La disputa entre Carozzi y Coca-Cola que impulsa una nueva definición gremial frente a Etiquetado

En marzo, AB Chile redefinirá su postura respecto a la Ley de Etiquetado. Ese mes, el presidente del gremio, Rodrigo Álvarez, le propondrá al directorio un nuevo “rayado de cancha” respecto a la normativa. Es que las diferencias entre dos de sus socios han derivado en la necesidad de coordinar otro discurso común. Las divergencias entre Coca-Cola y Carozzi han permeado a la institución. El choque entre ambos actores -donde, en líneas generales, uno respalda la normativa, y el otro quiere profundas modificaciones- ha hecho que incluso existan peticiones de sanción sobre uno de ellos, mientras el otro evalúa permanentemente dejar el gremio. En el intertanto, ya se alista una reforma a los estatutos y un código de ética que los norme.


Será un comienzo de año movido para AB Chile. En marzo, Rodrigo Álvarez, presidente del gremio que reúne a grandes empresas de alimentos y bebidas, deberá presentar un nuevo rayado de cancha respecto a qué es lo que se quiere en materia de Ley de Etiquetado.

‘En qué creemos’ sería el lema de esta nueva definición, una que -cercanos a la asociación- definen como una necesidad. Es que la pública disputa entre dos de sus integrante -Carozzi y Coca-Cola- ha derivado en la urgencia de definir puntos mínimos de encuentro.

Si bien hay coincidencia en que tales desencuentros no han sido materia de directorio -sino más bien de mails y de minirreuniones-, sí ha existido incomodidad en la mesa -que, de manera ampliada, integran José Juan Llugany (Carozzi), Francisco Diharasarri (CCU), Daniel Vercelli (Coca-Cola Chile), Leo Leiman (Nestlé), José Luis Solorzano (Coca-Cola Andina), José Jaramillo (Coca-Cola Embonor), Hans Eben (Unilever), Rodolfo Véliz (Watt’s) y el resto de los representantes de los 25 socios del gremio- porque en última línea, las distintas acciones de uno u otro sí han salpicado.

Tal es así, que fue justamente Eben, junto a otras empresas, quien en la reunión de directorio de diciembre, le solicitaron a Álvarez presentar una propuesta en marzo con la postura común frente a la normativa, que en junio parte su tercera etapa con límites aún más exigentes.

Todo, para lograr aunar posiciones en una soterrada disputa que ya suma varios años y capítulos, con -por un lado- un Carozzi desarrollando un intenso lobby para modificar la ley en pos -dicen- de combatir realmente la obesidad; y -por otro- un Coca-Cola valorando la normativa, y avanzando -como han repetido- a pasos agigantados en reducir los niveles de azúcar, y por consiguiente, en eliminar los sellos de sus productos. “Ambas empresas han estado en algún momento peleadas con todas las demás.

En otros, el resto ha tomado palco”, precisa un alto ejecutivo de la industria. “Respecto a la ley, claramente no estamos 100% alineados en el gremio. Tenemos una posición distinta respecto a muchos de los integrantes. Creemos que la ley está en la dirección de las tendencias y las necesidades de los consumidores”, reconoce el gerente general de Coca-Cola Chile, Daniel Vercelli.

Desde Carozzi aseguran que todas las empresas de AB están trabajando para lograr controlar la obesidad, proponiendo iniciativas para que las personas tengan acceso a más y mejor información.

‘Hagámoslo bien’ fue la primera campaña que desarrolló AB para combatir la normativa. La ley había partido en junio de 2016, obligando a aquellos productos a poner sellos negros de advertencia ‘Altos en…’ si es que superaban ciertos niveles de azúcar, calorías y grasas saturadas. En diciembre de ese año, el gremio lanzó esta campaña con varios rostros que básicamente ridiculizaban el hecho de que las mediciones se hicieran sobre la base de 100 gramos y no por porción.

Personas al tanto de esa campaña precisan que fue financiada por todos los socios, incluido Coca-Cola Chile, en ese entonces gerenciada por Dino Troni. Pese a ello, la multinacional se desmarcó.

Tras su lanzamiento, el director de Marketing de Coca-Cola, Frank Salmon, dio una entrevista a La Tercera, asegurando que la campaña no los representaba. Y ardió Troya. “Todo el gremio se fue contra la compañía”, cuentan. E incluso hubo llamados telefónicos de ejecutivos socios emplazando duramente a sus pares de la firma de bebidas.

