Mariana Aylwin: “El golpe trajo una sensación de fracaso rotundo”

La exministra dice que por esos días de septiembre de 1973 el tema predominante de conversación con su padre Patricio Aylwin -líder de la DC- era la inminencia del golpe. Solo lo pudo ver días después de la muerte de Allende, al término del toque de queda.


Estaba casada y no vivía con mis padres, sino que en Vitacura bien arriba, no tenía teléfono y el ambiente estaba tan crítico que iba todas las tardes a la casa de mis padres. Estaba esperando guagua, como de siete meses y medio, y el ambiente era de qué va a pasar. Todos los días había un paro nacional, había un silencio, que era a la vez ruidoso, porque se veía que venía algo. Conversábamos con mi padre (el expresidente Patricio Aylwin) y casi siempre el tema era que venía el golpe. A las 8.30 recibo la visita de mi tía Meche, que era casada con Hugo Trivelli, en su autito llega a mi casa -donde yo estaba con prenatal y con mi marido, porque había paro- a decirme que había golpe. Tenía puesta una radio y había cadena, pero pensé que era algo en Uruguay, donde había habido un golpe días antes. No le presté mucha atención, porque estaba haciendo el desayuno. Entonces, llega mi tía, me cuenta y me dice que mi mamá quería que me fuera a una parte donde tuviera teléfono, y decidí irme donde mis suegros, sabiendo que ellos eran muy de derecha y que iban a estar felices con que hubiera golpe.

No sabía dónde estaba mi papá, ni mi mamá, ni mis hermanos. Mi padre supo en la mañana temprano, porque lo llamó su hermano Arturo, que le advirtió que parece que había un golpe militar.

*

El día anterior mi padre había pasado donde Eduardo Frei, quien le había dicho que esa noche no alojara en su casa, porque capaz que hubiera un golpe. Pero muchas veces a mi padre le habían recomendado lo mismo y nunca había hecho caso, siempre estuvo ahí. Aunque sí recuerdo que venían dirigentes de la Juventud y estaban en la noche en la casa haciendo guardia, porque el ambiente era así de crítico. Uno no sabía si te iban a tomar preso, a secuestrar, había mucha violencia, y nadie sabía lo que iba a pasar con las Fuerzas Armadas. La percepción era que estaban divididas, que había gente muy leal al gobierno y que esto podía desembocar en una guerra civil. También existía la percepción de que había mucha gente armada, que había muchas armas en el país, que estaban en las poblaciones, en los cordones industriales, etc., el país estaba tomado, en paralización total.

*

Cuando vimos el bombardeo, lo sentimos y se veían las columnas de humo, desde los techos; cuando supimos que Allende se había suicidado o había muerto, no se sabía bien, era todo una sensación tremendamente trágica, incierta de lo que iba a venir, pero también reconozco que para una muy mayoritaria parte de la población había una sensación de alivio, porque se había acabado un gobierno que tenía tantas dificultades para conseguir alimentos, con una inflación enorme, con mucha violencia, mucha paralización, los colegios no funcionaban y las universidades tampoco.

Vino el toque de queda inmediatamente y pasamos dos días en la casa de nuestros suegros, que eran muy de derecha, en un barrio muy de derecha, pero tuvieron la gentileza al menos de sacar la bandera, que todos habían colocado, y no celebraron ahí, se fueron a la casa de unos vecinos. Me da un poco de risa, pero mi marido puso a los Quilapayún y estuvimos escuchándolos todo el día, eso que no éramos de izquierda. Yo era democratacristiana y estaba en contra del gobierno de Allende, mi marido también, pero también sentíamos que era una dictadura era espantosa.

Foto: Reinaldo Ubilla

Esto fue un día martes, y cuando se decretó el fin del toque de queda, que fue como el jueves en la mañana, fui a la casa de mis papás y ahí estaban. Ellos se habían juntado con toda la directiva de la DC en el departamento de un democratacristiano y allí habían pasado todos juntos esos días y mis hermanos se habían repartido en las casas de mis tíos. Nos juntamos todos y empezó a llegar gente y me acuerdo de conversaciones de ese momento, por ejemplo, de la que había tenido mi padre con el cardenal (Raúl Silva Henríquez) que le había dicho: ‘Mira, a Augusto Pinochet lo conozco, y él es muy buen hombre, cristiano, que tiene a sus hijos en el Seminario Menor, es gente buena’. Esa era la opinión que tenía el cardenal de Augusto Pinochet.

