Por Ignacio BadalLa decisión de AES Andes sobre INNA: por qué se terminó cayendo el proyecto de hidrógeno verde, según la industria
La compañía estadounidense canceló un proyecto electroquímico que prometía una inversión de US$10 mil millones en la Región de Antofagasta. La decisión, según actores del sector, no tuvo que ver con la oposición de la comunidad astronómica y del presidente electo José Antonio Kast, sino con una visión estratégica de la casa matriz, en momentos clave para la empresa.

El viernes 23 de enero, cuando ya los mercados cerraban, AES Andes, la unidad latinoamericana la compañía de electricidad estadounidense AES, anunció una noticia que dentro de la industria se veía venir. Pero cuyas razones no quedaron del todo claras.
La empresa desistió de llevar a cabo su Proyecto Integrado de Infraestructura Energética para la Generación de Hidrógeno y Amoníaco Verde, conocido como INNA, una seductora iniciativa que pretendía levantar un enorme complejo de energía solar y electrolisis para la producción de estos materiales renovables que involucraba una inversión del orden de los US$10 mil millones, en la Región de Antofagasta.
Sin embargo, el millonario proyecto enfrentaba la dura oposición de la comunidad científica debido a que contemplaba su despliegue en la comuna de Tal Tal, en una zona vecina al observatorio de Cerro Paranal, lo que podría dificultar la actividad de los astrónomos.
Una polémica que cruzó también la campaña presidencial ya que los candidatos al balotaje dieron a conocer sus posiciones respecto a la factibilidad del proyecto y su compatibilidad con la astronomía. Y sorprendió que la abanderada oficialista apoyara la inversión de INNA, Kast se inclinara por priorizar la observación astronómica.
“Si bien INNA es un proyecto absolutamente compatible con otras actividades que se desarrollan en la zona, AES Andes ha tomado la decisión de priorizar sus esfuerzos en el desarrollo y construcción de la cartera de proyectos renovables y almacenamiento de energía, siguiendo el lineamiento de su matriz en Estados Unidos”, dijo la compañía al dar a conocer su decisión.
La compañía no ha querido profundizar en los detalles de su decisión y se han aferrado a su declaración.
Apostar por EE.UU.
Ahora que ha corrido un poco de agua bajo el puente, en el mercado y en círculos políticos, vincularon la decisión de AES con la próxima asunción a la presidencia de Kast, dado su público respaldo a la posición de los científicos en la controversia.
Sin embargo, al consultar a fuentes de la industria señalan que esta determinación no se relaciona con el drástico juicio del presidente electo ni tampoco con la severa oposición de los astrónomos, que pedían que ojalá la iniciativa pudiese trasladarse unos kilómetros, de manera de no incidir en la observación astronómica, lo que la empresa se había negado.
“La empresa podría haber hecho el esfuerzo de moverse, pero lo cierto es que era esperable que desde Estados Unidos dieran la orden de no seguir”, cuenta una fuente que conoció de la interna de AES.
La medida adoptada en las casa matriz de AES, situada en Arlington, estado de Virginia, EE.UU., se habría relacionado con una mera definición de costo/beneficio por parte de la matriz estadounidense que atraviesa por un periodo relevante de definiciones.
A inicios de octubre pasado, la agencia de noticias Reuters y el diario británico Financial Times publicaron que Global Infrastructure Partners (GIC), un fondo controlado por el gestor de fondos más grande del mundo, BlackRock, se encontraba en conversaciones avanzadas para adquirir la compañía energética AES. Aunque dijeron que el acuerdo se podría anunciar en las “próximas semanas”, aunque no existían garantías de un cierre o un fracaso. Aunque las empresas involucradas no han desmentido la información, hasta ahora no se ha anunciado un fin, sea positivo o negativo, de las negociaciones.
Esta eventual adquisición se produce en momentos en que la industria estadounidense de la energía eléctrica atraviesa por un momento clave, dado que la construcción de cientos de data centers en el país, producto de la explosión de la Inteligencia Artificial (IA), requiere de una enorme inyección de energía eléctrica.
Una consultora tecnológica estima que EE.UU. debería añadir unos 80 GW de nueva capacidad de generación eléctrica al año para mantenerse al ritmo de la IA y actualmente está construyendo menos de 65 GW, de acuerdo a The Wall Street Journal. La diferencia de 15 GW es equivalente al suministro eléctrico de dos ciudades de Manhattan durante los meses más calurosos del verano.
Así, en EE.UU. se estima que los data centers podrían consumir hasta el 12% del total de la matriz energética del país para 2028.
Para muestra un botón: a inicios de septiembre la creadora de ChatGPT (OpenAI) y Oracle anunciaron un contrato por US$300 mil millones para entregarle a la empresa del principal lenguaje de IA la capacidad de cómputo necesaria para seguir creciendo en los próximos cinco años. Ese contrato con Oracle requerirá de una capacidad energética de 4,5 gigawatts (GW), lo que equivale aproximadamente al consumo de unos cuatro millones de hogares en EE.UU.
En medio de esta ola de necesidad de generación y almacenamiento de energía, AES Corp. habría decidido apostar sus recursos a su país de origen y no a una iniciativa que se veía complicada de hacer y de largo plazo, en un país donde pese a que tienen presencia desde hace dos décadas, se ve lejano respecto a las necesidades locales.
“Los data centers están allá (en EE.UU.) y la energía se necesita ahora allá”, cuenta una importante fuente de la industria.
“Y si se tiene en cuenta que la compañía está en venta, se debe pensar en la rentabilidad más próxima y no en un proyecto que requiere recursos millonarios y que aún se ve incierto”, agrega otra fuente.
De hecho, la posibilidad de desarrollar a escala industrial el hidrógeno verde como combustible renovable aún no está del todo probado, dado que sus costos aún son elevados.
Es más, expertos globales apuntan a que no sería una buena solución para los automóviles, puesto que los vehículos eléctricos compactos serían mucho más rentables para ir avanzando hacia la reducción de la huella de carbono.
Apuntan a que el hidrógeno verde podría ser más atractivo financieramente para grandes medios de transporte como los aviones o los barcos. De hecho, experiencias de trenes ligeros en Francia y Alemania movidos por hidrógeno verde pasaron a utilizar baterías eléctricas, debido a su alto costo.
Pero la tecnología no está aún lo suficientemente avanzada como para que se transforme en una exportación en masa.
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