Andrés Allamand: “El país zafó de una dictadura comunista”

Con 17 años era un reconocido dirigente del Partido Nacional. Un día antes del golpe pidió -por TV- al Presidente Allende que "cerrara la puerta por fuera". Sin embargo, tomó la opción de no participar del régimen militar y retomó su actividad política 10 años después.


Yo fui a la TV el día lunes 10 de septiembre, porque había unos programas de franja política, y por unos sorteos que se habían hecho, me correspondía ir como presidente de los estudiantes del Partido Nacional que estábamos contra Salvador Allende. Fue muy potente, porque en ese minuto todo el mundo le estaba pidiendo la renuncia a Allende. Y en esa intervención yo termino diciendo: ‘Señor Allende, cierre la puerta por fuera’. Esa frase quedó marcada por muchos años, Jaime Celedón (conductor del programa) siempre se acordaba. De hecho, fui la última persona que habló en democracia antes del golpe.

Esa noche del 10 de septiembre nos acostamos muy tarde, porque, además de participar en el programa de TV, ese mismo día había una marcha de estudiantes opositores a Allende que habíamos estado organizando también hasta muy tarde. Según recuerdo, estaba en mi casa y tengo la impresión de que mi padre fue la persona que me advirtió que había un bando en la Radio Agricultura que daba cuenta de que se había producido la intervención militar, el Golpe de Estado. Estaba con mi familia, con mis hermanos y mis padres, y vimos, precisamente, el ataque de los aviones. En ese momento, pensé una cosa doble: por una parte, que el país había zafado de una dictadura comunista que era verdaderamente inminente, y aunque han pasado muchos años, esa era la impresión que tenía no solamente yo, que era un dirigente estudiantil, sino personas tan importantes como el propio Patricio Aylwin o como Eduardo Frei Montalva. Es decir, en las filas de la oposición democrática ese era un convencimiento absoluto, que por lo demás la historia ha dejado suficientemente consignado. Pero, al mismo tiempo, me di cuenta de que se había producido una situación extraordinariamente compleja en el país. Algunos pensaban que la intervención militar iba a durar unas pocas semanas y que pronto se iba a reanudar la vía democrática, que dicho sea de paso se encontraba bastante socavada y desgastada. Mi intuición fue siempre que el país había entrado en un proceso político muy, muy distinto al anterior y que no iba a ser fácil salir de eso. Que iba a ser largo.

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Dos semanas antes del golpe había aparecido el famoso acuerdo de la Cámara de Diputados que el gobierno de la Unidad Popular consideró poco menos que una incitación al golpe militar y el fin de semana anterior tanto el Partido Socialista (PS) como el MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) habían hablado directamente de una sublevación militar. El Partido Comunista (PC) había lanzado una campaña que decía que había que evitar la guerra civil. Y creo que ese mismo día lunes (10 de septiembre) los parlamentarios de la DC -ya había fracasado el diálogo entre Allende y Patricio Aylwin- habían puesto sus cargos a disposición del partido. Todos sabiendo, en definitiva, que la situación llegaba a un punto límite. Pero yo, por supuesto, no tenía idea de que al otro día se iba a producir el Golpe de Estado.

Foto: Roberto Candia

Tengo la impresión de que muy poca gente sabía, y que fundamentalmente eran miembros de las Fuerzas Armadas. Lo que sí, todos los que participábamos del proceso político, en mi caso desde una posición bastante secundaria, sabíamos que las circunstancias y los elementos estaban presentes. Había un clima de encono, de odio, el acuerdo de la Cámara de Diputados, las arengas del PSy el MIR de sublevación militar, y la actitud de la propia DC que había desistido de encontrar un entendimiento con Allende, porque simplemente Allende no estaba en condiciones de proporcionar una salida democrática al país. Encuentro muy elocuente que el PC en esa semana haya levantado esta consigna de ‘No a la guerra civil’. Eso ¿qué significaba? Significaba que la guerra civil estaba objetivamente cerca o por lo menos era una posibilidad, lo que habría generado… ni qué decir. Creo que a un país que sufre una guerra civil le cuesta mucho recuperarse, si es que lo logra alguna vez.

Pero el clima estaba extraordinariamente deteriorado, se venía deteriorando desde los años 60, el país vivía un clima de odio y enfrentamiento verdaderamente muy fuerte. No es que el odio o el rencor estuviera larvado o escondido, no, había expresiones muy violentas en todo sentido. La sociedad estaba absolutamente desgarrada y, por lo tanto, me dio la impresión de que estas cosas no se iban a poder sanar en poco tiempo. Tampoco uno se iba a imaginar que en el gobierno militar se iban a producir otras heridas, que algunos considerarán, como efectivamente fueron, extraordinariamente graves y muy dolorosas hasta el día de hoy. Me refiero a las graves e injustificadas violaciones a los derechos humanos que tuvieron lugar durante todo el período de la dictadura.

