Ricardo Lagos: “La polarización se fue produciendo durante años”

Había sido designado como embajador de Chile en la Unión Soviética y estaba a la espera de su ratificación en el Senado. El 11 de septiembre pasó frente a La Moneda y la vio destruida. A los pocos meses partió a Argentina y luego a Estados Unidos.


Era secretario general de la Flacso, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, que tenía su sede central en Infante 51. Muchos años después volví a ir, porque era un restorán. Mi oficina quedaba en el segundo piso y desde allí había un par de ventanas que daban hacia el centro de Santiago, entonces, cuando se informa que se va a bombardear La Moneda -cosa que parecía insólito, ya se había producido el discurso de Allende, etc.- me levanto y vamos a la ventana y veo que vienen los aviones y después pum. Desde donde estaba yo no veía La Moneda, lo que veo es un pedazo de cielo, los aviones que bajan y después humo.

Entonces, es una sensación de… y ahora en qué país estamos, o sea, es que eso no es Chile, esa imagen. Se podía suponer que podía haber un golpe, pero eso nunca. Nunca había ocurrido.

No se podía ir a mirar. Ya a esas alturas los militares se habían hecho cargo de Santiago y había gente caminando del centro hacia al sector alto de la ciudad, o sea, retirándose los que no se podían quedar en el centro. Ahora, yo había salido de la casa como todos los días, ese día nuestros hijos fueron al colegio y los mandaron de vuelta. A las 8.30 o 9 de la mañana estaban de vuelta con motivo del golpe. Camino a la oficina, ahí en Infante 51, pasé por la casa de mi madre, en Manuel Montt, cerca de Irarrázaval, y ahí supe que mi madre se había ido -en una suerte de anticipo de Fiestas Patrias- a Quintero, pero estaba su hermana y ella me dice ‘aires de golpe’ y me acuerdo que le dije esto es muy grave tía, Allende va a morir en La Moneda. ‘¿Cómo?’, me dijo, él no sale de La Moneda.

Y partí para la oficina. En ese momento yo hacía dos cosas con el Presidente Allende. Era el liquidador del Banco Edwards, ojo, no soy interventor, soy liquidador y, al mismo tiempo, estábamos a la espera de que el honorable Senado aprobara mi designación como embajador ante la Unión Soviética y como concurrente en Mongolia.

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Habíamos hablado con mi mujer de que si se producía el golpe, lo mejor era ir a casa de mis suegros, los padres de Luisa, que tenían una parcela muy grande en La Reina. Nos pareció que era mejor estar acompañados y allá había espacio de más, así que partimos para allá. Entonces, cuando yo me fui al centro, a la oficina, Luisa partió con los niños a la casa de sus padres. Alrededor de las dos de la tarde le dije al personal que se retiraran todos, ya a esa altura se estaba a punto del toque de queda y cerré la Flacso. Y de ahí me fui directamente a la casa de La Reina, ahí llegaron también mi cuñada casada con Hernán Durán y la señora del Cacho Soto. Y por ella supimos de la muerte de Allende, a las dos de la tarde. El Cacho Soto salió entre los médicos de La Moneda, llama a su mujer para preguntar cómo estaba y para decirle sin aclarar las condiciones que Allende murió en La Moneda, que era lo que yo sabía que iba a ocurrir.

Foto: Mario Téllez

Allende sabía que si había un golpe, a él tenían que sacarlo de La Moneda muerto. Tenía un carácter así, un poquito… Él siempre decía ‘toque aquí (apuntándose el brazo), carne de estatua’. ¿Fuerte ah?

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La polarización se fue produciendo con el paso de los días, los meses y después los años, lo que hubo fue un conflicto político de envergadura en donde la derecha no obtuvo en el Congreso lo que esperaba, dos tercios para poder destituir a Allende legalmente y Allende, con el 43% de la votación, no obtuvo la mayoría para aprobar las leyes que él quería y, en consecuencia, uno no podía desarrollar su programa y el otro estaba obligado a seguir conviviendo con Allende, porque no tenía los votos para destituirlo.

Eso es lo que se fue polarizando hasta que se produce el Golpe de Estado. Ahora, por ejemplo, el hecho de que 10 o 12 nombramientos diplomáticos estuvieran congelados era porque ya la ruptura era completa. Yo hacía clases, era profesor rutinario en la Universidad de Chile y mis colegas democratacristianos me decían ‘bueno, no tenemos nada en contra tuya, te quería nombrar embajador, pero’… Entonces no había embajador en Washington, porque había vuelto Orlando Letelier, no había embajador en París, en Moscú, en La Habana, en muchos lugares que eran muy importantes del punto de vista del país.

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Rápidamente el conflicto chileno se inscribió en el conflicto de la Guerra Fría, por lo tanto, rápidamente los dos bloques tomaron partidos y ahí están los fondos que se envió por parte de la CIA a medios de prensa y todo lo demás. Ahí está también en cierto modo el viaje último de Allende (Unión Soviética) buscando apoyo, y ¿los apoyos consisten en dinero efectivo? No. Los apoyos consistían más bien en solidaridad, pero lo que Allende necesitaba a esas alturas eran recursos que no estaban disponibles, entonces eran temas de mucha complejidad. Y yo creo también que algo que influyó en un golpe es cuando las dos partes tienen lecturas distintas del propio golpe. Me explico. Para la derecha y la DC el golpe iba a ser una toma del poder por los militares y en el más breve plazo, como decía la primera declaración de la junta militar, devolver el poder a los civiles. Para el gobierno de Allende, el golpe iba a ser un parteaguas en la historia de Chile de una tremenda profundidad y largo en el tiempo. Cuando las dos partes tienen opiniones tan distintas, si hay un fracaso en esa suerte de búsqueda de un acuerdo, no va a haber acuerdo, ¿me explico? Y eso es lo que creo que ocurrió.

