Francisco Orlandi

Francisco Orlandi

jefe de la unidad de Cáncer Pulmonar y de cuidados paliativos del Instituto Nacional del Tórax

Qué Pasa

Cáncer pulmonar, desafío nacional


Hoy se ve un gran cambio en la forma de abordar el cáncer pulmonar. En el marco de la conmemoración de la lucha contra esta enfermedad, se puede decir que existen grandes avances en el conocimiento de la biología tumoral que han posibilitado la caracterización de esta patología y diferenciar subgrupos específicos de cada tumor. Esto ha impulsado la aparición de nuevas alternativas terapéuticas con mucha mayor sobrevida de los pacientes.

A nivel mundial, cada año mueren cerca de 1.500.000 personas por cáncer de pulmón y en Chile ya es el segundo cáncer de más mortalidad; en 2015 se produjeron 3.155 decesos producto de este en nuestro país y su tasa aumenta de manera alarmante.

Ante estas cifras, el cáncer de pulmón debiera ser concebido como un problema grave de salud pública y como una deuda pendiente, que va en incremento, en un país donde el tabaquismo aún no está controlado, aunque se postule que este no es el único factor para desarrollar la enfermedad. Así lo muestra un reciente estudio de The Economist, que sostiene que “el tabaco es la causa del cáncer de pulmón en el 64% de los casos, pero en el 36% se debe a factores no relacionados con el tabaco”; y en Chile, el “40% de las mujeres con cáncer de pulmón nunca fumó”.

En este contexto, destaca el ejemplo del tumor ALK positivo, muy agresivo y que se presenta en personas jóvenes nunca fumadoras o que han fumado poco en su vida. Si bien es poco frecuente en comparación con otros subtipos, tiene una alta morbi-mortalidad asociada, ya que, en mayor proporción, estos pacientes desarrollan metástasis cerebrales tempranas.

El cáncer aumenta en Chile y debemos planificar cómo enfrentarlo como nación, con diseño de políticas públicas de largo alcance, que modifiquen de raíz nuestras conductas y nuestro acceso a tratamientos precoces, dignos y personalizados, para, de esa manera, modificar la suerte de quienes son diagnosticados con cáncer pulmonar, la única de las grandes enfermedades letales de nuestro país, no cubierta por GES. Debe ser, por lo tanto, una de nuestras prioridades en el quehacer del Estado.



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