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Tras aparecer el anuncio del golpe por la radio, mi primera intención fue ir a la sede del Partido Nacional, fundamentalmente para encontrarme con el presidente de la Juventud, que era Juan Luis Ossa, pero no pudimos pasar. Simplemente los militares habían tomado el control de la ciudad y la orden directa era que todo el mundo se volviera a su casa.

Pero el Partido Nacional tomó una decisión que yo siempre he pensado que fue muy equivocada históricamente, que fue autodisolverse. A diferencia de otros partidos que mantuvieron una suerte de organización, la centroderecha simplemente se autodisolvió como expresión política.

Foto: Roberto Candia

En lo que a mí respecta, bueno, tenía 17 años, mi primera preocupación era terminar el colegio y poder entrar a la universidad. Pero en ese tiempo fui candidato a la Federación de Estudiantes Secundarios de Santiago, que era un movimiento estudiantil extraordinariamente fuerte. Alguien decía por ahí que estos eran los prepingüinos, recordando las movilizaciones del 2011. Verdaderamente, la movilización estudiantil, tanto a favor como en contra del Presidente Allende, eran particularmente fuertes e intensas. Yo era el jefe de los estudiantes del Partido Nacional, que eran contrarios a la gestión del Presidente Allende.

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Ahora, nunca participé en el gobierno militar. Fui de los que adhirieron en una primera etapa, pero después fui adquiriendo, especialmente hacia el final, una posición de mucha independencia y de mucha distancia, precisamente con el conocimiento que se tenía en ese minuto de las violaciones a los derechos humanos, pero sobre todo a mí me distanció que el discurso del gobierno militar al poco andar era de total escepticismo respecto del sistema democrático, como si fuera el culpable de todos los males que tuviera el país. Yo jamás estuve de acuerdo con esa visión. En el fondo, he sido siempre una persona que he confiado en el sistema democrático, más allá de las dificultades que tenga. Por eso que tuve esa distancia y no participé jamás en el gobierno militar.

Fueron 10 años en que simplemente no tuve participación política alguna. Después, cuando se designa a Sergio Onofre Jarpa como ministro del Interior y se inicia el proceso llamado de apertura política formamos un pequeño partido, la Unión Nacional y, posteriormente, fui el fundador de Renovación Nacional. Pero en ese minuto ya teníamos la conciencia absoluta de que nuestra principal función como derecha democrática era tener una posición muy fuerte en términos que no se repitiesen ni continuaran las violaciones a los derechos humanos. Además, buscábamos jugar un rol muy importante en lo que fue el proceso de transición a la democracia. Históricamente hablando, los procesos de transición cuando son pacíficos agrupan transversalmente a las personas, no solamente a los opositores, sino que también a muchas personas que son independientes. De alguna manera jugamos el rol que jugaron otras fuerzas similares en otros procesos de transición de vuelta a la democracia.


Presidente de los estudiantes del Partido Nacional (1973)

-¿Conoció al expresidente Salvador Allende?

-No.

-¿Conoció al exgeneral Augusto Pinochet?

-No en la época del golpe, lo conocí mucho después. No lo sé muy bien. Tengo la impresión de que pude haber tenido una reunión con él entre el período que va de 1983 y 1988. Nunca le tuve mucha simpatía al general Pinochet y tengo la impresión de que él sabía ese detalle. Después del retorno a la democracia me lo topé en alguna cuestión protocolar.

-¿Qué fue lo que más lo marcó de este período?

-En la misma medida en que uno iba tomando conocimiento de las graves violaciones a los derechos humanos, por supuesto que se transformó en un tema absolutamente central. La otra cosa que me marcó fue el papel que nos tocó desempeñar. Cualquier persona que recuerde ese período, que va entre 1983 y 1988, va a reconocer que el rol que tuvo la centroderecha democrática fue importante para todo el proceso de transición. Y para lo que vino después, que fue la instalación de un concepto que acuñamos nosotros: la democracia de los acuerdos. Dejar atrás la dictadura y el golpe militar no era fácil; Pinochet era el comandante en jefe del Ejército; había un gobierno civil, pero había un conjunto de normas en la Constitución que todavía había que remover. Entonces, si uno mira esto desde lejos, era como un desfiladero, no era fácil transitar ese camino y para eso hubo que hacer muchos esfuerzos de gobierno y de oposición. Se requirió mucha madurez y ahí Patricio Aylwin jugó un rol extraordinariamente importante, en el sentido de darle una inspiración ética y moral al proceso de restauración democrática. Yo tuve la suerte, siendo muy joven, de participar muy intensa y directamente de todo ese proceso.

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