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Lo primero que hice cuando se levantó el toque de queda es ir a mi oficina que tenía en el Banco Edwards y ahí redacté mi renuncia al cargo de liquidador, una cosa muy escueta. Me despido de las personas que me ayudaban ahí y me fui caminando. La curiosidad es más fuerte y llegué a lo que era el diario La Nación y ahí vi lo que era La Moneda destruida y empecé a caminar hacia La Moneda. Me paré frente a la puerta, los escombros, todo, brutal, el balcón donde Allende hacía discursos. De ahí enfilé hacia la Alameda, pegado a La Moneda, y ahí veo que mucha gente sacaba pedacitos de ladrillos de La Moneda, de la parte destruida, no aguanté e hice lo mismo, me llevé un pedacito, dónde habrá quedado en la vida, nunca más lo vi.

Foto: Mario Téllez

Seguí caminando y llegué a la Alameda y ahí enfilé hacia arriba, caminando hacia Flacso (Infante 51), en Providencia. Me cruzo con Genaro Arriagada, mi amigo de tantos años. Genaro, por cierto, democratacristiano, jugó un rol importante en el gobierno del expresidente Eduardo Frei Montalva y, claro, la emoción, las cosas, tuve una conducta muy inadecuada, porque le dije algo así como mira adónde nos condujo tu Frei, mira La Moneda, y Genaro se molestó. Pasó por ahí un tío de Luisa, hermano de su padre, y me vio enfrascado en esta discusión y se me acercó y me dijo algo así como ‘Ricardo, cállese, capaz qué le puede pasar aquí, ve que no se da cuenta que no es llegar y gritar aquí’, y bueno, seguí caminando solo después de este raspacacho que me llegó.

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Yo salí de Chile. Tenía un pariente, más bien lejano, que era oficial de la Armada. Un día me dijo ‘mira, han llegado varios currículums tuyos acá, diciendo que tienes una maestría en economía. Yo me he preocupado de ti, lo he corregido, he dicho que no, tú eres un doctor en economía, que tienes un nivel académico más alto. Me he preocupado de eso, nada más’. Pero esto es un problema de tiempo, me dijo, porque ‘los círculos se van a ir estrechando, entonces creo que es más lógico que tú emigres’. Epílogo, en el mes de febrero del 74 me trasladé con mi familia a Buenos Aires. Mi período como secretario general de Flacso terminaba en mayo de ese año. Y estando allá en Buenos Aires recibí una oferta para ser profesor visitante en Chapel Hill, en Carolina del Norte, y en agosto de ese año nos fuimos a Chapel Hill y ahí ya inicié otra cosa y volví a Chile el año 78.


Secretario general de la Flacso (1973)

-¿Conoció al expresidente Salvador Allende?

-Lo conocí cuando vino a Chile Juan José Arévalo, expresidente de Guatemala, a presentar su libro La Fábula del Tiburón y las Sardinas. Se suponía que yo iba a hablar primero, esto era el año 54 o 55 y, por cierto, Allende cerraba. Bueno, ocurre que Allende llega muy rápido y dice ‘me tengo que ir de inmediato al Senado, porque hay una votación muy importante, por tanto, me tengo que ir, me excuso, digo dos palabras y me voy… ahí lo conocí”.

-¿Conoció al exgeneral Augusto Pinochet?

-Lo conocí cuando nos presentó Patricio Aylwin. Aylwin estaba en su tercera Parada Militar. La del 92, y a él le gustaba, después de la parada, hacer un tecito en La Moneda. Entonces, en esa tercera Parada Militar, dijo: ‘Les agradezco, la parada estuvo muy bonita, nos aplaudieron, pero ahora tengo un compromiso que cumplir, tengo que ir a Lo Curro y tengo entendido que hay unos ministros que me van a dejar, o sea esta es la última Parada Militar que ellos van a estar conmigo y me he dado cuenta de que varios de ellos no me han acompañado otros años a lo que tengo que ir a hacer a Lo Curro, me gustaría que me acompañaran esta vez’. A buen entendedor, pocas palabras, y partí a Lo Curro. Entonces, se acerca Aylwin y empieza a presentar a algunos y cuando llega a mí dice ‘bueno, general, a este caballero supongo que no necesito presentárselo, usted sabe quién es’. Entonces, el pasó la mano, yo le pasé mi mano y eso fue todo.

-¿Cuál fue el hecho que más lo marcó de este período?

-Es muy difícil que un hecho como el bombardeo a La Moneda se pueda comparar con otro. Cuando decían que iban a bombardear La Moneda yo no creía eso, pero cómo van a bombardear La Moneda, qué sentido tiene bombardear La Moneda si tienen toda la fuerza (…). Sabíamos de la tortura, sabíamos de los muertos, pero los relatos de la Comisión Valech, uno dice: ¡Pero no puede ser! Cuando recibí el informe Valech, me fui caminando de La Moneda a mi casa y la gente debe haber pensado que el Presidente estaba medio chiflado. No fui capaz de meterme a un auto, porque estaba ahogado. Entonces, iba pensado en estas cosas que hojeé rápido. Mujer, 38 años, violentada por tres… Todas estas descripciones, literal. Uno dice: pensar que a lo mejor aquí estoy viendo yo a los torturadores y pasan por el lado de uno, normales. ¿Qué pasa en un país que pasa eso? Entonces, claro, cuando constatas eso, te dices ¡pero no puede ser, este es mi país!

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