*

Diría que fueron días bien tremendos. Me acuerdo que ese mismo día me llamó una compañera de curso y me dijo que su marido estaba desaparecido, que no sabían dónde estaba. Empezaron rápidamente a llegar las peticiones de si se podía hacer algo, conversar con alguien del gobierno. Pero todo intento por tener algún contacto con el mundo de las Fuerzas Armadas era nulo, estaban bloqueados. A mi juicio, la DC hasta el último minuto buscó una salida institucional. De hecho, mi padre había participado en los diálogos con Allende y habían llegado a algunos acuerdos, pero no habían podido materializarse, porque de alguna manera los partidos de la Unidad Popular le ponían un veto.

El 8 de septiembre hubo un consejo ampliado de la DC donde vinieron los dirigentes provinciales, y ahí mi padre dio cuenta de todo lo que se había hecho desde junio de 1973, cuando él había asumido como Presidente (del partido). Ese día se discutió sobre qué salidas quedaban, y ahí se acordó que todos los parlamentarios DC renunciarían a sus cargos. El día lunes 10 comenzaron a sacar las renuncias, porque eso forzaba a una elección.

Foto: Reinaldo Ubilla

También se escuchaba que Allende iba a convocar a un plebiscito, pero no se sabía concretamente. Los conductos tampoco eran tan fluidos entre el gobierno y la DC, y al final los diálogos estaban rotos.

Por otra parte, creo que la derecha estaba presionando muy fuerte y desde hacía mucho tiempo por un golpe militar, y lo que uno ha sabido después, es que el golpe venía preparándose con tiempo y Pinochet se subió al final.

*

Yo nunca participé de las marchas, del toque de las cacerolas, pero había gente de mi partido que sí lo hacía con fervor. También veía a las bases del partido muy antiallendistas, de hecho mi padre a fines de julio de 1973 dijo que iba a ir a conversar con Allende en un discurso en el anfiteatro de la DC y recibió una tremenda pifiadera, pero mi padre replicó que mientras existiera una posibilidad de salvar la democracia él se iba a jugar, y ahí la gente aplaudió, que me recuerda a lo que pasó después en el discurso del Estadio Nacional (1990).

Es que la gente estaba sufriendo, había mucha persecución. Los trabajadores del cobre que echaban eran democratacristianos. Los sindicatos, las JAP (Juntas de Abastecimiento y Control de Precios) eran muy sectarias; había mucha violencia, entonces la DC era muy antigobierno en ese momento, salvo algunos dirigentes que tal vez tenían una visión más de largo plazo, que decían: “Mira, tenemos que ponernos de acuerdo, porque si no viene una dictadura de derecha”. También creo que la DC institucionalmente se jugó entera por una salida democrática; distinto es que haya habido democratacristianos que hayan tenido relaciones con militares, pero la directiva, su consejo en términos formales, se jugaron por una salida democrática y no resultó. En ese sentido, cuando fue el golpe había una sensación de fracaso rotundo. Puede haber golpes de Estado o ha habido muchos, pero el símbolo de derribar La Moneda y de que el Presidente está solo, de que no salen la milicias armadas, y que hay un aplastamiento total era tremendamente fuerte.


Exministra e hija del expresidente Patricio Aylwin (1973)

-¿Conoció al expresidente Salvador Allende?

-No lo conocí. Aunque teníamos casa en Algarrobo, igual que él, no teníamos contacto con la familia Allende, salvo por un tío abuelo que veraneaba en Algarrobo y que era muy amigo de la señora Tencha, a quien sí conocí, y a una sobrina. Nunca vi a Allende en la casa de mi padre, nunca lo conocí, ellos no eran amigos. Eran adversarios políticos. La verdad es que Frei era muy amigo de Allende; mi padre no.

-¿Conoció al exgeneral Augusto Pinochet?

-No conocí a Pinochet ni antes ni durante el gobierno de mi papá. Mi papá una vez había estado con él cuando era presidente del Senado en una ceremonia de donación de una biblioteca de un general.

-¿Qué fue lo que más la marcó en este período?

-El plebiscito de 1988. Mi generación se sintió participando en una gesta heroica en forma pacífica. Fue monumental lo que se hizo. Inscribir a siete millones de chilenos en los Registros Electorales cuando la gente tenía miedo, cambiar el ánimo de la sociedad, ir a vigilar cada mesa… Ese día la gente haciendo las colas con una gran dignidad. Pero el tema central era que el gobierno no reconocía los resultados; nosotros teníamos cómputos favorables y el gobierno no reconocía, hasta que el general Matthei entró a La Moneda, tarde en la noche, y dijo que había ganado el No. Y después Sergio Onofre Jarpa, en un programa en TV, en el Canal 13 creo, se encontró con mi padre y antes de salir al aire le dijo: “Felicitaciones, Patricio, ustedes ganaron”. Ese fue el día más emocionante, incluso más que cuando mi padre ganó la Presidencia de la República.

Seguir leyendo