Fibromialgia: la enfermedad en la que nadie cree

En Chile entre el 1% y 2% padece fibromialgia, una de las causas más frecuentes de consulta en reumatología. Muchos han sufrido que los tilden de exagerados, hipocondríacos, incluso que se inventan los dolores. Algunos médicos ya conocen este diagnóstico, pero pocos validan la experiencia del paciente.


Dolor y rigidez que se pueden manifestar en cualquier parte del cuerpo. Cansancio, trastornos del sueño y afectivos. Pero no se trata de un dolor pasajero o producto de un trauma. Es más bien un dolor crónico y permanente, al que se le conoce como síndrome de fibromialgia o simplemente fibromialgia.

Su descripción como síndrome es relativamente reciente en términos médicos. En 1992 la Organización Mundial de la Salud (OMS) la describió como un síndrome, un conjunto de síntomas, que tiene una causa orgánica de dolor generalizado en las distintas áreas del sistema músculo esquelético. Pero fue recién en el año 2010 cuando se demostró que corresponde a un síndrome del dolor mucho más deslocalizado, es decir, se puede presentar en 19 áreas de dolor en el cuerpo incluyendo la zona de la mandíbula.

En Chile se estima que entre el 1% y 2% de la población la padece. Es actualmente una de las causas más frecuentes de consulta en reumatología. Estadísticas mundiales indican que se manifiesta con más frecuencia en mujeres (73% a 78%) que en hombres. La edad media de edad del momento inicial del cuadro, va desde los 34 a los 57 años.

Según establece el Ministerio de Salud, desde el 2016 la fibromialgia ha aumentado un 5% en la población mundial de entre 30 y 50 años.

Cuestionamiento al dolor

Al ser de conocimiento relativamente reciente, quienes la padecen tienen problemas para que las entiendan en sus molestias y dolores. “Algunos médicos ya conocen este diagnóstico, pero pocos realmente validan la experiencia del paciente”, indica la psicoanalista Liliana Messina, académica del Diplomado sobre Psicosomática y Psicoanálisis de la Universidad Diego Portales (UDP).

Debido a ese trato, generalmente las personas afectadas buscan atención con miedo y aprensión. Muchos han sufrido el que los tilden de exagerados, hipocondríacos, incluso que se inventan los dolores, afirma Messina. “Con todo esto la angustia asociada al dolor inexplicable, aumenta considerablemente. Se forma un círculo vicioso, de dolor y angustia que se refuerzan mutuamente, lo que agrava todo el cuadro”.

Al contar además con mayor prevalencia en las mujeres que en hombres, también se describen experiencias de discriminación de género, dice Messina. En ellas se suma así otro inconveniente: su palabra es cuestionada. “A las mujeres se les cree menos, por estigmas sociales, machistas principalmente”, indica.

Para Stephanie Gómez, psicóloga clínica y académica del Diplomado en Psicosomática y Psicoanálisis UDP, el problema está en la incomprensión del dolor y el exceso de prescripciones médicas por desconocimiento. Por ejemplo, explica, si alguien tiene una depresión o presenta dolor y fatiga la suelen diagnostican de fibromialgia. “Se ha convertido en una derivación rápida hacia un tratamiento químico”, afirma.

Derribar mitos

Para derribar esos mitos se requiere de mayor conocimiento por parte de los médicos y la sociedad en general. En el caso de los pacientes, dice Messina, es muy importante un tratamiento conjunto entre psicoterapia, medicamentos y muchas veces es necesario también tratamientos kinesiológicos.

Principalmente eliminar los estereotipos que existen entre mujer y dolor, advierte Gómez. “Hay que hay que tratar de desmitificar a la mujer predispuesta a esta naturaleza nerviosa, porque se le puede “tildar” de histeria o histérica y no es así. Es importante ver más allá de estos prejuicios enlazados a esta mujer nerviosa, en estos casos quizás sea posible hablar de uno mismo a través del dolor y eso no quiere decir que eso cause el dolor, pero quizás podría aliviarlo”.

¿Cómo vivir con el dolor de una manera más plena? Algunos estudios, indica Gómez, afirman que las mujeres que sostenían relaciones amorosas o laborales complejas o conflictivas, a veces ellas mismas las asociaban al aumento de los dolores y que aparecían como inevitables, lo cual era perjudicial. “Puede haber algo que nos ata a esas relaciones que nos hacen mal, sin embargo, eso no es igual para todos. Hay que estudiarlo caso a caso, no generalizar”, advierte Gómez.

 

 

 

 

 

 

 



Seguir leyendo