Los contactados reconocen tal diferencia. Sin embargo, precisan que Coca-Cola estuvo varios directorios previos cuestionando la publicidad. Aseguran que la compañía quería una campaña educativa, y que al final hicieron ver que esta era todo lo contrario: muy agresiva, y que generaría aún más distancia con la autoridad, cuando justamente estaban avanzando en el diálogo.

Al final del día, la pugna fue tal que el sistema Coca-Cola -es decir con Andina y Embonor incluido-pensó en dar un paso al lado de AB y fue Álvarez quien concilió para seguir unidos. Esa fue la primera gran pelea.

De ahí en adelante, revelan cercanos, las explosiones de un lado u otro han sido tras las entrevistas públicas que han dado. Es que a ojos de miembros de la entidad, cada uno ha defendido sus intereses sin considerar al colectivo; por otro lado, hay fuentes que aseguran que el resto ha tomado palco básicamente para evitar conflictos entre ellos.

Los últimos episodios, sin embargo, habrían generado mayor consenso. Ahora Carozzi ha sido el foco de la ira del resto.

A mediados de 2018, la firma de la familia Bofill lanzó una campaña que sacó ronchas. En ella, comparaba barras de cereal con una bebida -envase verde muy similar a la Sprite- y con yoghurts.

En líneas generales, sostenía que si bien estos dos últimos productos tenían más azúcar que el primero, carecían de sellos a diferencia de las barras. Cercanos a Carozzi precisan que tal estrategia fue todo un éxito, y que gracias a ella lograron poner su punto en la agenda; las consecuencias gremiales que generaría no los complicó, tampoco lo pensaron.

Todo el sistema Coca-Cola le pidió a Álvarez que aplicara sanciones contra Carozzi. La respuesta del presidente de la entidad fue clara: no tenía las atribuciones para ello, porque no existía ningún código de ética ni nada parecido que normara ese tipo de comportamientos. Aún más -relatan conocedores- le remitieron una carta formal de reclamo donde se le emplazaba a hacer algo respecto al actuar de Carozzi.

Ahí surgieron una serie de cuestionamientos en cuanto a una supuesta cercanía de Álvarez con la compañía de alimentos lo que hacía que fuera esa postura la que reinara en las declaraciones públicas de AB Chile.

Más que mal, Carozzi había sido quien había levantado públicamente su candidatura a Sofofa y su cercanía con José Juan Llugany era conocida. Tras este hecho, se acordó elaborar un código de ética que normara este tipo de sucesos.

Álvarez, sin embargo, desmiente tal cercanía: “Eso es equivocado. Mi rol ha sido siempre defender absolutamente las posiciones tomadas en conjunto por el gremio. Creo que así lo he hecho siempre, y así ha sido reconocido en todas las reuniones gremiales y en todas las sesiones de directorio”.

Aún más, cercanos precisan que han sido varias las veces en que el presidente del gremio ha tenido enfrentamientos con esa compañía justamente por su actuar en materia de etiquetado; otras voces, no obstante, refutan tal planteamiento, señalando que Álvarez nunca ha desmentido a Carozzi públicamente ni opinado contrario a ellos, sabiendo que se le ha pedido tener una postura más crítica frente a la estrategia de la firma de alimentos.

De hecho, son varios quienes opinan que Coca-Cola está solo en su postura; posición que en líneas generales apunta a dejar atrás la pelea respecto a sellos, y mejorar en otro orden de cosas, como en el que la normativa avance en incorporar al 70% de los productos con altos contenidos de azúcar y calorías que están fuera de la ley, como la comida chatarra, el pan y aquellos alimentos que no son envasados.

Para Carozzi -que asegura no estar en contra de la Ley de Etiquetado ni de su regulación- el tema está en modificar los sellos, agregándoles más información, y sobre todo que los ‘Altos en…’ se midan por porciones de consumo y no por 100 gramos.

El tema es que ni siquiera existe coincidencia en las porciones que ellos mismos determinan: en un envase individual de Vizzio, por ejemplo, se destaca que una porción asciende a 33 g (177 calorías), mientras que en uno familiar se habla de que una porción abarca 21 g (115 calorías).

