De la “Mano de Dios” a una figura idealizada: Un antropólogo y un psicólogo analizan el fenómeno de Maradona, y su habilidad en el fútbol

Expertos analizan la mitología que rodea al astro argentino, y explican un cierto paralelo entre la evolución humana y la figura del fallecido exfutbolista.




La figura del recientemente fallecido astro argentino Diego Armando Maradona no sólo generó opiniones en relación a lo que hizo en la cancha y su vida personal, sino también en el lado de la ciencia.

Un claro ejemplo es el de Martín Ezequiel Farina, docente y miembro del Laboratorio de Paleontología de Vertebrados de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEN) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), quien utiliza ideas relacionadas a la biología evolutiva para hablar, entre otros, sobre el ex futbolista.

En su charla disponible en YouTube y llamada “Barrilete Cósmico: la evolución humana a través de Diego Maradona”, Farina explica que “en los meses previos al Mundial de México 86, Maradona estuvo en estudios físicos con el equipo olímpico italiano para analizar su resistencia. Su preparador físico lo tuvo trabajando al límite del estrés”.

Esto derivaría en cómo la ciencia ayudó al astro argentino a obtener su mejor rendimiento, algo que en esos años aún se encontraba en pañales y que hoy es frecuente en los clubes del mundo.

“Diego, aparte de ser un genio, llegó muy entrenado gracias a lo que se sabía de la ciencia. Un poco de mérito tienen los doctores y biólogos que trabajaron con él”, señala el científico.

En relación a lo anterior, Farina comenta lo particular del caso del nadador Michael Phelps, porque no sólo es el hombre que ganó más medallas desde los Juegos Olímpicos antiguos, sino que tiene una técnica muy refinada. Pero a diferencia de lo que pasaba en otras épocas, tiene un equipo científico trabajando de fondo”.

“Hay simuladores de la Nasa que se usan en el deporte. Y existe un caso de doping científico, el equipo estadounidense en Pekín 2008, había empleado un traje de baño especial que ayudaba a disminuir la fricción del nadador con el agua, y obviamente EE.UU. se llevó todas las medallas. Así surgieron las dudas sobre cuál es el límite: ¿Por qué una persona no puede inyectarse cosas raras para mejorar su rendimiento, pero sí puede utilizar ropa especializada? Cuando se los prohibieron, la diferencia de rendimiento fue muy grande. Y ahí empieza a pesar la ética de la ciencia en el deporte.

Al ser consultado con cierto paralelismo entre “la Mano de Dios” (el gol contra Inglaterra en 1986) y la del mono, el paleontólogo indica que “es parte del proceso de creación. El pulgar oponible es un concepto muy fuerte en la evolución humana. Y la Mano de Dios me parece muy simbólica. (...) La idea es entender por qué tenemos grupos tan emparentados con nosotros que tienen hábitos tan distintos a pesar de que comparten algunas características”.

“A diferencia de otros mamíferos, los seres humanos no somos corredores de velocidad sino de distancia. Y esto se ve en el gol de Maradona cuando hace en 10 segundos, 75 metros. Corre optimizando su propia energía. Y eso tiene mucho que ver con la historia de la evolución del hombre cuando todas estas características le permitieron salir de los espacios cerrados”, sostiene.

Otra opinión es la de Ignacio Silva, psicólogo y experto en salud pública, quien dice que “es claro que la personalidad de Maradona es llamativa, por la intensidad de sus relaciones humanas y sobre todo con el futbol, por la relación consigo mismo marcada por la idealización y muy posible devaluación en el fuero más interno. Es en esa soledad e hipotética sensación de vacío que el consumo de sustancias aparece como una estrategia para compensar un malestar muy profundo”.

“Creo que sí, es más interesante reflexionar sobre lo que fue (y seguirá siendo) Diego para el mundo y para el pueblo argentino, una figura idealizada, en la que los argentinos han depositado sus sueños, sus deseos, sus frustraciones, sus carencias. Es indudablemente la figura de un padre que claramente no es ideal; como dijo el psicoanalista Luciano Luterau ‘Lo que nos cuesta entender es que un padre no es un ideal: un padre es un deseo, que se transmite y deja su huella, imperfecta y, por eso, digna de amor’”.

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