Michael Reid, editor de The Economist: "Si Chile sigue siendo un oasis dependerá de la respuesta del gobierno"

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La imagen de Chile en el mundo podría cambiar tras el estallido social, pero los inversionistas siguen teniendo una visión positiva del país debido a su estabilidad económica. Esa es la tesis que postula Michael Reid, columnista y editor para América Latina y España de The Economist. Además, este periodista de 67 años cree que hay varios elementos en común tras las protestas en la región, que tienen que ver con un profundo descontento y frustración, principalmente entre la clase media. Reid señala que, en el caso chileno, el fracaso se debe al modelo implementado por los Chicago Boys, que se debe cambiar radicalmente. Sin embargo, no cree que la salida a la crisis sea una reforma constitucional, porque eso no es lo que busca el chileno promedio.

El autor del libro Forgotten Continent: A History of the new Latin America, que ha colaborado con el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EE.UU. y el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes británica, conversó con La Tercera sobre la crisis que atraviesa Chile, sus posibles causas y soluciones.

¿Cómo ha visto la crisis chilena desde el exterior?

Creo que la gente se ha sorprendido por la intensidad del incendio y la profundidad y amplitud de la ira pública. Pero hay que recordar que para la mayoría de las personas afuera, Chile es un país lejano, del que saben muy poco.

¿Se podría decir que Chile está enfrentando la crisis más seria y profunda desde el retorno a la democracia?

Tendremos que ver lo que pasa en las próximas semanas y meses, pero bien podría ser así. A pesar de que fue una crisis completamente distinta, el arresto de Pinochet en Londres puso a la democracia chilena bajo tensión, de la que salieron fortalecidos. Pero esto parece ser más profundo.

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¿Cómo se evalúa fuera de Chile el manejo de la crisis por parte del gobierno?

El comentario del Presidente Piñera sobre estar "en guerra" fue ampliamente difundido y visto como desafortunado por aquellos que saben algo sobre Chile. El discurso al principio de esta semana, en el que pidió perdón de parte de la clase política y ofreció algunas mejoras rápidas en pensiones y salud, parecía ser la respuesta correcta. La pregunta es si será suficiente para calmar las calles. Sea cual sea la respuesta, está claro que el gobierno y los políticos tienen que tener conversaciones serias y amplias con los grupos sociales.

¿Podría este tipo de crisis contribuir al surgimiento de una figura populista?

Es posible, aunque de ninguna manera inevitable. Chile no tiene una tradición populista reciente. Pero hay una gran oportunidad para cualquier líder político o partido que logre convertir el descontento popular en un programa de cambio viable y creíble.

¿Cree que este escenario podría cambiar la imagen de Chile en el exterior?

Podría, dependiendo de lo que pase. Si Chile sufre un descontento sostenido, claramente va a afectar la imagen del país. Pero entre los inversores, el país goza de un crédito considerable por su estabilidad. Tomará tiempo cambiar eso. Si sigue siendo un oasis o no dependerá de la efectividad de la respuesta del gobierno.

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¿Se puede hacer un paralelo entre lo que está pasando en Chile con otros estallidos recientes en América Latina?

Varios países de Sudamérica están experimentando inestabilidad política o convulsión social en este momento. Los detalles varían, pero hay algunos factores comunes detrás de los disturbios. Estos incluyen la sensación de expectativas frustradas entre las clases medias de la región, que se expandieron rápidamente en los primeros 12 años de este siglo con el auge de las materias primas. Desde 2013, Latinoamérica en su conjunto ha visto seis años de estancamiento económico, con un crecimiento anual promedio de menos de 1%. Eso es menos que la tasa de crecimiento de la población, lo que significa que el ingreso per cápita se ha contraído. Ciertamente, esas cifras se deben, en parte, al colapso económico de Venezuela, y las crisis en Brasil y Argentina. Chile todavía está creciendo, pero más lento que en el pasado, entonces la frustración se aplica ahí también. El crecimiento lento o decrecimiento reduce las oportunidades y hace menos tolerables las profundas desigualdades de América Latina. En segundo lugar, los escándalos de corrupción en muchos países han desacreditado a los políticos y la política. La población ha perdido respeto y confianza en sus líderes. Los partidos políticos debilitados ya no hacen su trabajo democrático básico de canalizar el descontento. Por último, hay un elemento de copia. Los incendiarios en Santiago tienen smartphones, y han visto los eventos recientes en Barcelona, París, Quito y Hong Kong.

¿Cuál cree usted que podría ser la salida a esta crisis?

Creo que es importante reconocer que el "modelo chileno" ha tenido mucho éxito en brindar un crecimiento económico más rápido que el promedio regional, que ha reducido enormemente la pobreza. La desigualdad de ingresos, al menos en cuanto a sueldos, ha caído, pero se mantiene alta. Creo que el fracaso ha sido el de la "sociedad de mercado" que implementaron los Chicago Boys. Esto ha cambiado gradualmente, con una provisión social mucho más pública, pero claramente tiene que cambiar de manera más radical. Por ejemplo, creo que Chile debería estar discutiendo si debería establecer un Servicio Nacional de Salud, o al menos algún tipo de esquema universal de cuidados de la salud que sea gratis en el punto de uso. Eso requerirá que los más ricos paguen más impuestos. Es el precio de una buena sociedad de la que todos nos beneficiamos. Creo que sería un error revivir la idea de una nueva Constitución. Solo a la izquierda le importa eso, pero no al chileno promedio, y crearía años de inestabilidad y riesgos.

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