 10 familias que llegan a un campamento, lo hacen porque donde viven no tienen dinero para pagar el arriendo. Muchas veces son problemas económicos, de endeudamiento, de leyes laborales y otros elementos asociados al trabajo y al ingreso. Por otro lado, 10% de las familias que llegan a un campamento, lo hacen porque viven en barrios demasiado inseguros y no quieren que sus niños estén en la calle o en la plaza, por miedo a la delincuencia y a la droga. Incluso, muchas deciden ir a un campamento ¡en búsqueda de mejores servicios y transporte! En resumen, construir ciudades justas es un tema multidimensional, por eso nuestra idea es entrar por la vivienda, pero luego, llegar a toda la vulnerabilidad social.

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