Al interior de AB reconocen que la mayor parte de la industria chilena no tiene muy estandarizada sus propias porciones. De hecho, Chile impulsó dentro de la Alianza del Pacífico una mesa para justamente avanzar en ese tema. Y además se formó en enero una instancia al interior de AB Chile para consolidar las porciones en el mercado. La idea es llegar a una unificación en cada una de las categorías, sin perjuicio de que el gobierno finalmente las fije.

Es que cercanos al gremio precisan que definir los sellos por porciones sería un deseo de todos los asociados, por lo que se incorporaría dentro de los nuevos lineamientos a presentar en marzo. “La necesidad de tener este tipo de leyes, de perfeccionarlas, y de ir construyendo una visión desde las porciones, me parece que genera absoluto consenso en el gremio”, dice Álvarez.

Desde Coca-Cola, sin embargo, la visión es diferente: “El debate que se esté dando en torno a si los sellos debiesen estar por porciones o por cada 100 ml (o gramos) es un debate que abre una caja de Pandora, porque cuando uno lleva los límites a porciones se puede encontrar con porciones fijadas arbitrariamente y eso iría en perjuicio de los consumidores y de la transparencia”, replica Vercelli. Directivos de la industria de bebestibles precisan que en el caso de sus productos, la porción está definida en 200 ml (un vaso) y eso es generalizado, cosa que no sucede con el resto de los alimentos.

El último round

Más de una veintena de veces se ha reunido Carozzi con la autoridad para abordar la Ley de Etiquetado. Han conversado con el subsecretario de Hacienda, Francisco Moreno; con Daniela Godoy, de la subsecretaria de Salud; con el ministro de Salud, Emilio Santelices; con Felipe Lopeandía, de la Direcon, entre otros.

Si bien al interior de la firma descartan hacer lobby, la lucha por modificar la normativa -y que en vez de 100 gramos, se mida en porciones de consumo- se ha transformada en una disputa personal.

Es que es el mismo dueño y presidente de la firma, Gonzalo Bofill, quien ha asumido ese desafío. Para ellos, el interés radica en que la normativa no combate la obesidad, cuestión fundamental para tener consumidores sanos. De hecho, sus ventas no han caído, por el contrario van en alza.

En el sector, precisan no obstante, que el temor está en que en un futuro -una vez acreditado que la norma no redujo la obesidad- se intensifiquen las medias contra la industria.

Tal ha sido su arremetida, que han encargado estudios al respecto y contrataron una agencia de comunicaciones sólo para ese tema, B2o. Más aún, diseñaron una propuesta en solitario para presentarle a la autoridad. El último dolor de cabeza al interior de AB.

El 17 de diciembre, Gonzalo Bofill llegó a las oficinas del ministro Santelices. ¿El motivo? Explicarle una nueva propuesta: incorporarle información adicional a los sellos en relación a la porción a consumir.

En ella dejaban claro no oponerse a la ley, sino que ayudar a mejorarla para combatir realmente la obesidad. Y de nuevo hubo ruido: Carozzi nunca socializó tal iniciativa con AB Chile, nunca la expuso, los socios prácticamente se enteraron por lo medios. Y nuevamente se habrían pedido sanciones sobre la compañía. Incluso Coca-Cola evaluó nuevamente retirarse; un hecho que aún no se descarta.

“Hay un cierto cansancio o una cierta convicción de que no tiene sentido discutir lo del sello”, dicen conocedores. Añaden que Carozzi sigue insistiendo en agregarle datos al mismo disco pare, cuando se puede avanzar en algo similar a lo que hace Coca-Cola o Nestlé, poniendo pilas con la cantidad de calorías y cuánto representa de la ingesta diaria, o las porciones sugeridas al lado de los sellos.

Es que en eso sí hay unidad: se debe avanzar en más información, pero para muchos la estrategia de Carozzi ya está agotada. De hecho, altas fuentes al interior de la misma compañía sostienen que las autoridades ya no los escuchan. Para algunos, por falta de una preocupación real ante la obesidad, para otros, por cansancio.

Lo que sí está claro es que en marzo todos los directores de AB Chile se verán nuevamente las caras. Y escucharán a Rodrigo Álvarez. Revisión de estatutos, un código de ética y nuevos lineamientos para afrontar la Ley de Etiquetado serán parte de la tabla.

Es que una disputa que partió de a dos hoy exige nuevas definiciones a nivel gremial. Aún les quedan muchos temas que afrontar, por lo que al final del día es más conveniente seguir unidos.

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